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EL TABLERO POLÍTICO

Una presidenta marcada por las sospechas

Una presidenta marcada por las sospechas

Rosa Paz

Cs afirma que de ser imputada, Ayuso tendrá que dimitir, ¡Qué buen rollo para empezar una andadura juntos!

Tampoco será una situación cómoda para Pablo Casado, que ha tratado de desvincularse de los casos de corrupción como algo del pasado

La investidura de la popular Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid llega marcada por varias sospechas: haber utilizado sus cargos para recibir un trato de favor de Avalmadrid, una sociedad semipública que concedió un aval de 400.000 euros a una empresa de su padre, haber aceptado la donación de un piso y unas oficinas para evitar el embargo paterno por el impago de ese aval, y también porque los empresarios de la trama Púnica la señalan como “la interlocutora” del PP de Madrid.

No parece un buen comienzo para un gobierno de coalición del PP con Ciudadanos, el partido que hace cuatro años dio el salto a la política española ondeando la bandera de la limpieza y la regeneración política. De hecho, la sesión de investidura está yendo acompañada de declaraciones de los portavoces madrileños y estatales del partido de Albert Rivera en las que afirman que de ser imputada, Díaz Ayuso tendrá que dimitir. ¡Qué buen rollo para empezar una andadura juntos!

Lo que le está ocurriendo a Cs con la que este martes será elegida presidenta de Madrid no es ni más ni menos que la consecuencia de haber optado por pactar con un partido que en sus 24 años de gobierno en la Comunidad de Madrid ha registrado algunos de los casos de corrupción más graves que se conocen: la Gürtel, la Púnica y el caso Lezo. Esas tramas causaron la imputación del expresidente de la Comunidad Ignacio González y del exconsejero de Interior Francisco Granados, entre otros, y ha llevado a la Fiscalía Anticorrupción a pedir la imputación de las dos expresidentas, Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, ambas madrinas políticas de Díaz Ayuso de las que ahora reniega.

En Madrid, como ha ocurrido también en Murcia o Castilla y León, Cs tenía otras opciones. Podría haberse aliado, por ejemplo, con el partido más votado en las elecciones del 26 de mayo, el PSOE en los tres casos, y se habría ahorrado situaciones que ponen en duda su voluntad regeneradora y, de paso, la vergüenza de tener que pactar con Vox, aunque lo haga a escondidas. Pero el portavoz madrileño de Cs, Ignacio Aguado, asumió desde el primer momento la estrategia de Rivera y decidió vetar al candidato socialista, Ángel Gabilondo, al que ha llegado a tildar de radical peligroso, cuando es una persona de estatura política y humana y de tendencia más bien moderada, incluso tibia para los gustos de la militancia socialista.

Pero ahora las cartas están echadas y lo primero que va a tener que hacer Cs es decidir si apoya la petición del PSOE de crear una comisión de investigación sobre la presidenta y después afrontar una legislatura que, visto como arranca, se preve bronca. Tampoco va a ser una situación cómoda para Pablo Casado, que ha tratado desde el primer momento de desvincularse de los casos de corrupción como algo del pasado, ajeno a él, y al que las vacaciones le han servido de excusa para no estar presente en el pleno de investidura de Díaz Ayuso. Y eso que ella es una de las personas que el 26-M le permitieron salvar su liderazgo en el PP.