Entrevista
«No creo que Dios permita nunca que yo tenga que trabajar»
«¿Dar las gracias a los catalanes por lo que pagan de impuestos? Debería quejarme, porque con la miseria que nos envían, a los andaluces no nos da para vivir como merecemos»

Imagen del personaje inexistente Jacobo Fitz-Edwards. / Cedida
Jacobo Fitz-Edwards es el pseudónimo de alguien que, por motivos profesionales, prefiere permanecer en el anonimato, de ahí que la foto que acompaña esta entrevista esté convenientemente manipulada. Tuitero implacable que defiende irónicamente la nobleza y autor del libro El duro confinamiento de un heredero español, está a punto de publicar Retazos de una infancia cordobesa. Si alguien que no existe es capaz de publicar libros, bien debe poder responder a una entrevista.
Pasé la pandemia en un pisito sin terraza. ¿Su pandemia fue parecida?
Por supuesto que no. Nunca he sido tan poco previsor. No tener terraza es siempre un inconveniente: no se pueden ver las procesiones. Mi pandemia fue un ir y venir de Còrdova a nuestro cortijo de Las golondrinas, haciéndome cargo de padres y tíos, perdiendo porras con mi padre, soportando el mariaguerrerismo de mi madre y preparando la boda de tita Carmen y el tío Willy, que fue todo un acontecimiento como es de sobra conocido.
¿Nos explica su vida a la plebe, en libros y en tuits, para darnos envidia?
Podría decir que la explico para que tomen ejemplo y aprendan a ejercitar el dolce far niente o como justa hagiografía familiar y no mentiría. Pero tengo que reconocer que empecé a compartir anécdotas durante la pandemia para hacer algo y me di cuenta de que les alegraba las tardes a bastantes tuiteros que estaban en casa, solitos con sus ilusiones. Y eso es muy bonito porque es torear las preocupaciones por gaoneras o, como diría mi padre, resulta tan satisfactorio como volver por tu propio pie del cementerio y tomarte unos vinos a la salud del difunto.
Sales a la calle y todo es un arrabal, pero sin la voz de Gardel. Y lo que se deriva de ello, que desgraciadamente es mucho: la maldad, la envidia, el odio, la ausencia de urbanidad, la mala educación, las camisetas, las bermudas, las chanclas, el sincorbatismo y el mangacortismo que nos invaden…
¿Qué es lo que no soporta?
La vulgaridad. Vivimos hundidos en el lumpen. Sales a la calle y todo es un arrabal, pero sin la voz de Gardel. Y lo que se deriva de ello, que desgraciadamente es mucho: la maldad, la envidia, el odio, la ausencia de urbanidad, la mala educación, las camisetas, las bermudas, las chanclas, el sincorbatismo y el mangacortismo que nos invaden… Y las mesas mal puestas. Fuera de la porcelana, todo es barbarie.
¿Cuándo fue la última vez que trabajó?
No ha querido Dios que sufra nunca tal afrenta, don Albert. Ni creo que, en su infinita misericordia, lo permita nunca.
¿Y la última vez que se hizo la cama?
La cama me la he hecho muchas veces, no crea. Mi madre siempre proclamó a los cuatro vientos que «no criaría inútiles» y desde pequeño me obligaba a hacer la cama antes de ir al colegio. Por una cuestión de orden y disciplina. Así que durante la pandemia, supongo que por pura costumbre, dejaba mi dormitorio en perfecto estado de revista antes de ir al salón a dejar pasar el día.
¿No le da vergüenza seguir siendo el niño mimado de la familia, a su edad?
En absoluto. Sinceramente, me lo merezco. Pero no hay tantos mimos, no crea. Mire tita Carmen, que siempre está amenazando con cambiar el testamento y dejarme in albis. Heredar no es un camino de rosas. Requiere tenacidad, estrategia, aplomo y, sobre todo, saber esperar. Y más en una familia tan longeva como la mía. Pero como dijo el mariscal Kutuzov, «todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar».
¿Por qué sigue en España un anglófilo como usted?
Porque toda filia es una idealización. ¿Y qué es lo que añoramos de Inglaterra? Como dice mi padre: «Monarquía, parlamentarismo, liberalismo y democracia. Shakespeare y Marlowe. Cambridge y Oxford. Wodehouse y Saki. Forster y Evelyn Waugh. Holmes y Watson. Ginebra, pubs, fútbol, críquet, rugby, regatas, carreras de caballos y apuestas. No hay más. O sí, la Royal Navy y la BBC. Y Elgar y Vera Lynn, que me olvidaba. Y mucho más, pero ya, secundario. De lujo, pero secundario». Y además, en Còrdova se come mejor. Ya sabe, flamenquines, salmorejo y berenjenas; todo regado con exquisitos vinos de Montilla. ¿Quién se iría de aquí?
