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Análisis

¿'Match point' en la política catalana?

Enric Marín

Si repite la fórmula electoral del 27-S, el independentismo podría transitar definitivamente de la tragedia a la comedia

En la política no es frecuente que tantas cosas dependan de tan pocos. Como en la película Match point de Woody Allen, un hecho imprevisible, la decisión de un puñado de militantes de la CUP, ha marcado el devenir político. Si la moneda hubiera caído del lado del , habría tomado forma el mandato democrático del 27-S, y este hecho habría gravitado enormemente sobre un escenario político español bloqueado. Los acontecimientos se habrían precipitado. Era imaginable un acuerdo de gobernación en España estimulado por la reanudación del proceso constituyente en Catalunya. Pero, paradójicamente, el núcleo formalmente más radicalizado de la política catalana ha optado por la opción más conservadora: volver a repartir cartas en Barcelona y Madrid difiriendo el conflicto democrático con el Estado. En cuanto a la CUP, se trata de una autoinmolación política difícil de entender observada extramuros. Casi tanto como la aparente dificultad de CDC para consolidar la continuidad renovada de su proyecto político si Mas no se garantiza la presidencia de la Generalitat.

¿Cómo queda el proceso soberanista tras el aborto de una legislatura abierta por unas elecciones plebiscitarias? El movimiento independentista necesita reeditar una mayoría parlamentaria sólida que garantice la gobernación y la aplicación de la hoja de ruta pactada. A estas alturas parece muy difícil. No llegar a eso ralentizaría el proceso haciéndolo depender de la evolución del escenario político español. O, peor, lo hibernaría. Para el objetivo de repetir mayoría, no parece razonable repetir la fórmula electoral del 27-S. Haciéndolo, el independentismo podría transitar definitivamente de la tragedia a la comedia. Con una CUP desconectada y con un Podem crecido después del 20-D, solo una ERC ampliada pero con perfil propio podría estar en condiciones de pugnar por ocupar el espacio central del soberanismo de izquierdas desde posiciones independentistas. En cuanto a CDC, sus opciones de crecimiento pasan por acelerar la renovación interna y marcar tanta distancia como sea posible con la memoria del pujolismo. El futuro político de Mas está inevitablemente ligado a los próximos resultados electorales. Ahora sí, se lo juega todo a una carta.

Pase lo que pase este marzo, las condiciones económicas, políticas o culturales que han facilitado la centralidad social del soberanismo no desaparecerán. Ya son estructurales. La política española seguirá estando marcada por los efectos sociales de la crisis económica, por la crisis sistémica de las instituciones y por el proceso soberanista catalán. Si el bloque independentista consigue una nueva mayoría parlamentaria, las elecciones españolas estarán muy marcadas por el proceso soberanista. Y el PSOE meridional podría abrir la puerta a la gran coalición dinástica. Si el bloque independentista pincha electoralmente, la recuperación relativa del bipartidismo español podría permitir un esquema de gobierno más convencional. Pero el probable reforzamiento electoral de Pablo Iglesias no permite pensar a corto plazo en un replanteamiento profundo de la crisis sistémica española.

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