Obituario
Adiós a Gonzalo Suárez, novelista y cineasta inclasificable
El director de ‘Parranda’, ‘Epílogo’ y ‘Remando al viento’ ha fallecido en su casa de Madrid a los 92 años. Hace siete meses recibió el Goya honorífico.

El cineasta Gonzalo Suárez posando con el Goya honorífico en la 40 edición de los premios, celebrada en Barcelona el 28 de febrero de 2026. / JORDI COTRINA

Adiós a Gonzalo Suárez. Adiós a uno de los directores más inclasificables del cine español. Adiós al director de las denominadas ’10 películas de hierro’, también novelista, periodista deportivo –firmaba como Martin Girard–, actor ocasional –un divertido papel en ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?' de Pedro Almodóvar–, gran amigo de Sam Peckinpah y creador de un imaginario propio, tan literario como audiovisual, alrededor de los personajes de Ditirambo y Rocabruno.
Adiós también a un buen adaptador –su ‘La regenta’ (1974) se aparta del concepto más acartonado de la Literatura clásica española al ser trasladada al cine–, un autor que vivió alejado de las normas en unos años tan difíciles como los del tardofranquismo y después prosiguió en la misma línea. Formó también parte de la Escuela de Barcelona, más un compañero de viaje que un miembro integral, ya que estuvo en la ciudad en aquellos años de ebullición y sus primeras películas están imbuidas del espíritu innovador que también alumbró las mejores obras de Joaquín Jordá, Pere Portabella y Jacinto Esteva.

Muere el cineasta Gonzalo Suárez a los 92 años / EPC
Suárez, nacido en Oviedo en julio de 1934, ha fallecido hoy en Madrid a los 92 años. Era hijo de un catedrático de francés de ideas socialistas. Escribió obras de teatro y se dedicó a la pintura en los años 50, en Madrid, pero no tardaría en irse a Francia, de donde volvería posiblemente más sabio, sin duda más libre, y casado con Hélène Girard. Pronto dejaría el periodismo por la literatura, y en algunas ocasiones su prosa fue comparada con la de Boris Vian. Pronto pasó al cine, entre otras cosas porque algunos de sus textos fueron adaptados por otros cineastas y sintió la curiosidad de expresarse a sí mismo con la cámara. Pero es uno de esos autores en los que las dos disciplinas se funden y confunden. Fue un escritor tentado por el cine. O un cineasta que también escribía.
Su primera novela, ‘De cuerpo presente’ (1963), sería versionada por Antxon Eceiza en el filme homónimo de 1965, producido por Elías Querejeta: una historia extraña sobre mafiosos que envenenan a sus rivales por celos que, como en el grueso de la obra de Suárez, toma los géneros codificados y juega con ellos. Más extraña sería ‘Fata Morgana’ (1965), película de Vicente Aranda coescrita por Suárez que horada el inhóspito territorio del ‘thriller’ distópico ambientado en una Barcelona desnuda y futuristas. A Aranda le suministró también la base argumental de ‘Las crueles’ (1969), sobre un editor de novelas de terror que recibe la mano cortada de una mujer en un paquete.
Con la complicidad de su hermano
En aquella época ya había realizado sus pinitos como director con la complicidad en la cámara de su hermano, Carlos Suárez. Lo hizo en cortometrajes mudos de horror como ‘El horrible ser nunca visto’ (1966) y en la presentación de su personaje clave, ‘Ditirambo vela por nosotros’ (1967). Ditirambo no es solo su alter ego, sino que lo interpreta él mismo en este corto y en el largo ‘Ditirambo’ (1969): es una suerte de detective que acepta los encargos más rocambolescos. También encarnó a un moderno Fausto en su primer largometraje, ‘El extraño caso del doctor Fausto’ (1969).
En vena muy experimental, utilizó a parejas populares en películas de vanguardia: ‘Aoom’ (1970), con Teresa Gimpera y Lex Barker, y ‘Morbo’ (1972), con Ana Belén y Víctor Manuel. ‘La loba y la paloma’ (1974), ‘Reina zanahoria’ (1977), la etílica ‘Parranda’ (1977), ‘Epílogo’ (1984) –una reflexión crepuscular sobre la Literatura con la despedida de Ditirambo y Rocabruno–, ‘Remando al viento’ (1988) –aproximación a la noche literaria que alumbró la creación de ‘Frankenstein’, que le reportó la Concha de Plata a la mejor dirección en San Sebastián–, ‘El detective y la muerte’ (1994), ‘Mi nombre es sombra’ (1996) –retorcida recreación de Jekyll y Hyde– y ‘El portero’ (2000) son algunas de sus poliédricas muestras de cine más acertado o más fallido, pero siempre personal. En 1991 se le concedió el Premio Nacional de Cinematografía y el año pasado recibió el Goya honorífico.
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