08 abr 2020

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La clave

Combustible para un incendio

Joan Manuel Perdigó

Participación. He ahí una de las claves de la democracia. Desde que los griegos empezaron a practicarla, con paréntesis de milenios, los humanos hemos intentado ejecerla. Ahora que triunfa la nueva política, regresan las ansias de participar de mil maneras y de cuestionarlo todo, porque la democracia es algo más que votar regularmente. Pero todos sabemos que, con más o menos foros, para auscultarnos hay que pasar por las urnas. De plástico, cartón o digitales, pero urnas.

Los catalanes, en las 40 veces que hemos votado en estos 38 años, hemos hecho de todo. Desde desentendernos (europeas del 2004: 36,9%), pasando por la languidez del periplo autonómico (siempre entre el 50% y el 65%), hasta ponernos a la cabeza de la movilización, como si nos empujara un resorte. Ya lo dijo Ana Botella tras las mentiras del 11-M: «Cuando vimos cómo votaba Catalunya, supimos que habíamos perdido» (75,9%). Siempre hemos estado por encima del 70% en las legislativas, excepto en la mayoría absoluta de Aznar (2000: 64%). Y tenemos dos gestas: En 1977, cuando la democracia echaba a andar y, como diría el poeta, todo estaba por hacer y todo era posible (igual que ahora para muchos), el 79,5% depositó su ilusión en las urnas. Y aún más, tras el golpe del 81, cuando España se apuntó al cambio que prometía Felipe González, el 80,8% de los catalanes se sumó a la ola.

En septiembre del 2012 comenzó la (incuestionable) movilización independentista, y en noviembre Mas puso las urnas. Un éxito para unas autonómicas: acudió a la cita ¡el 67,7%! Quien no vota no tiene derecho a quejarse de quien le gobierna, pero el independentismo debería reflexionar sobre su capacidad de movilizar y entusiasmar. Sobre su combustible real para despegar.

Votos, escaños

Podemos jugar a si el 27-S hay que ganar en votos o escaños. Es un absurdo. Dicen que los mercados no están nerviosos porque no se creen la secesión. Peor para el independentismo es que un buen número de catalanes interprete que el debate va de más de lo mismo. En ese caso, el único combustible serán los errores de Rajoy. Insuficiente para el despegue, pero capaz de provocar, seguro, un buen incendio.