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Al contrataque

El cartel del 8 de marzo del 2018. 

La huelga del 8-M

Ana Pastor

Hay múltiples datos que indican que los avances en la igualdad de la mujer no están siendo suficientes


Es sorprendente la cantidad de energía que gastamos en ciertos debates. En unos días tendrá lugar la primera huelga de mujeres de nuestra historia. Hay reivindicaciones claras y evidentes que la mayor parte de las personas podemos asumir más allá de las ideologías: la brecha salarial, el techo de cristal o la lucha contra el acoso y la violencia de género.

Sin embargo, han surgido varias polémicas en torno a ese día. Tenemos, por un lado, esa frase sacada de un argumentario (y que por cierto no aparece en el manifiesto del 8-M) que habla de «subvertir el orden del mundo y el discurso heteropatriarcal, racista y neoliberal». 
Afirmaciones y expresiones de este tipo han provocado cierta incomodidad incluso entre quienes comparten el objetivo final de la jornada: reivindicar la igualdad

Otro foco de debate: la organización. ¿Quién ha convocado la huelga? Los sindicatos mayoritarios, Comisiones Obreras y UGT, secundan paros de dos horas. Otros como CNT o CGT se suman a la huelga de todo el día. Pero lo cierto es que desde que surgió la iniciativa se han ido sumando cientos de mujeres que, de manera transversal y apartidista, están tejiendo una potente y organizada red sectorial (más de 4.000 mujeres que trabajamos en medios de comunicación hemos suscrito un texto en favor de la huelga). 

Para que se pueda visibilizar lo que ocurra el próximo 8 de marzo se ha pedido que sean las mujeres quienes protagonicen las diferentes acciones: lectura de manifiestos, pancartas, etc…Hay quien plantea entonces: se ha vetado la presencia de los hombres en la jornada de protesta. Crítica sorprendente porque nadie asegura que en la reivindicación de los pensionistas han sido excluidos los jóvenes o en las de los estudiantes faltan los mayores.

Momento único

Todo el mundo entiende que es su día. Más allá de lo imperfecto y heterogéneo del movimiento que está resurgiendo, estamos ante un momento único. Hay múltiples datos que indican que los avances no están siendo suficientes. Si miramos a nuestras instituciones más relevantes como el Congreso de los Diputados encontramos que cuatro de cada diez parlamentarios son mujeres.

En el ámbito privado la cosa está todavía peor: solo tres de cada diez mujeres ocupan puestos en los equipos de dirección. Y, por ejemplo, únicamentes uno de cada diez sillones de las reales academias están ocupados por mujeres.

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Cuando abordamos el mercado laboral los motivos de la huelga se incrementan: siete de cada diez personas que cuentan con un contrato a tiempo parcial son mujeres y nueve de cada diez excedencias para dedicarse al cuidado familiar son para mujeres.

Sí, hay motivos cada año. Pero este quizá será diferente y especial.
 

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