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Dos miradas

Cacerolada tras el discurso del Rey Felipe VI.

ELISENDA PONS

La 'cassolada'

Josep Maria Fonalleras

A partir de ahora, 'cassolada' -elegida como la palabra del año- será también el ruido repetido, colectivo y metálico que, proveniente de ventanas y balcones, expresa una determinada reivindicación

Un vistazo a los neologismos que han llegado a la votación final de la palabra del año nos permite disponer de una foto fija de las historias que hemos vivido a lo largo del 2017. Las palabras sirven para denominar las cosas y así distinguimos y catalogamos y hacemos adecuar la realidad a los diferentes significados que nos ofrece la paleta para dibujar nuestro entorno. Pero también las cosas dan sentido a las palabras (un nuevo sentido) o provocan la aparición de nuevas formas de etiquetar.

La ganadora de la votación –bajo los auspicios del Institut d’Estudis Catalans y del Observatori de Neologia de la Universitat Pompeu Fabra– ha sido cassolada, que hasta ahora solo era «una comida que se ha cocinado de un vez en una cacerola» y que, a partir de ahora, será también el ruido repetido, colectivo y metálico que, proveniente de ventanas y balcones, expresa una determinada reivindicación.

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Ha habido caceroladas intensas, pero también gente que ha fet pinya (cerrar filas) para defender sus ideas, feminicidis que nos han dejado helados; micromasclismes que hacen perpetuo el desprecio, aunque sea con sordina; transgèneres que se han alzado; soberanismes que también se han rebelado (según los informes de la fiscalía); desalojos de barrios a los que llamamos gentrificació y que generan turismofòbiahiperventilats que han ido más allá del buen sendero, y judicialitzacions de la política. A ver cuál será el neologismo del 2018. ¿Quizá cronificar

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