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Hace unas semanas, la dirección de Médicos Sin Fronteras(MSF), convocó varios diputados de diversos grupos parlamentarios del Congreso a una reunión de trabajo para trasladarnos la necesidad de que el Gobierno español se tomara en serio la epidemia del ébola; nos reclamaban apoyo para movilizar todos los recursos disponibles para combatir un virus que ha liquidado varios miles de personas y puede infectar bastantes miles más en varios países africanos.

La gente de MSF constaba que las autoridades sanitarias de estos países y las estructuras de la cooperación internacional existentes eran incapaces de contener la epidemia y que los sistemas nacionales de salud se estaban desmoronando, incrementando la capacidad destructiva del ébola y que se imponía una contundente reacción de la comunidad internacional.

En concreto, y como demandada principal, la organización humanitaria reclamaba del gobierno del Estado la puesta en marcha de un puente aéreo para el transporte del personal y el material necesario a los países afectados desde una base lo más cercana a la zona cero de la epidemia, siendo la base del Programa Mundial de Alimentos en Las Palmas de Gran Canaria, inaugurada hace muy pocos meses y con una enorme capacidad logística, el objeto específico de la petición.

Han pasado las semanas, la situación en África occidental se ha agravado, el ébola ha llegado a España y el Gobierno de Rajoy parece que no se quiere enterar que sólo movilizando recursos hacia el origen de la epidemia, ésta no será erradicada y que nuestra seguridad sólo estará garantizada en la medida en que lo esté en el países donde se ha extendido de manera tan brutal. Como muy bien nos recuerda Rafael Vilasanjuan, del ISGlobal, los virus no tienen fronteras.

La crisis humanitaria del ébola, pero, vuelve a poner de manifiesto el error que supone recortar la Ayuda Oficial al Desarrollo, como han hecho todas las administraciones y singularmente el Gobierno español durante estos últimos años; sistemas nacionales de salud precarios, sin recursos ni capacidades, no pueden hacer frente a una epidemia de estas características. Y la Ayuda Oficial al Desarrollo tiene que ver, y mucho, en la construcción de sistemas nacionales de saludos sólidos.

Más allá de la dimensión ética y humanitaria de la cooperación internacional, una mirada más egoísta nos debería recordar lo pequeño que se ha hecho el mundo en el que todos convivimos y que hay pocos grandes retos locales que no tengan una dimensión global y que la política de cooperación internacional para el desarrollo también tiene que ver con nuestra prosperidad y nuestra seguridad.

Del mismo modo que invertir en la investigación de medicamentos y vacunas para las enfermedades que afectan principalmente a los países más pobres, sin demasiada posibilidad de retorno económico a corto plazo, forma parte de una inteligente política para garantizar nuestra salud.

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Y es que nos falta un egoísmo inteligente para volver a invertir en el desarrollo de estos países que están a pocas de horas del aeropuerto de Barcelona-El Prat

Post publicado en el blog de Carles Campuzano.