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Editorial

La burbuja de los alquileres

Las adminitraciones deben intervenir en el mercado de la vivienda como ocurre en el resto del continente europeo

Piso en alquiler en Ciutat Vella, en Barcelona.

Piso en alquiler en Ciutat Vella, en Barcelona. / CHRISTIAN MORALES


La errática política de vivienda de las administraciones públicas en España y la forma cómo hemos salido de la crisis tiene como consecuencia que el mercado de alquiler esté a punto de generar una nueva burbuja inmobiliaria. Dos datos: la rentabilidad de la inversión en una vivienda puesta  en alquiler es entre ocho y nueve veces superior a las inversiones en renta fija o en la bolsa española. El resultado es que se calcula que un 20% de los inmuebles adquiridos el año pasado se pusieron en el mercado de alquiler. ¿Por qué el mercado puede asumir en estos momentos esta oferta tan elevada? Sencillamente porque los salarios bajos, la falta de estímulos fiscales y el endurecimiento de las condiciones para conceder hipotecas han dejado a miles de familas trabajadoras sin la opción de comprar la vivienda.

El drama es que en muchas ciudades, como Barcelona o Madrid, compiten por los alquileres con los turistas, dispuestos a pagar un precio más alto. Las expectativas son desoladoras: el mercado se expande y sigue yendo al alza de manera incontrolada. España necesitaba que el mercado del alquiler creciera, pero no de esta manera salvaje.

Ante esta situación, se impone la intervención de las administraciones, cada una en el nivel que le corresponde. El Gobierno de España debería replantear la fiscalidad de la vivienda y gravar, por ejemplo, los rendimientos excesivos de las inversiones inmobiliarias, favoreciendo igualmente la creación de fondos y empresas que entiendan este sector como un activo a largo plazo y no especulativo. Igualmente, se debería alentar una mayor duración de los contratos con algún tipo de estímulo fiscal. 

A las autonomías les compete reservar una mayor cantidad de suelo a la promoción de viviendas públicas de alquiler para evitar que los ayuntamientos tengan que asumir un sobrecoste por la recuperación de los precios inmobiliarios. Solo así las grandes ciudades podrán emular a las urbes europeas y acumular un parque de alquiler lo suficientemente grande para impulsar los precios a la baja, especialmente en las zonas de mayor presión turística. Igualmente, las viviendas de protección oficial deben adaptar sus baremos de acceso al empobrecimiento de los trabajadores y corregir algunos desequilibrios en este ámbito que son fuente de agravio. 
 

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