Heredar no es un camino de rosas. Requiere tenacidad, estrategia, aplomo y, sobre todo, saber esperar. Y más en una familia tan longeva como la mía
La aristocracia está poco representada en el parlamento: ¿no ha pensado en presentarse a las elecciones?
Los hay, pero ya no se presentan con el título, me parece. La aristocracia es una vocación y la nobleza una situación jurídica, no se confunda. Lo de presentarme a unas elecciones tiene el problema de que no me votaría casi nadie. Los liberales somos cuatro gatos por mucho que ahora se haya puesto de moda autodenominarse liberal. Cuando le ponen apellido, de alguna manera dejan de serlo.
¿Qué le parece el nivel de nuestros políticos?
Si se refiere al intelectual, similar al de uno de esos ositos que si les aprietas el pecho dicen «Hola». Si hablamos de moralidad, respeto a la verdad, honradez y otras virtudes, aunque hay de todo, el panorama es tan desolador como para añadir un círculo específico al Infierno de Dante.
¿Cómo se explica que un buen partido como usted no se haya casado nunca?
Porque las guapas tenían madre y las huérfanas eran feas. La suegra, como es sabido, fue una creación de Dios que, en su infinita sabiduría, no quiso hacer del mal un monopolio diabólico. Aunque es cierto que el invento se le fue de las manos porque, como dice mi padre, la competencia es muy creativa y a veces es más fácil convivir con el diablo.
El nivel intelectual de nuestros políticos es similar al de uno de esos ositos que si les aprietas el pecho dicen «Hola»
¿No ha pensado en ceder alguna de sus múltiples propiedades a la desahuciada Maricarmen?
Pobre mujer. Sería tan inapropiado que viviera bajo un olivo como que cualquier propietario no pueda disfrutar pacíficamente de su patrimonio. Aparte de que atenderla es función del estado del bienestar tal como lo definieron los liberales, como un seguro mutuo a favor de todos. Los problemas sociales no deberían dejarse al azar de la caridad. La dignidad del ser humano exige más.
En el próximo libro amenaza con explicarnos su infancia: ¿también son recuerdos de un patio de Sevilla con limonero incorporado, como los de aquel otro andaluz?
Pero es una amenaza la mar de bonita. Sí, hay recuerdos del patio de la casa familiar, que no tiene limonero pero está a rebosar de geranios, cintas y orejas de burro, y del de Los Naranjos de la Mesquita. Es lo que tiene ser cordobés. Y súmele a eso las aventuras con los Cinco de la Judería en los Maristas. Será una obra imprescindible en cualquier biblioteca de categoría.
No me he casado porque las guapas tenían madre y las huérfanas eran feas
Me parece que vive usted así de bien gracias a lo que pagamos de impuestos los catalanes. Podría darnos las gracias, al menos.
En realidad debería quejarme. Porque con la miseria que nos envían no nos da para vivir como merecemos. Si a ustedes los hizo Dios para trabajar de sol a sol, acepten su destino con humildad y contribuyan a hacer un mundo mejor siendo generosos con quienes nos esforzamos diariamente para que la vida sea un continuo devenir de ferias y romerías regadas con los excelentes vinos de la tierra y acompañadas de su jamón ibérico y sus regañás. No se opongan a los designios divinos con la tozudez que demuestran para sus patrañas independentistas.
No se ofenda, pero me parece usted el arquetipo de señorito andaluz.
¿Por qué habría de ofenderme, si me siento orgulloso de serlo? Los andaluces vivimos como patricios romanos desde que asomaron por Despeñaperros las primeras águilas con su senatus; que por eso las sacamos a desfilar en las cofradías. Y los cordobeses desde que el cónsul Claudio Marcelo dio una vuelta por aquí, le gustó el lugar y se dijo que para qué buscar más si había encontrado el paraíso. Diré más, mientras la UNESCO no nos declare Patrimonio de la Humanidad a los andaluces, todo el esfuerzo por preservar la civilización será en vano. Recuerde lo que dijo el Guerra: De Despeñaperros p’arriba se trabaja y de Despeñaperros p’abajo se torea.
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Fuente: Diari de Girona
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