Opinión | El futuro de Catalunya

Ricard Zapata-Barrero

 Profesor de Ciencia Política de la UPF y director del Grup de Recerca Interdisciplinari en Immigració.

RICARD ZAPATA-BARRERO

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Los inmigrantes y la transición catalana

La población de origen foráneo no puede ser simple espectadora del ejercicio del derecho a decidir

El proceso histórico de demanda del derecho colectivo a decidir ya no tiene marcha atrás. Sabemos que en un momento dado se producirá una ruptura democrática que será el punto culminante. Mientras tanto, estamos en un proceso de apoyo social creciente a ese derecho desde los diferentes ámbitos y sectores de la sociedad civil catalana. Es un buen síntoma que de un día para otro los dos principales sindicatos (UGT y CCOO) y sectores del empresariado como el Cercle Català de Negocis se hayan pronunciado a favor de la consulta sea cual sea el resultado final. Faltan los colegios profesionales, las instituciones más simbólicas desde el punto de vista cultural, económico y social, como el tercer sector en su conjunto. Estamos en el inicio de un proceso que debería tener como punto de llegada un pacto nacional y social tan importante como lo fueron los Pactos de la Moncloa para la transición democrática española.

En este contexto, las entidades e instituciones con representatividad entre los inmigrantes no pueden ser simples espectadores. Es necesario que hagan valer lo que siempre han reivindicado: ser agentes autónomos e independientes. Es necesario que entren con normalidad en el debate como un sector social más de Catalunya, y que incluso pidan poder ser consultados como unos ciudadanos más, buscando los mecanismos legales de que Catalunya dispone para hacer valer lo que ya se defendió en el Pacte Nacional per a la Immigració; por ejemplo, la residencia permanente.

No hablo de la voz de los inmigrantes en las sectoriales de los partidos políticos, todas las cuales están haciendo, en distintos grados, un buen trabajo, sino de las redes de participación reconocidas, como las instituciones consultivas de asociaciones de inmigrantes y de las entidades que trabajan el tema desde oenegés y sindicatos y las ramas sociales de las distintas religiones, que juntas también votaron el Pacte. Especialmente importantes son la Taula de Ciutadania de la Generalitat y las de las principales ciudades, con Barcelona a la cabeza.

Es necesario que las administraciones promuevan espacios de reflexión sobre una consulta que afecta a los inmigrantes, que tienen derecho también a saber cómo será Catalunya en un supuesto futuro Estado catalán. No podemos volver la cara o dar respuestas abstractas. Hacen falta argumentos concretos. ¿Hay una posición única entre los partidos que defienden no ya la consulta sino la independencia? ¿Cómo ven CiU, ERC, ICV, la CUP y un sector bien visible del socialismo catalán a los inmigrantes en un Estado catalán? ¿Mejorarán estos su condición o una Catalunya independiente reproducirá los mismos agravios? ¿Cómo se gestionará la diversidad religiosa, lingüística y cultural en un Estado catalán? ¿Tendrán los inmigrantes mejores condiciones de movilidad social y de oportunidades? Solamente si ven que su situación puede mejorar se pronunciarán a favor. Por tanto, hay que introducir en el discurso político sobre la transición nacional algunos argumentos y respuestas a preguntas legítimas que se pueden plantear los inmigrantes.

Además, en esta reflexión colectiva entre inmigrantes y sociedad catalana es fundamental mostrar que hay una cierta empatía entre reivindicaciones: el derecho al voto y el derecho a decidir. Los argumentos de unos y otros son democráticos y de derechos humanos, y ambos se encuentran, dicho de forma directa,secuestradospor el Estado. Obviamente, como en todo colectivo, entre los inmigrantes seguro que hay una legítima pluralidad de posiciones y que algunos incluso están en contra. Pero el derecho básico a poder votar, el derecho básico a poder decidir, debería ser una misma bandera.

Además, por parte de los inmigrantes hay una correspondencia histórica que ahora hay que hacer valer. Al igual que en el Pacte Nacional per a la Immigració Catalunya se decantó muy directamente por la residencia como criterio para la ciudadanía catalana y se pronunció por el derecho al voto con unos criterios temporales lógicos, ahora es el momento de que el mundo inmigrante corresponda a través de una declaración conjunta a favor del derecho a decidir. Esta simbiosis entre Catalunya y el mundo inmigrante es un símbolo más que suficiente de que, sea cual sea la opción que cada persona legítimamente pueda tener, todosfem pinyacontra un Estado que no deja espacio para la libertad.

En resumen, es fundamental que: 1) se fomente una reflexión colectiva de la inmigración, de forma independiente, sobre el derecho a decidir. 2) la Generalitat explicite si habrá mecanismos específicos para que los inmigrantes puedan ejercer el derecho al voto en una probable consulta. 3) los partidos que reivindican la independencia digan cómo ven la condición del inmigrante en un potencial Estado catalán y qué criterios regirán las grandes decisiones sobre su gestión.