Ir a contenido

Cuerpo femenino

Mi querida vulva

Instagram Dulceida

Mi querida vulva

Esther Vivas

Tan importante es conocer la vulva como la vagina. Y recordemos, no hay dos vulvas iguales, aunque todas son igual de bonitas.

Mi querida vulva, cuantas alegrías me has dado y en cambio que poco te conozco. Tan poco que casi nunca me he parado a observarte. Sí, sé que no es fácil allí abajo, pero no cuesta nada agacharse, reclinarse, incluso con la ayuda de un espejo. Sin embargo, mientras los niños jugaban con su pene, a nosotras, las niñas, nos enseñaban a esconder, no tocar y silenciar nuestra vulva.

Tal es nuestro desconocimiento que cuantas veces te hemos cambiado el nombre llamándote vagina. Pero la vulva no es lo mismo que la vagina. La vulva es la parte externa y visible de los órganos genitales femeninos, que incluye el llamado monte de Venus situado frente al hueso púbico, los labios vaginales (externos e internos), el clítoris, la abertura vaginal y el orificio de la uretra por donde orinamos; mientras que la vagina es el conducto que conecta la vulva con el útero, y llega hasta el cuello uterino, por donde circula la menstruación, nacen los bebés y se introduce el pene, los juguetes sexuales, las copas menstruales o los tampones. Tan importante es conocer la vulva como la vagina. Y recordemos, no hay dos vulvas iguales, aunque todas son igual de bonitas.

Precedente histórico

La vulva, como parte de la sexualidad femenina, ha sido durante siglos condenada al ostracismo y considerada un órgano tabú. La historia del arte europeo es todo un ejemplo. Mientras el pene y los testículos masculinos eran dibujados o esculpidos con todo tipo de detalles, la vulva era olvidada y difuminada en los retratos de desnudos femeninos. Como si las vulvas en la época de Tiziano, Rubens, Goya o Manet no hubiesen existido.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Desde hace algunos años, la industria pornográfica ha dado gran visibilidad a la vulva. Sin embargo se trata de vulvas normativas y uniformes, que imponen unos cánones estéticos que obvian nuestro placer y necesidades. Ante esta imposición heteropatriarcal, hay que reivindicar las vulvas reales, grandes o pequeñas, peludas o calvas -porque pierden pelo con la edad, anchas o estrechas, vulvas de verdad.