EL ANFITEATRO

Una Medea tan antigua como actual

La ópera de Aribert Reimann sobre la trágica madre que mata a sus hijos regresa a la Ópera Estatal de Viena

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La soprano Claudia Barainsky, protagonista de la ópera ’Medea’, de Aribert Reimann, representada en la Ópera Estatal de Viena.  / WIENER STAATSOPER / MICHAEL PÖHN

La soprano Claudia Barainsky, protagonista de la ópera ’Medea’, de Aribert Reimann, representada en la Ópera Estatal de Viena. 
Claudia Barainsky (Medea) y Adrian Eröd (Jasón), en la última escena de la ópera ’Medea’, de Aribert Reimann, representada en la Ópera Estatal de Viena.   

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Medea, con toda su carga de gran tragedia griega, es uno de los personajes que ha atraído a numerosos compositores de ópera de todos los tiempos. En el pasado, a Marc-Antoine Charpentier, Luigi Cherubini y Saverio Mercadante entre otros. En tiempos más próximos, a Darius Milhaud y, curiosamente, alrededor de los años 90 del siglo pasado esta mujer que sacrifica a sus propios hijos interesó a varios compositores. Rolf Liebermann, Mikis Theodorakis y Pascal Dusapin compusieron sus ‘medeas’ en aquellos años. Aribert Reimann escribió la suya algo más tarde, entre el 2006 y el 2009 y la estrenó en el 2010, en la Ópera Estatal de Viena que la había encargado. Ahora ha vuelto al teatro de la capital austriaca con la dirección de Michael Boder y la puesta en escena de Marco Arturo Marelli.

La historia de Medea, hija de reyes, es la de una mujer arcaica que ha aprendido artes de brujería lo que la dota de un carácter especial e independiente en un mundo de luchas por el poder, con varios asesinatos de por medio, representado por la posesión del vellocino de oro. Ayudado por las artes de Medea, Jasón consigue la preciada piel de carnero. La pareja huye a Corinto donde el rey Creonte está dispuesto a acoger a Jasón y a sus dos hijos, pero no a Medea.

Ante la muralla de la ciudad Medea entierra sus artes de brujería y se dispone a integrarse en aquella corte mucho más cultivada y sofisticada que la más primitiva Cólquide de donde procede. Sin embargo, su esposo, Jasón, la rechaza porque aspira a casarse con la hija del rey, Creusa. Medea no soporta la afrenta y recurre a la máxima venganza, mata a su rival y a sus propios hijos. Una historia antigua pero con un tema muy actual, el de la integración.

La ópera de Reimann no se basa en la tragedia de Eurípides sino en la obra del autor decimonónico austriaco Franz Grillparzer, y acaba con la protagonista que decide regresar a Delfos, devolver el vellocino de oro y afrontar el juicio de los sacerdotes.

‘Medea’ es la última obra del compositor para el teatro. Netamente expresionista, en la partitura hay austeridad orquestal dejando que sean la voz y la palabra quienes lleven el peso dramático. Vocalmente, la obra es de una gran intensidad especialmente para la protagonista que debe asumir notas extremas que reflejan la violencia de cuanto ocurre y ocurrirá al final.

La soprano Claudia Barainsky es la Medea rechazada por un mundo aparentemente más civilizado que regresa a su arcaísmo original. La cantante ha sido alumna de Reimann en la Universidad de las Artes de Berlín. Ya había estrenado su ópera ‘Melusina’, y se nota un gran conocimiento de las exigencias del compositor. El resultado es una gran interpretación de las que en algunos momentos ponen la piel de gallina. Adrian Eröd interpreta a Jasón, un papel que Reimann escribió pensando en este barítono.

El resto del reparto es también de gran calidad vocal. Acompañan a Barainsky y a Eröd el tenor Norbert Ernst (Creonte), la mezzosoprano Stephanie Houtzeel (Creusa), la también mezzo Monika Bohinec (Gora) y el contratenor Daichi Fujiki (Heraldo).

Boder, que fue director musical del Liceu, es un buen experto en repertorio contemporáneo alemán. Había estrenado esta ‘Medea’ en el 2010 y ahora ha vuelto de nuevo al podio vienés para dirigir con mucho acierto a la orquesta del teatro.

Marelli firma la puesta en escena y la escenografía. El concepto escénico explica bien la diferencia entre los dos mundos, el de Medea y el de Creonte, las dificultades de ella para integrarse sin conseguirlo aunque lo intenta, mientras a Jasón no le cuesta nada adaptarse. Un paisaje rocoso, casi lunar, es el espacio de Medea. El de Creonte es una gran caja blanca situada a media altura. El vestuario de Dagmar Niefind contribuye a marcar las diferencias.

Reimann (1936) es uno de los grandes compositores de ópera alemanes vivo. Su partitura más conocida y representada, ‘Lear’, se pudo ver la pasada temporada en la Ópera de París con una puesta en escena de Calixto Bieito, con Bo Skovhus como protagonista y llegará este verano al Festival de Salzburgo. Entre nosotros es interpretado muy raramente. En el 2001 el Festival de Peralada presentó su ‘Bernarda Alba Haus’, basada en la obra de Federico García Lorca, en una puesta en escena de Harry Kupfer para la Komische Oper de Berlín, con Barainsky en el papel de Martirio. También en un verano, el del 2011, la soprano Mojca Erdmann interpretó en la Schubertíada de Vilabertran el ciclo de canciones ‘Ollea’, ciclo que le había dedicado el compositor.

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Parece que entre nosotros Reimann sea un compositor para el verano.

‘Medea’, ópera vista el 7 de abril.

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