LA RUEDA

Ada Colau: ni ruptura ni reforma

Medio año discreto de Barcelona en Comú, superada por el alud municipal y a la espera de un pacto con ERC y/o PSC

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La alcaldesa Ada Colau desciende una de las escalinatas del ayuntamiento de Barcelona. / FERRAN SENDRA

La alcaldesa Ada Colau desciende una de las escalinatas del ayuntamiento de Barcelona.
Ada Colau, en el Ayuntamiento de Barcelona.

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Medio año de Ada Colau como alcaldesa y el balance de la gestión de Barcelona en Comú es más bien discreto. Su éxito parece ser no haber provocado el cataclismo que sus adversarios políticos y económicos auguraban. La ciudad funciona con una maquinaria funcionarial profesional y solvente que cubre los déficits de 11 concejales que no dan abasto. La continuidad del congreso de móviles, la retirada del busto monárquico de la sala de plenos y la moratoria de hoteles son los 'hits' de una Colau que ya ha recibido una tarjeta amarilla por parte de la PAH y a quien la CUP ayuda a presentarse como moderada. El desconocimiento de la organización municipal y una cierta marginación de la experiencia de ICV -¿hoy hubieran apartado a Ricard Gomà de la lista?- por parte del núcelo duro de Colau se añaden a la debilidad política que supone gobernar en solitario, con 11 de 41 concejales.

Baño de realismo o aterrizaje prudente, en estos seis meses desde la investidura uno sospecha que se ha impuesto una cierta táctica. Primero fue esperar que pasaran las plebiscitarias catalanas sin quemarse -Colau se reservó, ninguneando a Lluís Rabell y a Catalunya sí que es Pot- y ahora le falta superar el 20-D deseando un mejor resultado de En Comú Podem, que se forme Govern (o no) y se concrete un pacto municipal con ERC y/o PSC. Lo último de Jaume Collboni y los excesos mitineros de Colau no ayudan mucho al pacto con los socialistas. Quizá todo empiece después de Reyes, y este medio año habrá sido un 'wait and see' político que -vaya paradoja- contrasta con la euforia de Pablo Iglesias a la hora de exprimir el nombre de Colau como 'alcaldesa del cambio'. Si Podemos quiere cambiar España a la misma velocidad, necesitaremos mucha tila. En Barcelona, nada de ruptura y poca reforma.