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EL RADAR

WhatsApp es Dios

Inma Santos

Lo que podría parecer un avance tiene el potencial de crear conflictos entre amigos y pareja

¿Recuerdan un corto titulado 'El doble check del WhatsApp (y sus problemas)'? Seguro que sí, fue finalista de la  10º edición Notodofilmfest 2012 y causó furor en la red (más de un millón de visitas). Resumía en tres minutos los posibles efectos de dicha aplicación en la vida en pareja. Hagan memoria: Lucía Miguel, los protagonistas, planifican una escapada romántica, y la conversación transcurre con normalidad hasta que él dice: "Ayer te mandé un wasap y no me contestate". "No sé, no me llegó", responde Luci. "Hizo el doble check", replica Miguel como prueba del delito. Y empieza la discusión: ¿Luci leyó el wasap o solo le llegó al móvil?

"¿Y a qué viene eso ahora?", se preguntará más de uno. De acuerdo, España entera ha pasado la semana pendiente del 9-N, se ha indignado con la corrupción y se ha emocionado con el alta médica de Teresa Romero. Pero,  en el día a día, el top ten de las conversaciones ha sido WhatsApp y su nuevo servicio. Sí, por si no bastaba con la confirmación de enviado (un check) y de recibido (dos checks), la aplicación incorpora desde el pasado jueves el doble check azul, que confirma que el destinatario ha leído el mensaje (¡y  a qué hora!). Ahora sí, como decía Miguel, en aquel corto: "El doble check es Dios".

El caso es que esa omnisciencia no ha caído en gracia a muchos usuarios. "Llegó el día en que el imprescindible WhatsApp cedió al deseo de los más cotillas y paranoicos", protestaba en una carta Leticia Quiterio (estudiante. Barcelona). Y es que lo que podría parecer un avance tecnológico incluso deseable (piensen en las madres preocupadas por si sus hijos han leído o no sus mensajes) esconde lagunas que pueden dar lugar a nuevas fuentes de conflicto. Sobre todo, si partimos de la base de que WhatsApp es la aplicación de mensajería instantánea de mayor implantación (96%) -más de 600 millones de usuarios en el mundo- , la que más ha influido en las relaciones sociales y más crisis de pareja y tensiones entre amigos ha propiciado.

"¿Dónde queda nuestra libertad como individuos?", preguntaba indignada en una carta el pasado jueves Ariadna Manga (estudiante. Mollet del Vallès). "El nuevo ajuste limita una vez más nuestra privacidad", apunta Iona Salvador (estudiante. Barcelona). Resulta chocante que en esta sociedad que vive continuamente conectada, en la que muchos exponen y airean sin reparos su vida privada en redes sociales, en la que es normal que muchos cuelguen en un muro o tuiteen qué hacen, dónde, cómo y con quién (foto incluida), a miles de usuarios de WhatsApp les enfade un doble check azul. ¿Por qué? Porque molesta perder el control de la situación. Porque bajo esas dos palomitas de color se esconde para muchos una forma más de controlar a la persona que está al otro lado de la pantalla.

Tal vez es ridículo decir que WhatsApp atenta contra la libertad del usuario (basta con apagar el móvil o desinstalar la aplicación), pero podría convertirse en un intruso que vulnere la intimidad o, en los casos más obsesivos, en herramienta de coacción. "Muchos huimos de Facebook porque el chivato "Visto" con la hora nos amarga; nos quita el derecho a no contestar sin causar enfados, en caso de que en ese momento no podamos, nos lo tengamos que pensar, o no nos apetezca. Pero ahora, ya no podemos huir; WhatsApp nos han acorralado" protesta Sara Pérez (estudiante. Vilanova i la Geltrú).  Como añade Iona Salvador en su carta, "¿Qué pasa si no quiero contestar los mensajes justo al momento? Siento que me están obligando de alguna manera y que si no lo hago, una especie de guerra civil online entre mis contactos va a empezar". La respuesta, sin embargo, debería ser que no pasa nada.

Había vida antes de WhatsApp. Si el doble check es Dios, en la mano de cada uno está creer o no creer.

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