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análisis

La líder del frente Nacional, Marine Le Pen.

AP / MICHEL EULER

Marine Le Pen 'atrapalotodo'

José A. Sorolla

Hace 10 días, el primer secretario del Partido Socialista francés (PS), Jean-Christophe Cambadélis, declaraba: "Estamos en un clima que se parece a lo que ha pasado en Estados Unidos, con Marine Le Pen en el papel de Donald Trump". En esas fechas, François Fillon afirmaba que si él no podía ser candidato de Los Republicanos, sus electores no pasarían a Emmanuel Macron, sino a Marine Le Pen. La victoria de la presidenta del Frente Nacional (FN) en la segunda vuelta de las presidenciales, el 7 de mayo, es, afortunadamente, casi imposible, pero los temores expresados por Cambadélis y Fillon son reales. También era imposible que ganara Trump y ganó, y era improbable el triunfo del Brexit y llegó.

Francia tiene el cordón sanitario de la segunda vuelta o los pactos republicanos para impedir barbaridades. Por eso Le Pen no gobierna ninguna región pese a ganar las elecciones regionales del 2015 o solo tiene dos diputados con seis millones de votos. Pero si ahora vuelve a fracasar pese al ecosistema favorable no será porque no lo haya intentado. El FN se ha convertido en un partido 'atrapalotodo' que quiere rebañar el voto de todas las capas sociales, y ha dejado de ser solo un partido de protesta para consolidar un voto cohesionado y muy fiel. En la última encuesta del Cevipof (Sciencies Po), con una muestra de casi 16.000 personas, Le Pen va en cabeza con el 26% y con una fidelidad de voto del 74%.

Esta voluntad 'atrapalotodo' se expresa diáfanamente en el vídeo de 2.22 minutos que Marine Le Pen acaba de grabar. De gran calidad formal, empieza con imágenes de Le Pen en la playa mirando al mar y termina con la líder llevando el timón de un barco para devolver el orden a Francia “en nombre del pueblo”. En medio, el espot presenta a Le Pen como mujer, para incluir desde esa perspectiva sus críticas al islamismo; como madre, para denunciar los ataques terroristas y ofrecer un futuro mejor para los hijos de los franceses; como abogada, para defender las libertades y comprender a las víctimas. Con imágenes de Juana de Arco, la torre Eiffel, los cafés de París y en su lugar de trabajo, Le Pen fustiga a los políticos del establishment y clama por una Francia libre, independiente, con seguridad, respetada, que proteja a los franceses, unidos, orgullosos de un país sostenible y justo. Populismo, patriotismo y épica, pero alejados del antiguo discurso de la extrema derecha racista y antisemita de su padre y con la intención de defender los “valores republicanos”.

 El programa económico también se inscribe en esta vocación 'atrapalotodo'. De las 144 medidas que contiene, dos tercios pueden considerarse de izquierdas, según Gilles Ivaldi, investigador de la Universidad de Niza, en la línea del giro estratégico del 2012 cuando el FN abandonó el liberalismo económico. Le Pen mantiene su propuesta de salida de la UE (el Frexit) y presenta numerosas medidas proteccionistas, sobre todo la “prioridad” nacional para el empleo y las ayudas sociales.

¿Será capaz este intento de enmascaramiento, este lavado de cara de algún modo solo formal, porque el fondo esconde una ideología terrible, de convencer a una mayoría de franceses? Es difícil, pero el peligro real existe.