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Al contrataque

Quim Torra, en primer plano, y Carles Puigdemont, al fondo, en la rueda de prensa en Berlín.

La dinastía independentista

Cristina Pardo

Puigdemont ha señalado con su dedo a un hombre que sí parece dispuesto a ser un títere, no como él, que pronto dejó de obedecer a Mas

El inquilino del Palau de la Generalitat es el que Puigdemont ha querido. Y ha llegado en el momento decidido por Puigdemont. Y lo primero que ha hecho el nuevo 'president' es decir que el verdadero líder es Puigdemont. Y lo segundo, viajar a Berlín a ver a Puigdemont; indudablemente, para oficializar la bicefalia, donde la cabeza pensante será la de Puigdemont, prófugo de la justicia.

Cómo será la cosa que ambos han comparecido juntos para anunciar los próximos pasos. Quim Torra no fue ni siquiera protagonista de su propio debate de investidura, porque TV-3 decidió incluir en pantalla la imagen de Puigdemont, que vigilaba el discurso desde su despacho alemán, con un conejo amarillo en la papelera... El PDECat o Junts per Catalunya, que ya no se sabe qué es qué, han estado varios meses esperando a que Puigdemont pusiera el huevo. Y lo han hecho en silencio, con una disciplina verdaderamente alarmante, sin decir una palabra más alta que otra y viajando a donde fuera necesario para que su amado líder les explicara cuáles eran sus deseos.

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Tragaron cuando Puigdemont dijo que quería presidir la Generalitat desde Bruselas, por Skype. Como si dirigir un territorio a miles de kilómetros de distancia fuera lo más normal del mundo. Los diputados de la derecha nacionalista tragaron también cuando Puigdemont señaló con su dedo divino a Jordi Sànchez, preso en Soto Del Real, como si dirigir un territorio desde una celda fuera lo más normal del mundo. Después, los fieles a Puigdemont tragaron también cuando su líder señaló a Jordi Turull, horas antes de que este ingresara en prisión.

A los subordinados de Puigdemont todo les parecía bien. Ni un pero, ni una palabra más alta que otra... Se ve que todo lo que decide el 'expresident' es magistral. Y ahora, como no podía ser de otra manera, también les ha parecido bien el último dedazo y la elección de Quim Torra. No sé si el nuevo 'president' tiene ideas propias, más allá del supremacismo de los últimos años, para dirigir los destinos de Catalunya. Tampoco sé si en caso de tenerlas, va a poder llevarlas a cabo sin el permiso de Puigdemont. Porque si algo ha demostrado el último 'president' de la Generalitat es que le importa muchísimo su persona y bastante poco todo lo demás. De hecho, él llegó al cargo elegido por el dedo de Artur Mas, al que pronto dejó de obedecer. Y ahora, Puigdemont ha señalado con su dedo a un hombre que sí parece dispuesto a ser un títere. Puigdemont ha conseguido incluso que la izquierda independentista vote al supremacista sin rechistar. Se diría que allí asumen una raza más que superior, que es la raza de Carles Puigdemont. Por debajo de él, ya estaríamos todos los demás.

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