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Los SÁBADOS, CIENCIA

Catalunya 2025

Manel Esteller

La capacidad de un pueblo de decidir por sí mismo puede significar grandes cambios en la investigación

Manuel Martínez mira por la ventana de su oficina de la Agencia Ejecutiva del Consejo Europeo de Investigación en Bruselas. Es al atardecer y en la plaza de delante unos niños juegan bajo una lluvia fina. Uno lleva una camiseta de Catalunya, y  otro, de España. En unos días se jugará la final de la Eurocopa entre estos países en el estadio del Anderlecht y el ambiente va calentándose.

Ahora aparta la vista del exterior y gira la cabeza para inspeccionar la estantería: se ve a sí mismo en aquella fotografía del 11 de septiembre del 2013. La camiseta amarilla, las manos unidas con amigos y desconocidos y con menos canas. ¡Parecen a la vez tan lejanos y tan cercanos aquellos días! La declaración de independencia del 2015 fue finalmente aceptada por el Gobierno español y las conversaciones con los dirigentes de la Unión Europea fueron bastante rápidas, a pesar de la burocracia habitual, y Catalunya fue admitida como miembro de pleno derecho en torno a la Navidad de aquel año.

EN EL CIELO, Francesc Macià y Pau Casals hicieron una fiesta bien grande. Ahora Manuel, un catalán llegado de Aragón, es uno de los máximos responsables de la organización de la investigación en Europa. Y con sus compañeros de edificio, el español Juan Diz, el francés Robert Desclos y el italiano Pietro Mantovani, juegan cada 15 días una partida de squash entre amigos.

Está muy contento con los informes que le llegan desde casa. Las últimas clasificaciones académicas y de instituciones, como las proporcionadas por SCImago Research Group o Thomson Reuters, colocan a tres centros de investigación biomédica y a dos de investigación en ciencias físicas y fotónicas de Catalunya entre los 10 mejores del mundo. La Universitat de Barcelona ha firmado un acuerdo de estrecha colaboración con la Universidad de Harvard que implica la cohomologación de sus estudios y un intercambio ágil de estudiantes. La Universitat Pompeu Fabra y otras están a punto de firmar convenios similares con la Universidad de Yale y también con centros académicos de la costa oeste de Estados Unidos. Su colega de educación Manon Berns, de Holanda, le acaba de comunicar que el porcentaje de abandono de los estudios ha bajado y que el nivel de inglés de los catalanes ya se ha igualado con el de los compañeros norteños de Europa.

Sonríe recordando el «cup of café con leche» de aquella política ya retirada. Quizá más importante todavía: el ministro de Ciencia e Innovación y la ministra de Ensenyament de la Generalitat han conseguido convencer a su compañero de partido de Economía y no hay ningún estudiante con talento que por motivos económicos no pueda cursar sus estudios. Aquí mismo, su segundo es Jordi Li, hijo de unos humildes tenderos de Shenzen llegados a Sant Boi de Llobregat en la última década, que pudo pagar su máster en dirección de empresas en Esade gracias a estas ayudas.

Pero no solo producimos gente eficaz y generadora de riqueza y conocimiento, sino que también se ha revertido la tendencia y la importamos, así como también sus infraestructuras. Por ejemplo, el ministro de Industria catalán tiene estas últimas semanas una sonrisa de oreja a oreja por la confirmación de que la nueva vacuna contra el melanoma se elaborará en una nueva planta de desarrollo biotecnológico situada donde antes se encontraba el cuartel del Bruc, y la antigua sede del Centro Nacional de Inteligencia será ocupada por un laboratorio de robótica dedicado a diseñar miembros artificiales para gente con discapacidades físicas.

También una buena parte de los profesionales catalanes esparcidos por medio mundo, como un jefe de servicio de un prestigioso hospital de Nueva York, el arquitecto responsable de la nueva urbanización de Macao, el economista más citado de Stanford -nacido en Camprodon- o la astronauta leridana Berta Fontcuberta... vuelven a casa. Y con ellos llega una nueva generación del norte y el centro de Europa, desacomplejada y que, además de buscar la bonanza de nuestro clima, una sanidad pública de calidad y nuestras acogedoras costumbres, admira el modelo catalán emprendedor, trabajador y de obtención de resultados.

EL LÍDER DEL laboratorio de investigación del alzhéimer ubicado en un edificio con todas las instalaciones necesarias ante el Port Olímpic es un alemán. Y la búsqueda de otro elemento de la tabla química que se está haciendo en las cercanías de Barcelona la desarrolla un prestigioso profesional que nació en Ávila. Se rumorea que el primer premio Nobel para un científico que trabaja en Catalunya por un descubrimiento hecho en nuestro país está a punto de caer.

Manuel cierra el ordenador, coge el paraguas y baja las escaleras. Los niños que jugaban a fútbol han acabado el partidito y se dan la mano. Entonces recuerda cómo la capacidad de decidir de un pueblo por sí mismo lo cambió todo.

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