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Arte

Simon Weir: «Dalí habría utilizado la inteligencia artificial con alguna finalidad extraña y singular que nosotros no habríamos podido prever»

El investigador y artista surrealista australiano, becado por el Dalí Fellowship Programme, ofrecerá una conferencia en Figueres el 1 de octubre abordando, a partir de una obra de Dalí, la capacidad que tienen el arte y la arquitectura para acoger, exteriorizar y reintegrar elementos psíquicos complejos y contradictorios

El investigador Simon Weir fotografiado bajo la cúpula daliniana, al Teatro-Museo Dalí de Figueres.

El investigador Simon Weir fotografiado bajo la cúpula daliniana, al Teatro-Museo Dalí de Figueres. / Cedida

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Cristina Vilà Bartis

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Simon Weir es doctor en Arquitectura por la Universitat de Sydney, profesor titular en la Escuela de Arquitectura, Diseño y Planificación de esta universidad, investigador, escritor y artista surrealista. Además, también es una de las dos primeras personas que la Fundación Gala-Dalí ha becado en la primera edición del Dalí Fellowship Programme y este jueves 1 de octubre, a las 19.15 horas, tiene previsto ofrecer la conferencia Passages Trough the Unconscious, bajo la cúpula daliniana. Con esta charla, que se hará en inglés y con traducción simultánea al catalán, Simon Weir analizará, a partir de la instalación Crisàlida (1958) de Dalí, cómo el artista transforma un proceso psicológico —el paso de la angustia a la serenidad— en un recorrido arquitectónico. Un movimiento aparentemente sencillo, pero lleno de imágenes ambiguas, estratificadas e irresueltas.

¿Qué ha significado para usted participar en la primera edición del Dalí Fellowship Programme?

Es una oportunidad para pasar tiempo con los extraordinarios expertos en surrealismo de la Fundación y compartir nuevas perspectivas sobre el valor del surrealismo como movimiento artístico histórico, como tradición viva y como una manera de entender la obra de los artistas en todos los períodos de la historia, incluido el momento histórico actual.

¿En qué consiste el proyecto que ha propuesto y en qué fase se encuentra actualmente?

En 1933, Salvador Dalí escribió un ensayo sobre arquitectura para la revista surrealista Minotaure, titulado De la beauté terrifiante et comestible de l'Architecture Modern'Style, en el que condensaba su compleja experiencia con la arquitectura modernista. Es un ensayo muy lúcido sobre la arquitectura, la crítica arquitectónica y sobre lo que puede llegar a hacer el arte de la arquitectura cuando los clientes asumen riesgos y buscan arquitectos que quieran crear experiencias arquitectónicas ecológicamente complejas. Mi proyecto consiste en preparar una edición anotada del ensayo que ayude a los lectores contemporáneos a entenderlo. Ahora mismo llevo dos meses de un proyecto de seis.

¿Qué aspecto de su proyecto cree que llamó más la atención?

La investigación sobre la obra surrealista de Dalí, lo que llamamos estudios dalinianos, es transdisciplinaria. Por tanto, se necesita una combinación poco habitual de conocimientos de diferentes disciplinas para entender sus escritos. Mi trayectoria como pintor surrealista y teórico del surrealismo y de la arquitectura constituye una combinación especialmente adecuada para esta oportunidad.

Por curiosidad, ¿qué imagen tienen los australianos de Salvador Dalí?

Dalí es, sin duda, famoso en Australia. Cuando di una conferencia sobre Dalí en la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, en Sydney, a principios de este año, asistieron más de 500 personas. Cuando presento su obra con detalle, el público queda sorprendido por la complejidad de sus ideas y por lo divertido que era.

Así pues, es un artista que les atrae.

Muchos artistas pintan paisajes bonitos o abstracciones geomórficas, ofrecen algún tipo de encanto formal a través de pinceladas expresivas o intentan convencernos de que adoptemos sus juicios políticos. Dalí es uno de los grandes ejemplos modernos que demuestran que el arte puede tratar cuestiones mucho más complejas, que puede ser rico desde el punto de vista teórico, lúcido psicológicamente y penetrar, con el máximo de inteligencia, en emociones complejas y contradictorias. Dalí, especialmente durante la primera mitad de su trayectoria, era un artista y un estudioso al mismo tiempo; la mayoría de personas de estos ámbitos son una cosa o la otra. Yo también soy ambas cosas.

Salvador Dalí con la maqueta de la instalación 'Crisalida' (1958).

Salvador Dalí con la maqueta de la instalación 'Crisalida' (1958). / Fundació Gala-Salvador Dalí

¿Y qué le atrajo a usted de Dalí, o cómo descubrió su obra?

