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La clave

La foto del Govern legítim de Puigdemont antes y después de borrar a Santi Vila.

El que se mueva no sale en la foto

Juancho Dumall

Entre las frases célebres atribuidas a Alfonso Guerra figura una de origen mexicano, pero que en los años 80 del siglo pasado encajaba como un guante en la leyenda del entonces todopoderoso vicesecretario general del PSOE y vicepresidente del Gobierno de Felipe González: "El que se mueva no sale en la foto". Una máxima que era una llamada a la disciplina interna y un aviso a díscolos, ambiciosos, maniobreros y conspiradores.

La expresión remitía también a las famosas manipulaciones fotográficas de la historia, la más conocida de las cuales es la desaparición de un Trotski claramente identificable en un mitin de Lenin delante del teatro Bolshoi de Moscú el 5 de mayo de 1920, años antes de caer en desgracia y, en consecuencia, sufrir el castigo del antecedente soviético del photoshop.

Pero quién nos iba a decir que los métodos chapuceros de eliminar a los disidentes del álbum de fotos iban a reaparecer en la Catalunya de hoy. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con el borrado del 'exconseller' Santi Vila en la foto del "Govern legítim" colgada en la nueva web creada por el president cesado, Carles Puigdemont, y los 'consellers', también destituidos, que le acompañan en Bruselas o están presos en Madrid. 

La pierna

Ante la imposibilidad por razones obvias de hacer una foto real sin el dimitido Vila, el equipo de Puigdemont ha optado por la vía expeditiva de eliminar de la instantánea ya existente al anterior titular de Empresa i Coneixement, a quien se podía ver en la versión anterior asomando tras el vicepresidente Junqueras. Pero como nada de lo tocante al procés escapa de la originalidad, lo notable es que los manipuladores de la foto se han dejado la pierna del 'conseller' maldito, tal vez como una prueba para amantes de la nigromancia de que en ese gabinete iba a producirse una traición.

Vila ha pasado de postularse, sin éxito alguno, para encabezar la lista del PDECat a ser un fantasma difuminado sobre una pierna huérfana y absurda. Su caso revela, sin embargo, una cuestión política de fondo: en el proceso soberanista, quien duda, desaparece.
 

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