Ir a contenido

La investidura

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en la Moncloa.

DAVID CASTRO

Sin cultura de coalición

Rafael Jorba

¿Lo que no se ha negociado desde el 28-A -el próximo domingo se cumplirán los tres meses de las elecciones generales- se negociará ahora en tres días?

El viernes, a tres días de la sesión de investidura, Pablo Iglesias dio un paso atrás. No quiere ser la excusa para que no haya un Gobierno de coalición con el PSOE. El líder de Podemos mandató a Pablo Echenique para que negocie “un acuerdo integral de programa y equipos para sacar adelante la investidura". ¿Lo que no se ha negociado desde el 28-A -el próximo domingo se cumplirán los tres meses de las elecciones- se negociará ahora en tres días? Esta es la pregunta con la que arranca mañana el pleno del Congreso. La respuesta la conoceremos el jueves: Pedro Sánchez será investido en segunda votación si obtiene la mayoría simple.

Entre tanto, no está de más recordar una obviedad que algunos olvidan: la Constitución regula en su artículo 99 la investidura del presidente del Gobierno. Esta se circunscribe a exponer ante el Congreso “el programa político del Gobierno que pretenda formar” y a solicitar “la confianza de la Cámara”. La designación de los demás miembros del Gobierno se regula en el artículo 100: “Serán nombrados y separados por el Rey, a propuesta de su presidente”. Es decir, en puridad, la sesión de investidura lo es solo del presidente y de su programa de gobierno. Iglesias ha dado un paso atrás porque tal vez buscaba una investidura bis que no le correspondía.

La falta de una cultura de coalición en España -no así en los gobiernos de algunas autonomías- explica que en estos casi tres meses desde las generales del 28-A se haya querido empezar la casa por el tejado. Se ha hablado más de cargos, vicepresidencias y ministerios que de programas. El problema está en que este déficit no afecta solo a los partidos de la llamada vieja política -PSOE y PP-, sino también a las fuerzas emergentes de la nueva política: Podemos y Ciudadanos. Pablo Iglesias ha ido liquidando a sus compañeros de viaje y Albert Rivera ha renunciado a la centralidad y al papel de hacedor de gobiernos que han jugado históricamente sus socios liberales europeos.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

En este contexto, es de esperar que Pedro Sánchez presente un programa de gobierno detallado y cuantificado. Es difícil, por no decir imposible, que en tres días sea capaz de alcanzar el “acuerdo integral de gobierno” al que le ha invitado Pablo Iglesias. Puede caer en la tentación de orillar el programa y de seguir construyendo la casa por el tejado, es decir, negociando ministerios con Podemos. Sánchez ganará el debate de investidura, con independencia de si sale elegido presidente, si es capaz de poner sobre la mesa un programa de gobierno, de marcado carácter social, y las dotaciones presupuestarias con qué financiarlo.

El 18 de diciembre de 1931, al comentar la primera crisis ministerial de la Segunda República, Gaziel comparaba la sobriedad de los cambios de Gobierno en las democracias europeas con “el estruendo, la aparatosidad y la jarana” que se producía en España: “¡Oh, inmenso país de la palabrería! Nuestros políticos son como las cigarras en pleno verano. Arman un ruido espantoso, monótono y vacuo, sobre la modorra general del paisaje”. Que así no sea.