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La Casa Blanca y la discriminación de género

Imagen del vídeo con los comentarios machistas de Trump publicado por The Washington Post.

Las mujeres contra Trump

María Solanas

La manifestación más articulada de resistencia a las políticas del presidente ha sido el movimiento feminista


Cuando Trump llegó a la Casa Blanca, la desigualdad de género ya estaba allí. De hecho, promover la igualdad entre hombres y mujeres nunca ha sido una prioridad para el gobierno de Estados Unidos, como sí sucede en Islandia, Suecia o, más recientemente, en Canadá.  Pero no hay duda de que, desde el inicio del mandato del presidente Trump, los derechos y libertades de las mujeres están siendo cuestionados y restringidos, cuando no directamente vulnerados. No en vano, la ideología 'alt right' que sirvió como fundamento y sustrato de la prometida 'revolución ultraconservadora' que le llevó a la presidencia, no puede entenderse sin su componente antifeminista. 

Trump no engaña: en campaña no solo no hizo ni una sola propuesta en favor de la igualdad de género, sino que, por el contrario, planteó algunas iniciativas que suponían un claro retroceso para los derechos de las mujeres, como la supresión del apoyo a la planificación familiar o el cuestionamiento de las medidas contra la brecha salarial y la discriminación laboral. A lo largo de este primer año, Trump ha hecho realidad ambas, y ha ido aún más lejos. Se han recortado o eliminado programas destinados a proteger a las víctimas de acoso sexual en el trabajo, y de abuso sexual en el ámbito escolar y universitario; o a proteger la salud sexual y reproductiva de las mujeres en más de 150 países, retirando la financiación al Fondo de Población de Naciones Unidas. Todas ellas medidas que conculcan la libertad de las mujeres y fomentan la cultura del silencio frente a la violencia sexual y la discriminación laboral

Club de hombres blancos

Trump ha hecho de su gabinete un club de hombres blancos donde la diversidad de género apenas tiene cabida. Ha nombradoa a tres mujeres (y a 13 hombres) y, por primera vez desde hace 24 años, ninguna mujer dirige departamentos clave como Estado, Defensa, Tesoro, o Justicia. Tras el pequeño avance de los gabinetes Obama, el gobierno Trump supone un retroceso para la participación política de las mujeres y para la consolidación de referentes de su empoderamiento político. Puro Trump

Frente a este año sin mujeres, y en contra de las mujeres, las movilizaciones impulsadas por el movimiento feminista han sido la manifestación más articulada de la resistencia y la oposición a Trump y a sus políticas. La relevancia del movimiento feminista en la defensa de los derechos de las mujeres, de larga trayectoria, está siendo indudable, con un impacto que trasciende a EEUU. Desde el mismo día de la 'inauguración' presidencial, las marchas de las mujeres y del movimiento feminista en todo el país (y en otras ciudades del mundo) han sido la imagen más sólida de la voluntad de no transigir a los ataques contra los derechos y libertades de las mujeres, logrados tras años de reivindicación e incidencia política.

Machismo orgulloso

Objeto del menosprecio, y de la actitud abiertamente machista del Trump candidato, las mujeres proclamaron, desde el primer día de su mandato, el rechazo contundente a la 'nueva normalidad' que se pretendía instaurar, la del machismo orgulloso del Trump presidente. «Los derechos de las mujeres son derechos humanos», recordaron. Este fin de semana han vuelto a marchar en decenas de ciudades con lemas como «Poder para las urnas». El 2018 será, de nuevo, un año de retrocesos: las mujeres desaparecen, literalmente, del primer presupuesto federal del presidente Trump. Esto no solo afectará a las mujeres americanas, sino también a muchas otras mujeres en el mundo, haciendo más difícil, aún, lograr la igualdad de género en términos globales. 

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Pero este año también puede alumbrar progresos: la movilización social, en particular de las mujeres, unida al aumento del interés por la política (especialmente entre los votantes demócratas) apunta a una mayor participación (y a una posible pérdida de mayorías del partido republicano) en las elecciones 'midterm' del próximo 6 de noviembre, que elegirán, entre otros, a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, 33 senadores y 39 gobernadores. 

Trump podría afrontar el fin de su segundo año con más mujeres en el Congreso, en el Senado, y en los Estados (la movilización, sin precedentes, para lograr candidaturas de mujeres habría doblado ya las de los anteriores comicios), y con un cambio político que, en gran medida, habrá sido posible gracias a las mujeres y al movimiento feminista. Construir una democracia que, de verdad, represente a las dos mitades de la población sí merecería el eslogan 'Make America Great Again'.