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El expresidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sànchez, el pasado abril.

ALBERT BERTRAN

Una presidencia real y efectiva

Argelia Queralt

Los privados de libertad deben concentrarse en defender su causa

Pasan los meses y seguimos estancados. Tenemos un Parlament inoperante. Unos responsables políticos que son incapaces de procurarnos un Gobierno efectivo y mínimamente estable, más pendientes del qué dirán de sus electores o seguidores que de dirigir las instituciones cabalmente.

Nada cambia, salvo el relato de los que sí acuden ante la justicia a dar cuenta de sus actuaciones mientras ejercían responsabilidades en el desarrollo del 'procés'. Estos admiten sin ambages que todo era escaparate y espectáculo. También admiten que no calcularon bien (solo lo explica la incompetencia o el desconocimiento) cuál sería la respuesta del actual Gobierno del Estado. Y, sobre todo, nada les importó mentir a la ciudadanía.

Hay que insistir en ello: los responsables del 'procés' sabían que no tenía futuro, que no tenía salida posible en el actual contexto jurídicopolítico y, pese a ello, continuaron al frente del movimiento institucional, arrastrando a la ciudadanía, estigmatizando a los que se atrevían con un "independencia sí, pero no así". Y sí, tenemos a un Gobierno en Madrid que es sordo y ciego políticamente; es, de hecho, el enemigo político perfecto: centralista, incapaz de hacer política y metido en una espiral de nacionalismo español. Pero eso no es excusa. La responsabilidad política de los gobernantes pasa por conocer al adversario político y, a la vez, medir muy bien las propias fuerzas. Y en Catalunya, ni lo uno ni lo otro: la clase política nos mintió, les mintió y aisló al disidente.

Mientras tanto, seguimos discutiendo si la persona que debe ser investida presidente de la Generalitat debe estar presente en la celebración del pleno y si cabe la posibilidad de ejercer la presidencia desde prisión o con un proceso penal muy grave abierto. No insistiré en la idea de que la presidencia y el ejercicio del poder ejecutivo requieren presencia. Esto no impide que afirme que sería contrario al derecho de representación que se negara a Jordi Sànchez asistir al pleno de investidura y que no hay impedimento jurídico para que sea investido presidente. Pero ello no me impide pensar que es un error seguir empeñándonos en una presidencia que no sea real y efectiva.

Otros capaces

No parece oportuno dejar semejante responsabilidad institucional en manos de alguien que deberá centrar sus esfuerzos en defender su inocencia ante los tribunales. La Catalunya independentista cuenta con muchas otras personas capaces para hacerse cargo del Gobierno, libres de investigaciones que puedan, en el corto y medio plazo, dificultar su función ejecutiva. Son ellas las que deben ponerse al frente. Los privados de libertad deben concentrarse en defender su causa.

Seguiremos denunciando la desproporción de la privación de libertad cautelar y los riesgos de futuras decisiones judiciales que así lo pongan de manifiesto. Pero la situación personal adversa de los presos preventivos no los convierte en idóneos para gobernar. Necesitamos un Ejecutivo sólido y ello pasa por una presidencia real y efectiva.