Ir a contenido

Seísmos en las urnas

Renzi gesticula durante la rueda de prensa en Palazzo Chigi, la madrugada del 5 de diciembre en Roma.

AP / GREGORIO BORGIA

Turbulencias europeas

Josep Borrell

La inquietud en Bruselas por el 'no' en el referéndum de Italia es grande, pero no ha sido un voto antieuropeísta como los populistas proclaman

En pocos días hemos visto a la derecha francesa escoger como candidato presidencial al menos probable de los que competían en las primarias, un conservador con planteamientos duros en materia de inmigración; a un presidente de la República renunciar a la reelección; a su primer ministro, que parecía segarle la hierba bajo los pies, ofrecerse como el candidato capaz de "recoser" la unidad del PS a pesar de estar situado en la derecha del partido; dimitir al primer ministro italiano Matteo Renzi después de perder su referéndum de reforma constitucional; y en Austria a un candidato ecologista hijo de la inmigración ganar al de la extrema derecha.

RESPIRO EN AUSTRIA, INCERTIDUMBRE EN FRANCIA

¡Cómo estaríamos ahora si Austria tuviese el primer presidente de extrema derecha elegido en Europa desde 1945! El triunfo de Alexander Van der Bellen, un profesor independiente de 72 años, ha sido impulsado por una coalición heteróclita surgida de la sociedad civil que le ha dado 300.000 votos de diferencia, 10 veces más que en las elecciones de mayo anuladas por el Constitucional. Austria pone así un contrapeso internacional al triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Pero nada está ganado, porque el verdadero poder político se decidirá en las elecciones generales del 2018. Y es difícil aventurar el resultado.

La socialdemocracia europea tiene que aprender a pactar y cooperar para defender mejor los valores que la hicieron mayoritaria entre las clases populares

En Francia, François Hollande no se re-presenta porque ha querido ahorrarse la humillación de no ganar ni las primarias de la izquierda. Le hubiera brindado en bandeja a Marine Le Pen pasar a la segunda vuelta. Pero me temo que va a ser así en cualquier caso. Manuel Valls hace tiempo que dice que en el interior del PS coexisten dos izquierdas irreconciliables. Puede utilizar las primarias para un enfrentamiento que se resuelva votando. O jugar el papel de unificador para competir con la aventura personal de su exministro de Economía, Emmanuel Macron, que nunca se definió como socialista y que se presenta desde la pospolítica con un nuevo partido, ¡En Marcha!, cuyas iniciales, E.M., son las de su nombre, pero sin decir hacia dónde hay que marchar.

Pero los planteamientos de Valls y de Macron son bastantes similares. Y actuar Valls como unificador frente a otros dos de sus exministros, Arnaud Montebourg y Benoît Hamon, a los que expulsó del Gobierno porque no estaban de acuerdo con su giro liberal y su prioridad a las políticas económicas de oferta, es un poco difícil. El gran problema es que si el duelo final fuera a ser entre François Fillon Le Pen hija, está por ver que toda la izquierda reaccionase disciplinadamente como lo hizo en el 2002 cuando tuvo que elegir entre Le Pen padre y Jacques Chirac después de la eliminación de Lionel Jospin.

RENZI, DIRECTO E IRREVERENTE CON EL PODER

En Italia, una gran participación rechazó claramente la propuesta de Renzi. Le conocí bien en Florencia cuando era alcalde de la ciudad: directo e irreverente con toda forma de poder, como son los toscanos. En un año hizo peatonal la Piazza del Duomo, un asunto que nadie era capaz de resolver. Dispuesto a acabar con la parálisis institucional de Italia, procedente de la democraciacristiana, nunca se definió como socialista. Pero cambiar la Constitución cuando has llegado al poder gracias a una conspiración de palacio y sin ganar las elecciones es más difícil.

En el fondo, quitar poder al Senado y una reforma electoral que da la mayoría de los escaños al partido más votado suscitaba dudas legitimas. Asegura la gobernabilidad, pero podría dar demasiado poder al Gobierno en un país que ha elegido tres veces a Silvio Berlusconi y facilitar la de Beppe Grillo. En la forma, Renzi lo convirtió en un plebiscito sobre su persona, produciendo una coalición de sus muchos enemigos.

ITALIA, EL ESLABÓN DÉBIL DE EUROPA

La inquietud en Bruselas es grande, pero no ha sido un voto antieuropeísta como los populistas proclaman. La economía italiana y sus bancos son los eslabones débiles de Europa, y surge de nuevo el temor a una crisis de la deuda. De momento no puede haber nuevas elecciones, porque el país no tiene una ley electoral aplicable. Todo dependerá de la habilidad del presidente Sergio Mattarella para que se forme un Gobierno técnico o de coalición. El PD de Renzi no debería participar y prepararse para cuando toque votar.

Todo eso ocurre con un nuevo telón de fondo. Hasta hace poco la socialdemocracia europea era un partido del 40-45% de los votos. Ahora lo es del 20-25%. Y dividido en casi todas partes Se puede analizar la situación país por país para comprobarlo. Tiene que aprender a pactar y cooperar para defender mejor los valores que la hicieron mayoritaria entre las clases populares.