14 ago 2020

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Geometría CIUDADANA

¿Un estriptís de Montilla?

Joan Tapia

Cuando Rafael Jorba me dijo que había aceptado el encargo de RBA de hacer un libro-conversación con el president Montilla no pude reprimir un gesto de incredulidad. Recordé que en el 2004, poco después de que asumiera la cartera de Industria en el Gobierno de Zapatero, un buen amigo de Montilla (y mío) me dijo que había quedado con él para cenar el viernes. Le sugerí que le preguntara algo que me interesaba y que ya ni recuerdo. El sábado, puntualmente, sonó el teléfono: «Lo siento. Le pregunté y siguió un gran silencio; insistí y el silencio fue larguísimo, un silencio Montilla. Claro, cambié de tema». Después de leer las 300 páginas (en especial las referentes al Tribunal Constitucional) constato que me equivoqué. Jorba ha logrado que Montilla hable…No es un estriptís total (no hay milagros) pero quien quiera conocer un poco a fondo lo sucedido en Catalunya (y en sus relaciones con España) en el primer decenio del siglo está obligado a leerlo. No todo debió de pasar como explica Montilla, pero es el testimonio clave de los siete años de tripartito.

¿Hay puntos comunes entre los presidentes Mas y Montilla? Pocos, pero ambos tienen una exitosa carrera pragmática y realista a sus espaldas y ambos comparten un punto de tozudez, de fijación. En Mas es, a partir de cierto momento, el derecho a decidir como ángel anunciador de la independencia. Cuando se inquiere sobre un cambio de guion de CiU, la respuesta de su más directo colaborador es: «Imposible con el president». La fijación de Montilla es la alternancia de izquierdas. Catalunya llevaba 23 años de nacionalismo conservador y la misión del PSC era gobernar desde la izquierda. De ahí la difícil gestación del primer tripartito (el de Maragall) y la continuación en el 2006 pese a la compleja experiencia anterior y a que ERC había votado contra el Estatut. No acepta que, tras el no de ERC, la brutal campaña del PP contra el Estatut, el recurso al Constitucional y el temor del PSOE a implementarlo, lo conveniente era la gran coalición.

Sumar o restar

Un destacado conseller me dijo que si el PSC iba a Madrid con ERC no sumaba nada (restaba). En cambio, si el PSC y CiU, los dos grandes partidos, iban juntos, podía ser otra cosa. Montilla argumenta que la ERC del 2006 era diferente. Independentista y contraria al Estatut, sí, pero suscribió un programa que se centraba en aplicar el Estatut. Y sostiene que no se podía enterrar la alternancia porque en el Parlament había una mayoría de izquierdas. Se habría visto, además, como un acto de sumisión al PSOE. Zapatero tenía buenas razones para desear la gran coalición, pero el PSC no podía sacrificarse a los intereses del PSOE. Habría tenido un coste muy alto.

El segundo tripartito también lo tuvo, pero Montilla cree que el PSC perdió básicamente por la crisis, que empezó en el 2008 y forzó las medidas de austeridad de Zapatero de mayo del 2010, a pocos meses de las elecciones catalanas, y por la sentencia muy poco después del Constitucional sobre el Estatut. Y de aquí Montilla no se mueve (como Mas de la consulta). El Constitucional no es el Supremo, es un órgano político y la única sentencia aceptable era el aval al Estatut que ya había sido aprobado en referendo. No hay precedente de algo votado por el pueblo que luego sea declarado inconstitucional. «El Estatut no es solo un texto jurídico. La clave es que para nosotros era y es la norma básica de Catalunya y por tanto su modificación tiene unos efectos políticos y simbólicos que no se pueden desligar de los jurídicos... La lectura de la sociedad catalana es 'ens han donat un cop de porta als nassos'» (página 190).

Montilla cree que hubo errores en Catalunya. El primero, no hacer todo para sumar al PP catalán, aunque cree que seguramente habría sido inútil. El PP quería cargarse a Zapatero, que les había robado el poder. Si convencían a los españoles de que Zapatero daba trato de favor a los catalanes y alimentaba el independentismo de ERC, lo podrían liquidar. Y aprobado el Estatut, se trataba de que el Constitucional dijera que Zapatero había violado la Constitución. Por eso la aberrante recusación de Pérez Tremps; por eso no permitieron la renovación del tribunal hasta que hubo sentencia. Y Federico Trillo -hoy embajador en Londres- mangoneó el Constitucional mucho más que el Gobierno. Pérez Tremps era uno de los dos magistrados (sobre 12) nombrados directamente por el Gobierno. Si hubiera dimitido se habría corregido el desequilibrio. Y el otro del Gobierno, Aragón Reyes, quería ser presidente con los votos del PP. Y la presidenta, María Emilia Casas, fue débil. ¿Se debía haber retrasado más la sentencia? Montilla suspira: «Desgraciadamente, ya no cuando cuatro magistrados amenazaron con una querella contra la presidenta por prevaricación».

La desafección

Para Montilla, el PP es el principal responsable de «la desafección entre Catalunya y España» porque no dudó en azuzar el peor nacionalismo español contra el Estatut para cortar la cabeza de Zapatero. Pero el PSOE tampoco estuvo a la altura. No supo defender bien un Estatut que solo fue posible gracias a sus votos en el Congreso y Senado. Pero cree que queda mucho del Estatut. Políticamente el PP ganó porque se desautorizó lo votado por el pueblo, pero jurídicamente perdió porque la gran mayoría del texto sigue vigente. Por eso Mas se equivoca al no exigir la reuniones de las comisiones mixtas y el despliegue. Es legítimo aspirar a más, pero es un error no exigir lo que ya tenemos. No conviene renunciar a nada y menos a dejar de liderar la revisión pactada para este año del sistema de financiación.

Montilla no profundiza en las críticas, pero subraya la inestabilidad del actual Govern en minoría: «Decían que el tripartito era inestable, pero aprobó en tiempo y hora todos sus presupuestos y no perdía votaciones; ahora hemos superado lo del Dragón Kahn».