Vi por primera vez la obra de Dalí cuando tenía diecisiete años y reconocí en ella a alguien que entendía el mundo de una manera con la que conecté de inmediato. Enseguida me hizo ver que la práctica de creación de imágenes que siempre había desarrollado podía convertirse en una práctica mucho más sofisticada. Al día siguiente me compré pinturas y pinceles.

Usted trabaja en el ámbito de la arquitectura, pero también es investigador, escritor y artista surrealista. Se podría decir que usted y Dalí se habrían entendido bien. ¿Por qué escogió el surrealismo para expresarse?

No puedo decir que «escogiera» el surrealismo de la misma manera que una persona tampoco «escoge» sus gustos o el contenido de sus sueños nocturnos. Surrealismo es el lenguaje contemporáneo que utilizamos para describir aquello que considero un aspecto eterno del espíritu humano. Formo parte de este linaje no por un acto de voluntad, ni por una afirmación, ni siquiera por el deseo de sentir la seguridad de pertenecer a un grupo, sino por una inevitabilidad que no puedo explicar del todo. Si no investigara sobre el surrealismo, haría lo mismo, pero lo etiquetaría con otras palabras.

Utiliza tecnología e inteligencia artificial (IA) en su trabajo. ¿Cómo le ayuda?

La vida contemporánea nos impone unas cargas cognitivas enormes. Individualmente, todos sabemos que podríamos organizarnos mejor. Sabemos que deberíamos pasar más tiempo con las personas que tenemos cerca e intentar entendernos mejor. Necesitamos tiempo para pensar en nuestras propias necesidades y en las de las personas que nos rodean para poder resolver nuestros problemas personales y políticos. Y, a pesar de ello, pasamos horas cada día corrigiendo la ortografía de correos electrónicos redactados deprisa, buscando archivos perdidos en el ordenador, consultando actualizaciones de horarios de trenes que cambian o aprendiendo a utilizar una nueva interfaz informática. El tiempo que tenemos para cuidarnos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean no está bien invertido en estas tareas cognitivas rutinarias. La inteligencia artificial nos ayuda a hacer estas cosas mucho más deprisa.

Personalmente, utilizo la IA de una manera cada vez más amplia. Recientemente, desarrollé prompts surrealistas concebidos para confundir a los modelos y hacer que generaran imágenes sorprendentes, con el objetivo de revelar el contenido latente que se esconde detrás de las maneras convencionales de hablar y escribir. La técnica se basaba en el método del «problema» de Magritte y dio como resultado imágenes inéditas de teatros de naufragios. La IA demuestra una vez más que Magritte tenía razón respecto al lenguaje; como decía Dalí, Magritte era el más educativo de los surrealistas.

¿Se impone alguna limitación en su uso?

La IA a menudo comete errores, igual que las personas, de modo que hay que comprobarlo todo de manera muy rigurosa. De cara al futuro, veo un gran potencial en la construcción, especialmente en la extracción de piedra y el trabajo de los albañiles, así como en aquellos lugares donde el polvo es tóxico y las condiciones son muy peligrosas.

¿Cree que Dalí también habría utilizado estas herramientas?

Supongo que la inteligencia artificial, porque Dalí abrazó el progreso tecnológico. Durante la década de 1970 creó imágenes holográficas, trabajó con imágenes de ADN, encargó cúpulas geodésicas... Imagino que su aproximación a la IA habría sido similar: la habría utilizado con alguna finalidad extraña y singular que nosotros no habríamos podido prever.

'Invisibility', un óleo sobre tela de Simon Weir acabado en Figueres este año.

'Invisibility', un óleo sobre tela de Simon Weir acabado en Figueres este año. / Simon Weir

¿Entiende la alarma que se ha generado recientemente y el debate sobre la necesidad de crear una normativa para su uso?

El debate me parece una extensión del problema del «tiempo de pantalla». No deberíamos dudar de que algunos sistemas en línea incorporan mecanismos que pueden generar adicción, de modo que es necesario tener cuidado en el ámbito personal, y es comprensible que se quiera ampliar este deber de protección para evitar que los jóvenes entren en entornos donde la adicción se incentiva de manera discreta. Más importante aún: por espectaculares que lleguen a ser nuestras nuevas pantallas y las experiencias digitales inmersivas, el mundo natural presenta una complejidad mucho mayor, muchos más detalles y muchos más colores. He pasado toda mi vida adulta trabajando con pantallas de un tipo u otro, pero sigo utilizando pintura al óleo para crear imágenes porque la gama cromática de la pintura al óleo supera ampliamente la de las pantallas digitales.

Usted ha estudiado y analizado la fascinación de Dalí por la arquitectura y su evolución y, sobre todo, por la figura de Gaudí.

