Opinión | tú y yo somos tres

Ferran Monegal

Crítico de televisión

FERRAN MONEGAL

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ADN, suspense y anuncios

El drama de los niños robados suscita una irrefrenable atracción televisiva. Es un tema delicado. Y la delicadeza no es una cualidad de la que la tele vaya sobrada. He visto el trabajo que nos acaba de presentar Tele 5 (Niños robados, ¿dónde están?). Se lo han encargado a Jordi González. Estoy de acuerdo en la elección: es el único presentador con que cuenta esta cadena capaz de conducirlo sin que el resultado chirríe. El tema estrella era el caso de Jaqueline y Pilar. Querían saber si eran madre e hija. Contó Jaqueline que, 40 años atrás, fue ingresada de parto y le fue robada su hija con la connivencia de su madre, la abuela de la niña. Jaqueline apenas sabía leer ni escribir, y le hicieron firmar un papel diciéndole que era la defunción de su hijita. Jordi ha extremado la sensibilidad con esta madre y esta hija. No ha podido, no obstante, sustraerse del lenguaje televisivo, el suspense dilatado del resultado de las pruebas de ADN de esta madre y esta hija. Tanto se retardó la apertura del sobre que, cuando Jordi lo tenía en la mano, y decía: «¡Estoy a punto de abrir el sobre!», se escucho la voz de Pilar que apostillaba: «Sí, y ahora dirás 'después de la publicidad'». Lo soltó con un punto de humorismo, pero acertó: ella y su madre tuvieron que esperar a otra tanda de anuncios para saber que eran, efectivamente, madre e hija. Al margen de estas estrategias televisivas, ralentizando el desenlace en busca de la ansiedad y de la lágrima viva, al menos cabe constatar que todo sirve a un buen fin. Por fortuna, no es aquello que nos hacía Alicia Senovilla años atrás (en los años 2004 y 2005) con su degradante y vil programa La hora de la verdad (Antena 3 TV), en el que también recurría al análisis de ADN, pero no para devolver a las madres sus hijos robados, sino para saber si el marido era un cornudo y si la esposa iba ligera de cascos por la vida.

VICENTE ROMERO .- Celebro que A-3 TV esté dando cabida a Vicente Romero, ese gran y experimentado reportero que TVE despidió porque le consideraban viejo. Ayer, en la Noticias del mediodía, nos ofreció una pincelada desde el campo de refugiados Bab al-Salam, en Siria. Nos mostró en qué infectas condiciones sobreviven los 17.000 refugiados allí hacinados, incluidos más de 5.000 niños. Vicente, al igual nuestro compañero Marc Marginedas todavía secuestrado en Siria, dan sentido a un modo de entender el periodismo. Una manera de entender el oficio que lamentablemente se extingue.