Ir a contenido

ANÁLISIS

El candidato François Fillon.

Fillon, la ley y la palabra

José A. Sorolla

"Nadie se imagina al general De Gaulle imputado", dijo el candidato para descalificar a Sarkozy. Ahora, ironías de la política, el imputado va a ser él

El anuncio de François Fillon de no retirarse de la carrera electoral –resistir, no ceder, no rendirse, en sus palabras--, pese a que el 15 de marzo será imputado/investigado ('mis en examen') por los supuestos empleos ficticios de su esposa y de dos de sus hijos, que ingresaron casi un millón de euros de dinero público, coloca a su candidatura y a la derecha al borde del abismo. Su campaña está averiada desde que el 25 de enero la fiscalía financiera abrió una investigación, sus mítines no se libran de los abucheos y las caceroladas, ha caído al tercer lugar en las encuestas, a ocho puntos de Marine Le Pen y seis de Emmanuel Macron, y pierde apoyos en sus propias filas: algunos diputados sarkozystas le han pedido que abandone y el pequeño partido centrista UDI (Unión de Demócratas Independientes) ha anunciado que suspende su participación en los actos de Fillon en espera de tomar la semana próxima una decisión definitiva sobre su continuación o no en la coalición de la derecha encabezada por Los Republicanos.

El 15 de marzo, dos días antes del cierre de las candidaturas, tres jueces examinarán el caso. Fillon se someterá así a la ley, pese a sus denuncias de que el Estado de derecho y la presunción de inocencia han sido violados desde que 'Le Canard Enchaîné' destapó el asunto. Pero, además de a la ley, Fillon se enfrenta a la violación de su palabra. Al estallar el caso, cometió el inmenso error de declarar en el telediario de mayor audiencia que solo dejaría la carrera electoral si los jueces le imputaban. Ponía así su futuro en manos de la justicia, pero Fillon dice ahora que la decisión de retirarle no la tomarán los jueces, sino los franceses. En realidad, pocos días después de su error, rectificó y manifestó que solo las urnas le juzgarían. Pero el mal ya estaba hecho. Pese a su marcha atrás, esos franceses a los que apela pueden entender que no solo ha podido violar la ley, sino también su palabra.

LOS VOTOS PERDIDOS

Esta rectificación, se dice, la hizo a instancias de su antiguo jefe y después adversario, Nicolas Sarkozy, a quien Fillon había combatido antes de las primarias de la derecha por sus asuntos judiciales pendientes. “Nadie se imagina al general De Gaulle imputado”, dijo Fillon para descalificar a Sarkozy. Pero ahora, ironías de la política, el imputado va a ser él mismo.

El candidato de la derecha alegó para no retirarse que no quiere dejar a los franceses la única elección entre la extrema derecha de Le Pen y la continuación del hollandismo representada, según él, por Macron. Aunque Fillon mantenga su candidatura hasta el final, lo que está en duda pese a su contundente determinación, la incógnita es adónde irán a parar sus votos perdidos. Una parte pueden caer del lado de Le Pen y otra de Macron, tanto en la primera como en la segunda vuelta si Fillon es eliminado. Pero lo que parece seguro es que si el candidato que se enfrente a Le Pen en la segunda vuelta es Macron, será más fácil que recoja los sufragios de la izquierda e impida así la victoria del populismo de extrema derecha.