Cuando Dalí nació, en 1904, Gaudí trabajaba en la Sagrada Família, el Park Güell y la Casa Batlló. En París, Hector Guimard diseñaba y construía aquellas extraordinarias entradas del metro. Unos veinte años más tarde, Dalí abandonó la Escuela de Bellas Artes aproximadamente en la misma época en que Gaudí murió y el Park Güell abrió; entonces ya era un lugar popular, y desde entonces todavía lo ha sido más.

Un par de años después, Dalí fue a París y vio cómo los parisinos derribaban las entradas del metro de Guimard y las sustituían por estructuras sin vida y completamente olvidadas. Esto planteó a Dalí una cuestión seria: ¿por qué unas obras que en un momento determinado habían encarnado una extraordinaria capacidad de invención e individualidad habían pasado a considerarse vergonzosas, excesivas u obsoletas? El ensayo de 1933 es, en parte, un intento de responder a esta pregunta.

Para Dalí, Gaudí y los demás artistas del modernisme eran creadores profundamente individualistas, y esta era una cualidad que Dalí consideraba importante tanto para la innovación como para que el público pudiera disfrutar del arte y de la arquitectura. Mientras algunos artistas y arquitectos defendían la estandarización y la producción en masa, el espíritu surrealista valoraba la variación y los objetos únicos elaborados a mano.

En cuanto a la conferencia que ofrecerá en Figueres, ¿qué temas tiene previsto abordar?

Passages through the Unconscious (Pasajes a través del inconsciente) trata sobre la intersección entre la psicología como herramienta de autoconocimiento y la arquitectura como medio para expresar y dar respuesta selectivamente a las necesidades y los deseos humanos.

¿Realmente la arquitectura puede transformar los procesos psicológicos?

Cuando nos preguntamos si los objetos artísticos pueden actuar sobre nosotros, primero debemos recordar que las personas son individuos con gustos diferentes, apetencias diferentes y necesidades ligeramente, pero significativamente, diferentes. El arte puede cambiar una parte de la manera en que ves el mundo si estás preparado, si participas y si encaja contigo. Por encima de todo, Gaudí, el modernisme y los edificios de Dalí nos muestran que es posible hacer algo diferente de la norma. Las personas quieren ser únicas, expresar su singularidad y ser percibidas como únicas. Es un ingrediente necesario para el sentido de la autoestima y de la identidad personal. Las personas utilizan sus casas y sus lugares de trabajo para expresar esta singularidad. Igual que ocurre en la naturaleza, cada persona y cada lugar son un poco diferentes. La autoexpresión es una necesidad humana.

Y, pese a ello, hay personas que encargan nuevos conjuntos de edificios en los que todos son iguales; encargan bloques de pisos en los que todas las viviendas son iguales, porque eso es seguro y previsible, y necesitamos un cierto grado de seguridad y previsibilidad. Pero imagínese visitar un barrio con cientos de bloques de pisos idénticos y miles de apartamentos idénticos. Supongo que su primer pensamiento no sería: esta gente debe de ser realmente feliz, deben de amar su barrio. Una atmósfera así se describe más a menudo como «opresiva». En cambio, imagínese visitar un lugar donde cada piso o cada casa sea visiblemente diferente. Menos opresión, personas más felices. No hay ninguna garantía en un sentido o en el otro, pero esto ilustra una idea más general: la uniformidad y la diversidad arquitectónicas afectan a las personas. La variedad es natural; la uniformidad es mecánica.

Esta línea de investigación no es habitual, pero está creciendo a medida que se reconoce cada vez más la importancia del bienestar humano. Es una investigación «innovadora». La mayoría de instituciones aspiran a liderar, pero hay menos que estén dispuestas a asumir el riesgo de innovar. Los líderes deben hacer que las personas los sigan y garantizar un cierto grado de seguridad durante el trayecto. Los innovadores asumen riesgos mayores y viajan más allá de los horizontes conocidos. Un buen liderazgo es muy valioso, pero todos los grandes avances de la humanidad son fruto de la innovación.

¿Este es un tema suficientemente estudiado o se trata simplemente de una teoría?

No calificaría esta línea de investigación de «simple teoría». Tanto en mi pintura como en mis escritos, en lugar de teorías propongo «constructos». Utilizo el término «constructo» en un sentido preciso y técnico. La realidad contiene estructuras, relaciones o fenómenos que todavía no sabemos identificar. Un constructo es una manera provisional de dar suficiente forma a un fenómeno que sospechamos que existe para que pueda ser investigado. La introversión y la inteligencia son constructos procedentes de las ciencias sociales. La historia de la ciencia también contiene muchas entidades y procesos que comenzaron como constructos antes de que las pruebas les dieran una base cada vez más sólida, como la tectónica de placas, los genes o los átomos.

