La “bofetada” que lo pone todo patas arriba: así es la divertidísima obra de teatro que puede verse en La Villarroel de Barcelona
El montaje dirigido por Marta Buchaca y protagonizado por Ramon Madaula, Montse Guallar, Marc Rius, Eudald Font y Sara Diego estará en cartel hasta el 17 de mayo

Ramon Madaula protagoniza la nueva comedia de Buchaca / Cedida / Sergi Panizo
La educación de los hijos es un tema complejo. Cada generación lo ha hecho de la mejor forma que ha sabido y el gran reto ha sido siempre el mismo: dónde poner los límites. Algunos creen que la mano dura y la disciplina no deberían perderse y otros se han pasado a la crianza consciente. A lo que sucede en casa hay que sumarle lo que pasa en la escuela. Los peques pasan allí la mayor parte del tiempo durante el curso lectivo y forma una parte indispensable de su formación académica, pero también humana.
Se trata de un debate que podría durar horas y que encontraría mucha diversidad de opiniones y fórmulas y es precisamente este mismo debate, el de la cuestión sobre la educación de niños y niñas, lo que ha inspirado a la directora y dramaturga Marta Buchaca en “Una bufetada a temps”, la nueva comedia que ha aterrizado en La Villarroel de Barcelona.
El montaje, que empezó funciones en la sala barcelonesa el pasado 1 de abril, plantea un debate sobre la educación y los límites de la infancia a través de una historia cotidiana que podría haber pasado en cualquier casa y que acaba desencadenando un conflicto inesperado para toda la familia.
La obra reúne sobre el escenario a un reparto muy sólido. Encabezan el elenco los intérpretes Ramon Madaula y Montse Guallar, acompañados por Marc Rius, Eudald Font y Sara Diego.
Una historia sobre modelos de crianza
En un artículo escrito por Ángel Rull en El Periódico sobre la visión del psicólogo Gustavo Rodríguez se plantea lo siguiente: "La crianza de hoy ya no puede centrarse solo en normas y límites, sino que exige una nueva mirada: más cercana, más empática y consciente".
Pero la falta de unos límites daros que plantea la crianza consciente o positiva ha generado ciertas tensiones en las escuelas encuentran con problemas con el abandono tardío del pañal o un choque con los propios límites que pone la escuela. En este sentido, en una entrevista con El Periódico, la psicóloga Ana Aznar opinaba lo siguiente: "Muchos padres, en un intento por alejarse de un modelo autoritario de familia, se han ido al polo puesto, la permisividad. Lo hacen desde el amor, pero un niño que crece sin límites es un niño que crece desprotegido".
A menudo, se escucha aquello de "una bofetada a tiempo... " como forma de enfrentarse a la rebeldía infantil. Precisamente, ese gesto es el que inicia "Una bufetada a temps". El abuelo de un niño de ocho años (Madaula), tras una rabieta, le da una bofetada. Lo que podía considerarse como un simple acto de corrección familiar, se convierte en el detonante de una situación descontrolada: la escuela, tras conocer los hechos, convoca a la familia a una reunión y anuncia su intención de presentar una denuncia contra el abuelo por agredir al niño.
Tras ese gesto, la obra se convierte en una comedia de situación. El humor sirve en este caso como vehículo para abordar un tema delicado que explora las tensiones que existen entre diferentes generaciones, la presión social sobre la educación de los peques y las contradicciones de los adultos cuando se establecen límites a los niños.
Madaula y Guallar capitanean un reparto de lujo y asumen el peso interpretativo de la función, dando vida a los adultos que se ven atrapados en un debate intenso por un gesto aparentemente inofensivo. Rius, Font y Diego aportan los distintos puntos de vista generacionales y emocionales que hacen avanzar la trama. El resultado es un juego coral de diálogos ágiles y situaciones incómodas que obligan a los personajes - y al público- a replantearse qué significa realmente educar hoy.

El elenco de una "Una bufetada a temps" / Cedida / Sergi Panizo
La mirada de Marta Buchaca
Marta Buchaca es la autora y directora de “Una bufetada a temps”. Como viene siendo habitual en sus obras, esta se caracteriza por abordar conflictos contemporáneos desde una visión muy cercana. La dramaturga utiliza el humor y el ritmo de la comedia para desmontar certezas y mostrar la fragilidad de los discursos morales cuando se trasladan a la vida cotidiana.
La maquinaria escénica detrás del montaje
Una producción de la compañía La Pocket y La Villarroel, el montaje cuenta con escenografía de Sebastià Brosa y vestuario a cargo de Marta Pell. La iluminación de Anna Espunya y el espacio sonoro diseñado por David Solans completan la atmósfera de la función.
La obra tiene una duración de 75 minutos y está recomendada a partir de 12 años.
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