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Sin cultura

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Sin cultura

No he querido saber pero he sabido que el artículo 44 de la Constitución Española, en su punto 1 dice: "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho". Pues va a ser que no, a tenor de lo visto y escuchado durante estas dos semanas de campaña electoral. Esta columna ha sido escrita durante la jornada de reflexión: sin nombres de líderes políticos ni siglas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, van todos al mismo saco; al saco vacío de las propuestas culturales.

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Confieso que no he leído al dedillo los programas de los partidos, aunque me consta que unos hablan de videojuegos, otros de que las grandes productoras extranjeras encuentren facilidades para rodar en nuestro país y todos más o menos aceptan que es necesaria una ley de mecenazgo. Pero suena a información de relleno, qué quieren que les diga. Y si me detengo en los dos macro debates televisivos de ámbito estatal más los autonómicos, de los que fui testigo, se me enerva hasta el hipotálamo. Siendo generoso diría que solo dedicaron al tema en cuestión un par de minutos. Será que ese 3% del PIB que copan las Industrias Culturales no interesa, que les pone más las descalificaciones, los pactos y la unidad nacional. Porque por lo visto, el IVA cultural, la piratería que destruye el tejido creativo, o la falta de ayudas para el cine no son asuntos de Estado.

Ahora bien, mola recomendar a filósofos sin haberlos leído, enseñar artísticas fotografías, e incluso utilizar los libros como arma arrojadiza para desprestigiar al contrario. ¿A nadie se le ocurrió recomendar una novela o una película por el mero placer de hacerlo? El valor social de la cultura circula por las cloacas del olvido, aunque sea bienvenido ese imprescindible Estatuto del Artista de última hora que tanto necesitó en vida el añorado Forges. Cuando lean esta columna ya se conocerá el nombre del partido ganador. Pero entre los que quieren eliminar el Ministerio de Cultura y los que lo tienen porque viste y da esplendor, la triste y penosa impresión, es que, o esto da un vuelco inesperado, o de nuevo habremos regalado nuestro voto a la no cultura.