Hay un proceso secuencial mediante el cual los constructos pueden llegar a establecerse como parte de nuestra explicación compartida de la realidad. Primero, alguien intuye y propone un nuevo constructo. Después desarrollamos maneras de identificarlo o medirlo. Estos métodos se ponen a prueba, se debaten y se amplían. Si las pruebas llegan a ser suficientemente coherentes y reproducibles, el constructo se consolida progresivamente. Mi interpretación de buena parte del surrealismo, tanto el de Dalí como el mío propio, es que nos proporciona una manera de dar una forma provisional a nuevos constructos antes de que los entendamos completamente.

La función de los artistas surrealistas no es juzgarlos ni obligarlos a encajar con aquello que ya conocemos, sino simplemente ofrecer representaciones precisas del constructo que se les manifiesta. No todos los artistas quieren hacer esto; muchos, en cambio, ilustran ideas. Uno de los matices importantes es que estos artistas tampoco deberían forzar la visión para que encaje con sus propias ideas. Parafraseando a Salvador Dalí, una pintura preocupada por las ideas es una pintura «de segunda categoría». En mi propia práctica, como le ocurría a Dalí, me encuentro con algo antes de entenderlo correctamente. Pintar, hablar y escribir le da forma. Una vez tiene forma, puedo volver a encontrarme con ello como algo parcialmente independiente de mí y empezar a descubrir qué es.

¿Dalí intentó demostrarlo?

Por lo que entiendo, el proceso pictórico de Dalí estaba orientado en gran medida alrededor de este mecanismo. La arquitectura es un poco diferente. Las interpretaciones que Dalí hacía de la arquitectura partían de la psicología, de modo que el ensayo de 1933 sobre el modernisme establecía algunos paralelismos psicopatológicos con enfermedades caracterizadas por asociaciones delirantes. El modernisme mezcla estilos y crea híbridos sin precedentes de una manera habitual en los sueños y las alucinaciones, pero totalmente ajena a los estilos arquitectónicos definidos rigurosamente. Al desafiar las reglas del estilo, estas obras muestran una libertad que parece profundamente liberadora y que, por tanto, también puede resultar liberadora desde el punto de vista estético.

Dentro de esta línea, Dalí creó la instalación Crisàlida; ¿en qué consistía?

La Crisàlida pertenece a la década de 1950, cuando Dalí se estaba alejando de la psicopatología y se aproximaba más a los mitos religiosos relacionados con la salud y con la transformación hacia el bienestar. La Crisàlida intenta crear una experiencia arquitectónica que permita pasar de la ansiedad a la paz. El recorrido es ascendente y se pasa junto a imágenes muy incómodas hasta llegar a una mariposa, símbolo de ligereza y temporalidad.

¿El Teatro-Museo Dalí de Figueres podría ser la máxima expresión de esta idea?

El Museo fue concebido unos veinte años más tarde y combina la realidad de la psicopatología con el reconocimiento de la necesidad de paz. El mecanismo mediante el cual lo hace es bastante complejo; mi conferencia profundizará en esta cuestión.

¿Cree que, en general, las personas son suficientemente conscientes de este poder?

A menudo lo son antes de disponer del lenguaje necesario para describirlo. Sabemos que determinados edificios nos hacen sentir tranquilos, expuestos, comprimidos, liberados, intrigados o inquietos. Sabemos que algunas imágenes nos acompañan durante años aunque no seamos capaces de explicar por qué. Estas experiencias son reales, pero no son fáciles de medir ni de clasificar. Es aquí donde el arte se vuelve especialmente importante. El arte puede dar forma a percepciones antes de que las entendamos completamente. Puede hacer visible algo antes de que tengamos una teoría para explicarlo.

Como hicieron los surrealistas.

Era su misión esencial. El artista surrealista no siempre parte de una idea que quiera comunicar. En lugar de ello, se encuentra con una relación, una imagen o una posibilidad extrañas y les da una forma precisa para descubrir qué son. Entonces, la obra de arte se convierte en un instrumento de percepción. Una vez existe fuera del artista, otras personas pueden encontrarse con ella, contrastarla con su propia experiencia y, quizá, reconocer algo que hasta entonces les había resultado difícil de percibir. Dalí lo hacía constantemente. Creaba objetos e imágenes que en un primer momento parecen irracionales o misteriosos, pero que a menudo revelan estructuras psicológicas muy precisas. Yo trabajo de una manera similar en mi pintura, mis escritos y mis intervenciones orales: no ilustro ideas que ya tengo, sino que creo objetos que me permiten investigar percepciones que todavía no comprendo del todo. Uno de los grandes poderes del arte es que nos ayuda a percibir realidades antes de que sepamos cómo nombrarlas.

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Fuente: Empordà