Opinión | La salida de los jóvenes al exterior

Ricard Zapata-Barrero

 Profesor de Ciencia Política de la UPF y director del Grup de Recerca Interdisciplinari en Immigració.

RICARD ZAPATA-BARRERO

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Hay que gestionar la movilidad

La generación que se emancipa se va porque ve que hay más oportunidades fuera del país

Hay que gestionar la movilidad_MEDIA_2

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Es cierto que los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística marcan un cambio de tendencia demográfica destacable, causado muy directamente por la falta de expectativas que tiene una parte de la población de que su situación personal mejore. Pero también debemos ser prudentes en las valoraciones. No sabemos dónde van, los perfiles profesionales que tienen y sus edades exactas. No sé si es temprano para hablar de fuga de cerebros, pero podemos suponer que hay un perfil de jóvenes, recién licenciados y con ganas de trabajar. En números, hablamos de una salida de 62.611 españoles (han entrado 42.127, y el saldo es -20.484), y de 445.129 inmigrantes (han entrado 415.523, y el saldo es de -29.606). En total hablamos de -50.090 personas, esto es, aproximadamente la mitad del Camp Nou. Estamos pues ante un comportamiento normal en un contexto adverso donde personas con capacidad de movilidad proyectan sus estrategias de futuro fuera de nuestras fronteras. Más allá de estos datos, entramos en el terreno de las hipótesis.

Lo que los datos también nos dicen es que Catalunya de nuevo marca la tendencia con el 70% del total (unos 36.313). Dadas las circunstancias actuales, es probable que esta dinámica se convierta en estructural. El escenario es alarmante se mire por donde se mire: más del 21% de paro, población envejecida, la cifra de hijos que tienen las mujeres en España dio un paso más en 2011 en la tendencia a la baja, hasta situarse en 1,40. La edad media de maternidad alcanza los 31,17 años.

¿Debemos dejar hacer? Una reacción política está más que justificada. Dicho muy fríamente: un país que pierde su población activa está en claro retroceso. Un Govern que se mantiene como espectador es un irresponsable. La pérdida de juventud es un asunto muy grave que debería preocupar tanto como los alarmantes índices de paro. Se hace evidente que la generación que se emancipa social y económicamente se va porque ve que hay más oportunidades fuera que aquí. Incluso países de fuera construyen políticas de atracción de estos perfiles de jóvenes bien formados, como Alemania, o hace unos días con la presencia de una ministra de Quebec, que vino aquí explícitamente para atraer jóvenes a contribuir al desarrollo de Quebec. ¿Debemos dejar hacer?

Un país como Catalunya no puede permitirse esta situación. Debe iniciarse una reflexión muy seria por parte de la clase política y del Govern. Se deben buscar mecanismos inmediatos de reacción. Se debe definir una estrategia de gestión demográfica, ¡la gestión de la movilidad, ya! Lo erróneo sería impedir que salga la población, pero con un orden, y, si me permiten, con la «misma agresividad que lo hacen los gobiernos que buscan atraer a nuestros jóvenes», sin espíritu de solidaridad, sin esconderse en esta competitividad occidental sin precedentes. El Govern debe comenzar ya a registrar a los que marchan, a saber dónde van, instalando incluso agencias de colocación para ayudar a la movilidad, pero, y este pero es imprescindible, con requisitos: que se fomente un compromiso de retorno y se contemple esta salida como una opción de inversión personal, pero también social, para Catalunya. Lo que el Govern debe impedir a toda costa es que la persona que se marche lo haga con idea de permanencia. Este es el punto clave que debe resolverse si se quiere gestionar la movilidad creciente son perspectiva de futuro. No podemos permitir que la salida sea el inicio de un éxodo sin retorno, que agrave todavía más el naufragio de la sociedad del bienestar. A corto plazo esto afecta a la imposibilidad de pagar las pensiones, puesto que al irse la persona deja de cotizar.

El Govern debe reflexionar muy seriamente, tanto sobre lo que está pasando, como sobre lo que puede hacer, combinando acción de inversión y estratégica. En resumen, las pautas para iniciar un debate político son: 1) Asumir la premisa de que la gestión de la movilidad es también gestión de la crisis, y que los datos de la gente que marcha son tanto o más preocupantes que los datos del paro (es un nuevo índice a tener muy en cuenta). 2) Plantear esta tendencia demográfica en positivo, como oportunidad de que los jóvenes se formen fuera, pero motivar intenciones de volver y poner al servicio del país lo aprendido fuera a nivel de desarrollo de competencias y de capacidades (lingüísticas, de formación, experiencia, contactos con empresas, etcétera).

Si esto no se produce y ante estos datos mantenemos undejar hacer, entonces las consecuencias pueden ser nefastas a corto y largo plazo. Lo que el Govern haga ahora no es solo gestión del presente, sino comenzar ya a preparar el retorno y el después de la crisis, la sociedad futura, y preocuparse por conservar las condiciones mínimas necesarias para que la sociedad futura sea digna, se autorregule como lo hace en una sociedad del bienestar. Es tiempo de que el político muestre su función gestora y estratégica de futuro en mayúsculas, y no se deje desorientar por un oleaje de datos sin control, pero que todos apuntan al mismo diagnóstico de alarma.

Profesor de Ciencia Política en la UPF