Opinión | Gente corriente

Mauricio Bernal

Periodista

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Montserrat Sabadell: «Venía mucho, por los callos, y yo ni sabía que era cónsul»

Sus suculentos callos tienen fama aquí, allá y en Polonia. Todo por un cónsul que no perdía ocasión de comerlos.

«Venía mucho, por los callos,  y yo ni sabía que era cónsul»_MEDIA_2

«Venía mucho, por los callos, y yo ni sabía que era cónsul»_MEDIA_2

-Pikantine flaczki.

-Lo cual significa¿

-Callos. En polaco, callos picantes.

-Y eso es lo que vienen a pedir. Pikantine flaczki.

-La verdad es que casi todos lo saben pedir en español. Piden callos.

-¿Vienen muchos?

-¿Polacos? Muchísimos.

-Y todo por el cónsul.

-Excónsul.

-Cierto. Excónsul.

-La primera vez vino un polaco. Me mostró el libro y me preguntó: «Oiga, señora, ¿esta es usted?» Y yo veo ese libro en polaco del que no entiendo nada y digo: «Cómo voy a ser yo». Y me dice: «Claro que es usted. La que estamos buscando es una señora de pelo blanco». Y yo le digo: «Ya, pero señoras de pelo blanco en esta calle hay muchas». Y él: «Ya, pero no en este bar». Y yo: «¿Pero es que tiene que ser aquí dentro?» Y él: «Sí», y luego pregunta: «A ver, ¿quién guisa los callos?» Y yo: «Pues yo». Y entonces él me dice: «Ah, pues entonces sí es aquí».

-El libro del cónsul.

-Una guía de Barcelona. El cónsul, cuando dejó de ser cónsul, publicó en Polonia una guía de Barcelona, pero yo no sabía que existía, porque él me la trajo pero luego, así que yo dije: «A ver ese libro». Para mirar quién lo había escrito, y entonces vi la foto suya que hay detrás y dije: «Ah, pues sí¿» Ahí fue que me enteré que era o que había sido cónsul. Antes no lo sabía.

-¿Venía todo el tiempo y era un enamorado de sus callos y usted no sabía que era el cónsul de Polonia?

-No. ¿Por qué iba a saberlo? Yo a mis clientes no les pregunto nada. Mire la foto. ¿Lo ve? Pues con esta misma sonrisa se presentaba aquí. Llegaba y en cuanto me veía se reía, y yo también. ¿Cómo va a ser cónsul alguien que se ríe así? Yo sabía que tenía asuntos en la Generalitat, porque él me lo decía: «Cada vez que tengo que venir a la Generalitat, Montse, me paso por aquí a comer callos»; pero que era cónsul, eso no. Me quedé de pasta de boniato al saberlo.

-¿Cómo se llama?

-El señor Marek Pernal.

-¿Y siempre pedía callos?

-Siempre. Una cerveza y callos.

-Aparte de que pikantine flaczki significa callos picantes, supongo que me puede traducir lo que dice aquí. Lo que escribió el cónsul en la guía.

-Yo no, pero tengo una traducción gracias a una clienta. Una argentina.

-Que sabía polaco.

-Qué va. Probó los callos y le encantaron, y dijo que le recordaban a los de su abuela. Nos pusimos a hablar y le mostré la guía del cónsul, y cuando me preguntó le dije que no sabía qué ponía. Entonces ella sacó una fotocopia y me dijo que iba a conseguir en su país a alguien que lo tradujera, y efectivamente, un día me mandó la traducción por correo.

-Lo que hacen unos callos.

-Le leo: «El bar de tapas en la esquina de Llibreteria y Freneria¿» Espere. Más adelante. Aquí: «La propietaria, una abuela de pelo blanco, hace los mejores callos de Barcelona, esa sopa picante hecha con estómago de vaca. Si usted dice que leyó sobre ella en mi libro, recibirá sin lugar a dudas más de una brillante sonrisa».

-¿Eso es cierto?

-Pues claro. No solo eso. En verano es cuando vienen muchos polacos, y cuando entran todo es felicidad y todo son besos y abrazos; y casi siempre me piden que les firme el libro.

-¿La guía del cónsul?

-Sí. En la página donde aparece recomendado el bar. El Brusi.

-Y qué: ¿son tan buenos los callos?

-Los mejores de Barcelona. Pero no le voy a dar la receta. Se los aprendí a mi madre. Algunos vienen y me dicen: «Muy buenos tus callos a la madrileña, Montse». Y yo digo: «Callos a la catalana». Que yo soy catalana.

-Pero, ¿son distintos?

-Qué va. Son más o menos lo mismo. Pero yo soy catalana, no de Madrid.

-Ya sabemos que al cónsul le gustaban mucho. ¿Y a los demás?

-¿Sabe qué ocurre con frecuencia? Que se levanta un señor de la mesa uno, al que no conozco de nada, y viene a la cocina y me dice: «Señora, gracias por los callos». Me encanta.