La clave

Fango

A pocas semanas de las elecciones no se habla de nada más que de la guerra de los lazos y de la unidad de España sin que aparezcan en la agenda los temas necesarios para los ciudadanos

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El parque de la Ciutadella (Barcelona) con lazos amarillos.

El parque de la Ciutadella (Barcelona) con lazos amarillos. / FERRAN NADEU

La guerra de los lazos amarillos se ha convertido en el centro del debate político. Ocupa toda la atención política y mediática como si en España en plena campaña electoral no pasara nada más relevante para la vida de los ciudadanos. La estrategia de Quim Torra de aparentar desobediencia a la Junta Electoral Central (JEC) para simular obediencia a la llamada del Síndic de Greuges es un juego de trileros. Pero ha dado argumentos al PP de Pablo Casado para volver a pedir la aplicación del 155 en Catalunya y a Ciudadanos para argumentar que en Catalunya no hay democracia. El PSOE y Podemos, por su parte, intentan no calentar el conflicto, pero son acusados de cómplices del independentismo.

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Con el juicio del 'procés' en marcha, los partidos independentistas tan solo están centrados en mantener la tensión en la calle y en las urnas. Como prueba de ello basta con ver las listas electorales de Junts per Catalunya y ERC al Congreso.

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Para el bloque de las derechas, la guerra patriótica para ver qué partido garantiza mejor la unidad de España es el mejor eslogan. De esta manera no tienen que entrar a debatir ideas y propuestas que permitan reducir la precariedad del mercado laboral, que por cierto, está en niveles récord, o cómo se afronta el futuro de las pensiones en España con unos sueldos de miseria. 

El agrio debate a cuenta de los lazos sirve para ocultar temas muy relevantes que deberían ser el centro de la discusión política a pocas semanas de unas elecciones generales y con las municipales y europeas a la vuelta de la esquina y el 'brexit' en ciernes. Las necesidades del Estado del bienestar, las reformas requeridas para no perder competitividad o la manera de cómo recuperar los derechos sociales recortados durante la crisis deberían objeto de grandes debates públicos. Es una lástima que los partidos prefieran el fango y nos hundan en él a todos.