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Comparecencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso.

JOSÉ LUIS ROCA

Duelo de dos impotencias

Joan Tapia

Rajoy estuvo solo pero se constató de nuevo que no hay mayoría de recambio

La comparecencia de Rajoy sobre su responsabilidad por el 'caso Gurtel' indica que -salvo la incógnita catalana- la vida política está marcada por la inestabilidad, sólo relativa, causada por la ausencia de una mayoría parlamentaria articulada.

Rajoy no hablo de la Gurtel pero, hábil parlamentario, se defendió. Y atacó. Pero al final quedo claro que arrastra dos hipotecas. La primera es que las sospechas generadas por el caso Gurtel tras el mensajito del 2013 de “Luís, se fuerte”, le torturarán toda la legislatura. No puede borrarlas limitándose a afirmar que sólo fue a la Audiencia Nacional como testigo y que para la responsabilidad política está la moción de censura. Y que los españoles dieron al PP más votos que a nadie en las dos últimas elecciones del 2015 y 2016. Es cierto, pero los continuos casos de corrupción -en especial el del PP Madrid- hacen que el asunto siga pesando como una losa.

La segunda hipoteca es que -no sólo por eso- el PP sufre de soledad política. Logra articular mayorías puntuales con C's, e incluso el PNV, pero no un pacto estable. En este sentido la intervención de Albert Rivera fue demoledora porque confirmó una serie de iniciativas que quiere hacer aprobar sin ningún tipo de complicidad. Con el PP, o sin el PP. Su frase “el PP no tiene remedio”, cayó como un puñal. Y Aitor Esteban (PNV), más reposado de formas, estuvo en la misma longitud de onda. Rajoy está muy sólo y sólo le defiende el peripatético Rafael Hernando, ducho en morder pero que no genera empatía.

El agudo diputado Joan Baldoví, de Compromis, sintetizo ayer bien el “impasse”: el PP está en minoría y hay una mayoría (Rajoy la define de suma de minorías) para medio crucificarle. Pero luego la suma de minorías no sabe construir una alternativa. Por el veto permanente de Pablo Iglesias a cualquier pacto con C's. Porque a Rivera tampoco le gusta ese camino. Porque seguramente es imposible un programa de gobierno del PSOE con C's y Podemos. Y porque, en estas condiciones y con el nacionalismo catalán encerrado en su monotema, no hay mayoría alternativa que Pedro Sánchez pueda encabezar.

¿Será alternativa el PSOE?

Todo lo otro es sólo teatro. A Pablo Iglesias le basta y sobra, pero en la vida real Rajoy sigue. Como puede, y saltando los obstáculos de uno en uno. ¿Puede el PSOE ser una alternativa solvente en las elecciones del 2019 o 2020? Debería generar la suficiente confianza para tener mas votos que el PP y el falso abrazo de Pablo Iglesias -difícil de rechazar porque muchos votos socialistas fueron a Podemos- tiene riesgos. Ayer Margarita Robles plantó cara al pim-pam-pum de Rajoy, pero Rivera, que ha vuelto en forma de vacaciones, tenía razón. El pleno exigido por Iglesias no hizo daño a Rajoy (Tardá dijo que se fue de rositas) y la comisión de investigación defendida por Rivera era más efectiva.

 ¿Fue útil un pleno al que Rajoy se opuso panza arriba pero que demostró que en el choque de dos impotencias -la soledad del PP y la falta de alternativa- la única resultante es el gobierno Rajoy?      

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