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Xenofobia y supremacismo

Joaquim Coll

Mucho se ha hablado de la elección de Xavier García Albiol como nuevo cabeza de cartel del PP catalán. A nadie ha dejado indiferente. Su lenguaje cuanto menos ambiguo en el terreno de la inmigración le ha valido acusaciones de xenofobia. La salud de la democracia exige denunciar el populismo o el uso de categorías antijurídicas como «primero, los de casa» pues tal prelación en el acceso a los servicios públicos no puede existir en un Estado de derecho.

En el 2011, Albiol conquistó la alcaldía con un discurso próximo a PxC. Aunque su mandato como alcalde no se ha caracterizado por exabruptos racistas, el equívoco lema que utilizó en campaña (Limpiando Badalona) lo situó nuevamente en un terreno problemático que sirvió en bandeja el argumento para desalojarlo del poder. Y ese deplorable lema condicionará sin duda su candidatura para el 27-S.

Lo que resulta curioso es que muchos de los que denuncian el racismo velado de Albiol, les pase por alto el supremacismo que hay detrás de las entidades separatistas cuando no el odio hispanófobo de determinadas personas representativas del nacionalismo catalán. Xabier Barrena nos alertaba la semana pasada en EL PERIÓDICO de la existencia de una caverna nostrada, caracterizada por la xenofobia y el etnicismo a partir de una seria de frases del nuevo presidente de Òmnium Cultural, Quim Torra, tras la entrada en política de Muriel Casals.

Esa caverna podría completarse con otras muchas frases llenas igualmente de veneno dichas por políticos nacionalistas de primera fila, periodistas que forman parte del star-system catalán e intelectuales reputados que son también opinadores habituales.

Capítulo aparte merece la secesionista Associació de Municipis per la Independència (AMI), que ha logrado tras las municipales incorporar nuevos ayuntamientos y más aportaciones económicas. Por lo menos en dos casos ha sido posible gracias al apoyo de los concejales del PSC, concretamente en Castelldefels y Terrassa.

El problema que plantea la adhesión a esa entidad es que vulnera una de las libertades fundamentales de un Estado democrático: la libertad ideológica y el pluralismo. Su adhesión convierte en oficial para todo el municipio el deseo secesionista de la AMI. Por si eso solo no fuera grave, la entidad refleja una mentalidad supremacista («el alma del pueblo catalán siempre en vanguardia en trabajo, artes, ciencia y pensamiento», rezan sus estatutos) e hispanófoba (no existe otra España que la inquisitorial y agresiva de Felipe VPrimo de Rivera y Franco).

Es incomprensible que el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, haya consentido que dos municipios de la importancia de Terrassa y Castelldefels se sumen a un horror así. Menos todavía que Eva Granados, su número dos en la lista para el 27-S, pidiese respeto por la decisión de los ediles locales o lo justificara para poder hacer políticas sociales. ¿Respeto para el cinismo y la cobardía?

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