¿La nueva política es algo más que gestos, activismo y causas claras y diáfanas?

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Una de las primeras acciones de Ada Colau después de ganar las elecciones municipales en Barcelona, fue la de participar con la Fundació Arrels a hacer un censo de personas sin techo.

Ningún alcalde, ni cargo electo, ha de sentirse ajeno al problema de las personas sin techo que haya en la ciudad. Y seguramente es bueno que un alcalde muestre ese interés por los más desfavorecidos de la ciudad de Barcelona. Hasta aquí todo son parabienes al gesto de Ada Colau.

Sólo con activismo y gestos no solucionamos este ni casi ningún problema. El activismo sirve para condicionar agendas, focalizar medios, poner medidas paliativas y movilizar poderes públicos para que estos actúen en el largo plazo con los complejos problemas como puede ser el que sufren las personas sin techo.

Pero más allá del activismo las políticas públicas no se mueven en la lógica del activismo sino de la complejidad.

Como muestar un ejemplo, relacionado precisamente con el problema que sufren las personas que viven sin techo.

Hace 10 años el ayuntamiento de Barcelona quiso implantar un equipamiento para personas sin techo en el barrio de Horta. De las 4 asociaciones de vecinos que podrían sentirse afectadas (Montbau, Horta, Vall d’Hebron y Teixonera) por este nuevo equipamiento 3 reaccionaron totalmente en contra y sólo una lo apoyó.

El problema generó en un conflicto vecinal que duró años, que terminaron sufriendo y desgastó a los grupos municipales del PSC, ICV y de ERC que gobernaban el distrito.

El equipamiento permitía dar un espacio a una comunidad de personas sin techo que mal vivían en las calles de Horta especialmente en la Plaza Ibiza de ese barrio. Pero una parte muy movilizada de los vecinos de los barrios del entorno se oponían a este equipamiento en el barrio.

Con esto quiero decir que para cierto tipo de activismo, especialmente el que tiene los gestos y las escenificaciones públicas como un elemento de alto valor, se realiza en un entorno de blancos y negros, la causa por la que luchamos contra los poderes a los que y las fuerzas que se oponen a la causa.

El mundo del político y de las políticas públicas, y también el mundo de un activismo que ha de lidiar con problemas complejos más allá de la denuncia y el gesto es un mundo lleno de grises.

Ada Colau en toda su trayectoria de activista siempre ha jugado a estar en el lado “blanco” de las causas y se ha movido muy incómoda cuando ha tenido que jugar en los entornos grises, incluso negándolos.

Ada Colau es capaz de gestionar muy bien la imagen y los gestos, de focalizar su esfuerzo en las causas “blancas” claras, diáfanas, donde hay unos “malos” y unos “buenos”.

Lo que no sé hasta qué punto ella será capaz de superar esa carencia de su trayectoria activista de saber moverse en un mundo lleno de grises, de poder buscar soluciones reales a los problemas que como activista detecta y denuncia.

Le guste o no, las soluciones pasan por un espacio de grises en el que de forma inevitable habrá un buen número de vecinos que no les guste las soluciones. Y estos vecinos son tan “gente” como cualquier otro vecino.

Otro alcalde que se ha movido incómodo en el conflicto es Xavier Trias, de ahí que su mandato se caracterizara por cierta inactividad y una endémica elusión del conflicto.

Espero que el mandato de Ada Colau espero no se caracterice por uno en el que sólo se actúa sobre aquellos problemas y causas cuya solución es diáfana.

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También espero que cuando la alcaldesa Ada Colau entre en el mundo de los grises a solventar problemas dentro de la complejidad, no utilice el maniqueísmo activista que la ha caracterizado para tildar de “malos”, “casta” o cualquier término cosificador a aquellos que la solución no les guste.

¿Veremos si la nueva política es algo más que gestos, activismo y causas claras y diáfanas? Deseo que sí. Por el bien de Barcelona.