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Al contrataque

Primera huelga feminista de la historia en Barcelona.

FERRAN SENDRA

Hartas de que las maten y que solo sea una cifra. Hartas de que las peguen y miremos hacia otro lado

Hartas de tenerse que explicar demasiadas veces. Hartas de responder al estereotipo femenino. Hartas de tacones, de depilaciones y de bolsos. Hartas de tener siempre que dar la talla. Sobre todo si es la 38. Hartas de no poder decidir sobre su cuerpo. Hartas de bromitas sin gracia. Hartas de nuestras risitas cuando recibimos un mensaje hablando de tías en ese grupo de WhatsApp con los amigotes. Hartas de ver cómo solo ellas protestan cuando una reunión de trabajo empieza a las siete de la tarde. Hartas de escuchar conversaciones privadas de políticos hablando de nombrar a 'conselleres' por el volumen de sus tetas. Hartas de saber que muchos no pasaríamos la prueba del algodón si saliesen a la luz nuestras conversaciones privadas. Hartas de nuestra hipocresía. Hartas de los que se suben ahora al carro ganador del feminismo (siempre que no se cuestione el capitalismo).

Hartas de que las llamen «nena» o «chata». Hartas de que ante un escote no les aguantemos la mirada a los ojos. Hartas de atravesar la pista de la discoteca para ir al baño y que se convierta en un via crucis de babosos. Hartas de que las inviten a una copa y eso sea sinónimo de aceptar algo más. Hartas de repetir que cuando dicen 'no' es no.

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Hartas de que hagamos programas de televisión sobre feminismo y nos quedemos en la superficie. Hartas de escuchar «es que no os gusta nada». Hartas de la frase 'el feminismo es como el machismo'. Hartas de que no se entienda que hay muchos tipos de feminismo. Hartas de que en una mesa de debate casi siempre sean más ellos que ellas. Hartas de la excusa «es que cuesta mucho encontrar mujeres». Hartas de que los consejos de ministros sean sobre todo de ministros. Hartas de que nuestros líderes políticos sean sobre todo líderes. Hartas de ser mayoría de mujeres estudiantes y minoría de mujeres catedráticas. Hartas de tanta testosterona en los puestos de mando.

Reuniones de padres del cole

Hartas de que las maten y que solo sea una cifra. Hartas de que las peguen y miremos hacia otro lado. Hartas de que las engañen, las esclavicen y las prostituyan, y miremos hacia otro lado. Hartas de cuidar a los familiares enfermos o mayores. Hartas de que ese trabajo se normalice y no sea considerado trabajo. Hartas de tantas renuncias por ser madre. Hartas de la pregunta «y tú, ¿no vas a ser madre?». Hartas de recoger. Hartas de tener que tener la casa limpia porque vienen los suegros. Hartas de ir a reuniones de padres del cole donde solo hay madres. Hartas de sentirse culpables si no hacen todo eso. Hartas de que se sobrevalore cuando lo hacemos nosotros.

Hartas de que les pregunte de qué están hartas para poder escribir este artículo. Hartas de artículos como este. Hartas de que tras semanas como esta, tras conseguir una movilización histórica, inmediatamente se les pregunte: «bueno, sí, vale… ¿pero y ahora qué?”. Hartas de estar hartas.