14 ago 2020

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Ecos de Catalunya en Rumania

Joan Salicrú

El pasado día 11 me encontraba en Bucarest, la capital de Rumania, país que goza de una realidad mucho mejor que la imagen que de él tenemos, dicho sea antes que nada. Y aunque obviamente no vine para ello, pensé que sería interesante tratar de averiguar si hasta aquí llegaba el eco de la cadena humana catalana. Me lo tomé como un experimento sociológico --o quizás tendría que decir político--: si encontraba alguna referencia a la cadena humana en la prensa rumana o en los informativos de televisión, significaría que la internacionalización real del conflicto sería un hecho.

Ya en el hostal donde me albergaba, por la noche, busqué una y otra vez alguna referencia a nuestra cadena en los distintos canales. Pero no supe encontrar nada. Al día siguiente compré uno de los periódicos nacionales, 'Jornalul National', para ver si aparecía el término independencia o Catalunya en sus páginas: tampoco. No me sorprendió; lo que de verdad me habría dejado frito es que el estruendo de la cadena hubiera llegado hasta aquí --la información internacional tampoco parece que abunde demasiado en los medios de comunicación del país; él último día de mi estancia fui a un estanque de la calle principal de Constanta, tercera ciudad del país, y sólo dispensaban periódicos locales.

Los días siguientes llevé a cabo otro experimento para insistir en mi trabajo de campo. Ante la típica pregunta sobre mi origen y dando una respuesta políticamente correcta por mi parte --del tipo "Barcelona, Catalunya, Spain"--, esperaría la menor referencia al conflicto Catalunya-España para ver hasta donde están al caso los rumanos de “lo nuestro”. Y primera sorpresa: algunos si estaban al caso, aunque hay que tener en cuenta que algunos rumanos viven en España o tienen parientes aquí que les deben contar un poco de que va su vida allá.

La sorpresa en mayúsculas vino después de visitar el Delta del Danubio, en una conversación de café en un restaurante allá donde ya no es posible seguir en coche: una madre y una hija de Bucarest, las dos economistas y con un inglés excelente, me sacaron el tema, me dijeron que si vieron la cadena humana por televisión rumana y que estaban perfectamente al caso de los deseos independentistas de una parte de la sociedad catalana. Pensé en llamar al 'president' Mas desde ahí mismo para anunciarle que si la ola de la cadena había llegado a Rumania, podía dar ya por exitoso el proceso de internacionalización del conflicto.

Pero aún me explicaron algo más relevante políticamente: una región rumana de mayoría húngara situada en los Cárpatos --el País Székely, lo llaman las guías-- pone Catalunya como ejemplo para pedir también su independencia. "Os ven a vosotros y se preguntan: 'Si los catalanes pueden cambiar las fronteras de la Unión Europea, por qué nosotros no?'", me aseguró con un punto de desdén la madre, funcionaria de Comercio Exterior en la época Ceaucescu.

Mis interlocutoras hacían referencia a las regiones de Harghita, Covasna y Mures, que suman un total de 611.391 personas (en las dos primeras, los que se sienten húngaros son mayoría), dónde los carteles están en húngaro y "puede que también" en rumano, para decirlo de una forma. Pero en realidad, hay que tener en cuenta que los húngaros en el conjunto de Rumania son muchos más, concretamente 1.227.623 según el censo de 2011, representando el 6,5% de la población, de los cuales 280.000 tienen la doble nacionalidad.

En seguida recordé que Rumania es uno de los pocos países que aún no ha reconocido Kosovo --junto con España-- y que por lo tanto, habría que contar con su más que probable veto para que Catalunya permaneciera/volviera en la Unión Europea. No sólo es Madrid el problema, vaya, sino que hay otros estados de la Unión que no tienen resuelto ni de lejos el estatus de sus minorías nacionales.

Gran paradoja, pues; el éxito de la internacionalización del conflicto que pregona el gobierno catalán como forma para que la Unión Europea toma cartas en el asunto puede envalentonar --y lo está haciendo-- a otras regiones con pretensiones independentistas de otros estados del continente para hacer oír su voz. Y eso es algo que precisamente no ayudará en nada a los deseos de singularidad del 'president' Mas para el caso catalán.

La partida acaba de empezar y se juega, por lo que parece, en distintos tableros a la vez. Conviene abrir el zoom para no perderse la visión global.