30 mar 2020

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Al contrataque

Imagen de archivo de una manifestación favorable al exagente de la NSA Edward Snowden, ahora afincado en Moscú.

AFP / MANDEL NGAN

Vigilados

Ana Pastor

Entra de manera sigilosa en la habitación del hotel en el que nos han citado, después de cambiar de ubicación dos veces en las últimas horas en Moscú. Ha llegado sin las gafas habituales, con un traje oscuro con chaleco y americana. En la espalda, una pequeña mochila en la que asegura llevar un ordenador portátil. La deja a unos metros de su silla. A la vista con un leve giro de cabeza. En la distancia corta, Edward Snowden es un chico simpático y hablador. Tiene aspecto aniñado. Cualquiera diría que es el mismo joven que ha puesto en jaque a los servicios secretos de todo el mundo cuando filtró a 'The Guardian' y 'The Washington Post' que Estados Unidos espiaba dentro y fuera de sus fronteras. No solo a posibles sospechosos de haber cometido un delito. No solo a más de 120 jefes de Gobierno como Merkel, Hollande, Berlusconi o Rajoy. Snowden dice que se está vigilando a ciudadanos en cualquier lugar y por cualquier motivo.

Que tú, lector de este artículo, estás siendo observado cuando llamas por tu teléfono, cuando envías un mensaje o cuando mandas un correo electrónico. ¿Si no tengo nada que ocultar por qué tengo que preocuparme? Para empezar porque tienes derecho a proteger tu intimidad. Pero, además, Snowden asegura que quizá ahora no les interesa demasiado la información que obtienen sobre tu persona, pero quizá dentro de un tiempo te conviertes en alguien incómodo o molesto y pueden rescatarla contra ti. Es una acusación muy grave. En el caso de España, el Gobierno y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) lo niegan. Cuando se lo contamos a Snowden le entra la risa. Antes y después de empezar la entrevista (que podrá verse este domingo en La Sexta), hace preguntas sobre nuestro país, sobre los últimos casos de corrupción y otras noticias de la actualidad. Quizá le interesa. O quizá conoce algo que nosotros no.

LOS ATENTADOS DE PARÍS

Durante la conversación utiliza ejemplos muy pedagógicos que ponen los pelos de punta. Reconozco que soy una ingenua. Pensé que, tras el escándalo que sus filtraciones provocaron en cada rincón del planeta, Estados Unidos había dejado de hacerlo. Snowden asegura que no solo no se ha interrumpido sino que ahora esas prácticas son todavía más agresivas. Y algo peor.

Dice que esta vigilancia no ha servido en la lucha contra el terrorismo. Explica que quienes atentaron en París, el pasado mes de noviembre, se comunicaban ordinariamente con teléfonos normales y a través de mensajes sin ningún tipo de encriptación. Y eso no evitó la masacre. Es su versión. La de alguien que no trabajaba precisamente en una ONG, sino en la Agencia Nacional de Seguridad del país más poderoso del mundo. La de alguien que un día decidió contar todo y es ahora uno de los hombres más buscados por su país, por Estados Unidos.