Opinión | La cohesión social

Ricard Zapata-Barrero

 Profesor de Ciencia Política de la UPF y director del Grup de Recerca Interdisciplinari en Immigració.

RICARD ZAPATA-BARRERO

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Diversidad y cultura

Catalunya desaprovecha la riqueza de la inmigración, lo que no ayuda a una identidad compartida

Un país sin cultura es un país sin rostro. La cultura no es gasto, sino inversión pública. Está ya ampliamente demostrado que la política cultural puede ayudar al desarrollo económico y que incluso favorece el rendimiento de una empresa. Profundizando en la función social de la cultura se refuerza la identidad nacional. Además ahora, en época de crisis y de pérdida de confianza en uno mismo y en el sistema, la cultura puede actuar de argamasa para conectar a la comunidad de ciudadanos a la corriente principal de la sociedad y ser un eje vertebrador de la cohesión social. La comunicación interpersonal a través de la cultura es una dimensión de la ciudadanía completamente desatendida en nuestro país. Además, la cultura pone en relación a generaciones y clases sociales y ayuda a proyectar desde el presente un futuro común.

Las políticas culturales pueden jugar un papel importante para acomodar la diversidad en Catalunya, pero el debate está desatendido. Estamos, además, en un buen momento, porque no tenemos la presión de concentrar la mayoría de los recursos en la recepción de inmigrantes. En estos momentos no hay compromisos en firme, ni actuaciones que vayan más allá de la presencia de la diversidad en algunos actos culturales o en algunas relaciones a través de la política lingüística. Cuando pensamos en el vínculo entre política cultural y diversidad vemos dos departamentos que trabajan a espaldas uno de otro, cuando hay muchas cosas por hacer conjuntamente.

La incorporación de la diversidad como principio rector en la cultura es una etapa aún por construir en Catalunya y Barcelona. El Institut de Cultura de Barcelona (Icub), por ejemplo, en el último periodo del anterior mandato dio unos primeros pasos aprovechando el marco europeo de diálogo intercultural abierto en el 2008. Ahora todo parece ralentizado, cuando la dinámica abierta no era circunstancial sino con voluntad estratégica. Aparte de algunas comunicaciones puntuales, no hay relación entre las áreas de inmigración y de cultura, tanto a nivel del Govern como de la ciudad de Barcelona. Hay que salir de este solipsismo institucional. Hay que planificar una hoja de ruta que se convierta en un proyecto de ciudad y de país.

Dentro de este impulso político propongo un enfoque basado en la democratización de la cultura que promueva una ciudadanía cultural. Una participación como forma de comunicación entre la diversidad y la cultura y que dé espacios no solo para artistas de origen inmigrante y nuevos productores derumbas catalanassino que fomente la participación de los inmigrantes en las actividades culturales puede ayudar a generar un sentimiento de identidad compartida. El espacio de la cultura es un espacio de identidad comunitaria .

Algunos países sin Estado, como Quebec, ya hace tiempo que destinan gran parte de sus esfuerzos institucionales (y también dinero) a desarrollar todas las membranas de la cultura, territorializándola desde una calle y el barrio. ¡Ningún espacio en la ciudad sin cultura! Culture pour Tous es un servicio especialmente destinado a que todo ciudadano tenga acceso a la cultura. En nuestro caso es imprescindible una industria cultural para promover una identidad nacional que incluya toda la diversidad e internacionalice el cosmopolitismo de Barcelona y de Catalunya.

Necesitamos crear espacios de debate desde los barrios, un diálogo responsable entre cultura y nuevas dinámicas sociales fruto de la diversidad. Organizar encuentros de personas de diferentes procedencias culturales avalaría que la diversidad es un buen recurso para el desarrollo de una ciudad. Ahora la diversidad -que la Unesco declaró patrimonio común de la humanidad en el 2001- se evapora y se pierde en un callejón sin salida institucional que no nos podemos permitir. Perdemos energía inútilmente, de la misma forma que en invierno tener las ventanas abiertas significa desperdiciar calefacción.

La diversidad puede ser una nueva base que nutra la creatividad y la innovación en Catalunya, el desarrollo personal y colectivo. La diversidad es un recurso totalmente inexplorado desde un punto de vista de política cultural. Hay que promover la participación de los inmigrantes en la vida cultural de Barcelona y del país. Conectar nuestras instituciones culturales con la realidad de las nuevas dinámicas de diversidad contribuiría sin duda a evitar una segregación cultural que no está dentro de nuestra lógica de país. Estamos a tiempo para crear un contexto propicio que promueva una cultura de la diversidad. No es cuestión solo de dinero, sino de voluntades.