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Ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, durante una entrevista.

Carlo Cozzoli

Salvini, la verborrea del matón

Ramón Lobo

Lo peor no es su populismo rancio, sino que hemos contribuido a que el runrún xenófobo se adueñe del lenguaje

El problema sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, pese a la presión que ha obligado al Gobierno español a moverse, que para estos asuntos parece más en disfunciones que en funciones. El problema sigue ahí pese a que seis países de la UE han aceptado, tras dos semanas de silencio, distribuirse los migrantes a bordo del barco de Open Arms. El asunto más grave es que asistimos en silencio, como si fuera normal, a una rebaja constante de los estándares democráticos en Europa y EEUU.

Lo peor no es Matteo Salvini con su populismo rancio, sino que hemos contribuido a que el runrún xenófobo se adueñe del lenguaje, de que se hable de una invasión que no existe, que prime la seguridad sobre los derechos humanos. Dicen que vienen a quitarnos nuestros trabajos (cada vez más precarios), cuando los migrantes son esenciales para el sostenimiento del sistema público de pensiones.

El peso de los argumentos

En Austria, donde la ultraderecha llegó al Gobierno, los migrantes aportan más a la Seguridad Social que las ayudas económicas que reciben. En Alemania suplen el agujero en las cuentas nacionales debido a la baja tasa de natalidad, un problema generalizado en Europa. El 44% de los belgas sostiene que la migración es negativa, pero esta aporta el 0,8% del PIB. Son datos de un informe de Cáritas en 11 países de la UE.

Hay ideas tóxicas que se repiten en las redes sociales, a través de trols, bots y un número cada vez más elevado de cretinos. Lo malo es que a menudo saltan como noticias a algunos medios de comunicación dedicados al impacto, no a la verdad. A este andamiaje de falsedades en circulación se suman los políticos incendiarios que anhelan tener visibilidad y votos.

La población de la UE supera los 508 millones de habitantes, a los que habrá que restar tras el 'brexit' a 64,8 millones de británicos. En lo que llevamos del 2019, unos 32.000 migrantes llegaron a Europa a través del Mediterráneo. ¿Se puede hablar de emergencia, de invasión, cuando representan el 0,01% de la población supuestamente invadida? Según Frontex, en los seis primeros meses de este año, la llegada de migrantes irregulares decreció un 33% , pese a que en junio hubo un repunte del 6%.

Más de 35.000 muertos

Aunque no parece un problema para la UE, sí lo es para los cerca de 850 ahogados en el Mediterráneo en lo que llevamos de año. En la estación de metro de Passeig de Gràcia, en Barcelona, se exhibió a principios de año 'La Lista', de la artista turca Banu Cennetoglu. Es una lista que incluye los 35.597 muertos hasta esa fecha. Ese número de fallecidos equivaldría a que se estrellaran 88 aviones Jumbo.

Estos días se ha difundido en Twitter –que también tiene usos positivos— una imagen de Javcho Savon titulada 'Gernika 2015', el año de la gran crisis. Se ve una patera semihundida con los personajes del cuadro de Picasso mientras que al fondo pasa un crucero.

El cambio climático, al que no le dedicamos ni la mitad del tiempo de la migración, es un riesgo cada vez mayor para la sostenibilidad del planeta. Una subida de dos grados, como se pronostica, supondrá un grave quebranto económico. El cambio climático provocará un aumento de la migración y guerras por el control del agua. Hablar de esto, que parece abstracto, no da votos y no gusta a un sistema económico que desde la crisis del 2008 ha mutado a depredador insaciable.

Dos abismos

Hablamos de gente que huye para salvar la vida. Convendría dedicar tiempo a saber cómo influimos en sus desgracias, de qué manera somos responsables como individuos con voz y voto. El Mediterráneo separa dos abismos, el que tiene una esperanza de vida cercana a los 80 años y el de los que viven la mitad sin derecho a tres comidas, agua potable, sanidad y educación.

Es evidente que no pueden venir todos, como lo es también que no vienen todos. Es urgente una política europea de migración e inversión. También es urgente dejar de vender armas a dictaduras y países que violan los derechos humanos. España fue el cuarto vendedor mundial de armas a Arabia Saudí en el 2018.

Salvini se presenta en los mítines con un rosario entre los dedos. Se declara preparado para defender la civilización cristiana y la identidad de Italia frente a las fuerzas de la globalización y la izquierda. Pero, después, cuando asiste a los actos del aniversario del desplome del puente de Génova, aparca santos y se pone a navegar en su móvil. Es un impostor, como los adalides del 'brexit' y otros en España, pero su mensaje cala en una sociedad asustada, y más lo va a estar cuando llegue la recesión que se anuncia.