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Empleo juvenil

Los jóvenes siguen emigrando para buscarse la vida diez años despues del inicio de la crisis, porque aquí no encuentran una ocupación digna

En plena revolución digital, resulta que los puestos más demandados en nuestro país son los preparadores de pedidos y las camareras de pisos. En Brasil Argentina, por ejemplo, se rifan los ingenieros digitales y en cualquier país europeo triunfan los jóvenes profesionales españoles por su preparación y tenacidad. Observamos un país agotado, ensimismado, cabizbajo o mirando hacia atrás, perpetrando uno de los mayores fracasos históricos al no ser capaces de despejar un porvenir para los jóvenes. Éstos, desperdigados, optan por las soluciones personales porque no aparecen las colectivas. Los que no son 'ni-nis', siguen acopiando títulos, sin un proyecto profesional que se vaya acrecentando, para, al final, un buen día –como los chicos y chicas del reportaje- trasladar su escenario vital, de forma brusca, a cualquier ciudad del mundo que les acoja y les permita desarrollarse.

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Se puede intentar esconder. Se puede intentar maniobrar con el concepto, por ejemplo, calificándolo de “movilidad exterior”, como dijo en su momento la ministra Báñez. Se puede incluso tejer una argumentación bien pensante. Pero lo que no se puede hacer es esconder que nuestros jóvenes, a 10 años del inicio de la crisis del 2008, siguen emigrando a buscarse la vida, porque aquí no hay quien encuentre una ocupación digna. A pesar de los repuntes, de las estadísticas que indican que la economía mejora, los nuevos puestos de trabajo creados no satisfacen ni mucho menos a la mayoría de nuestros jóvenes. Los mejor preparados disponen de más opciones, los que poseen una mediana o baja formación no encuentran oportunidades que les motiven. Alguien podrá objetar que nuestros jóvenes buscan empleos para toda la vida. Las encuestas demuestran lo contrario: la mayoría sabe que se mudará laboralmente varias veces durante los 40 o 50 años de vida laboral. Eso sí, aspiran a trabajos estables donde puedan desarrollarse profesionalmente, con salarios que saben que serán forzosamente bajos -pero no de miseria- y sin el alto grado de precariedad existente.

La tormenta laboral perfecta

Nuestros jóvenes asisten a la tormenta perfecta cuando observan su provenir laboral. Ésta se compone de los siguientes ingredientes: un país que no ha tomado posiciones ante la transformación digital y con los presupuestos generales más bajos en las partidas de innovación de toda la UE; la robótica, a la puerta de la esquina, que está destruyendo centenares de profesiones en todos los sectores y niveles; el aprovechamiento de la reordenación de los factores productivos al servicio de la reducción de costes para apretar las clavijas a los salarios; o la creencia confirmada de que siempre hay una lista de espera para un puestos de trabajo mal pagado que no elige al mejor.

Resulta fantástico estudiar fuera, trabajar en otro país, la movilidad en cualquier edad, sobre todo, en la juventud. Pero no es lo mismo optar a ello que verse bruscamente arrojado a las tinieblas exteriores. No es lo mismo construir un futuro profesional endógenamente que encontrarte un buen día en cualquier país extranjero donde solo tienes futuro imperfecto. El coste social de la emigración de nuestros jóvenes amplía el fracaso. 

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