El turno

¿Todos juntos somos imparables?

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Ha empezado la precampaña electoral del 20-N y los partidos afilan las armas dialécticas antes de tirarse al cuello de sus adversarios. Algunos se preguntarán si, con la que está cayendo, el momento actual es el mejor para las batallas partidistas alejadas de los verdaderos intereses de los ciudadanos. ¿Lo es?

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Recapitulemos. Si la bolsa es un indicativo del grado de bienestar de una sociedad, el 9 de marzo del 2008 el Ibex 35 estaba un 54% por encima del índice de los últimos días. En las pasadas elecciones generales, los efectos de la crisis aún estaban lejos de afectar a los ciudadanos con la crudeza de los últimos meses. A ningún político con dos dedos de frente se le hubiera ocurrido mencionar ni de forma remota la palabra copago. Ni copago de la sanidad, ni paro en la construcción de guarderías, ni desinversión en educación, ni cierre de quirófanos y plantas de hospitales. Pero esta es la situación que ahora tenemos. Hemos pasado de la abundancia al Estado del malestar. De hacer aeropuertos y estaciones del AVE en todas las ciudades al aumento de las listas de espera, a la supresión del cheque bebé, a las reducciones de sueldo y al anuncio de nuevos impuestos y peajes.

El ciudadano espera que no le engañen y que le digan la verdad, que le expliquen bien qué harán los candidatos si llegan al Gobierno y qué piensan hacer los que ya mandan para salir de la situación actual. Que reconozcan de forma conjunta que si hemos llegado a la situación actual es un poco por culpa de todos. Desgraciadamente, el reconocimiento de culpas no figura entre las principales virtudes de nuestros políticos. En consecuencia, me temo que la formación de gobiernos de unidad en Catalunya y España seguirá formando parte durante mucho tiempo de la utopía irrealizable de un grupo de soñadores.