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Zorra: ¿es posible darle la vuelta a un insulto a través de una canción?

El tema que representará a España en Eurovisión plantea el debate de si una canción puede resignificar una expresión que denigra a las mujeres. Las expertas en lenguaje creen que sí, pero advierten: la sociedad debe cambiar

¿Transgrede algo 'Zorra', de Nebulossa, 40 años después de la destrucción de Las Vulpes por 'Me gusta ser una zorra'?

Nebulossa en el Benidorm Fest 2024.

Nebulossa en el Benidorm Fest 2024. / RTVE

Pedro del Corral

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María Bas jamás pensó que podría ganar el Benidorm Fest. Ni en sus mejores sueños representar a España en Eurovisión era una opción. Se presentó a la cita como quien lanza una moneda al aire. Y salió cara. La suya. La de una estrella que, a sus 56 años, ha tenido el arrojo de relatar todas las veces que la llamaron zorra. Sin pudor, sin miedo. Porque sabía que, como ella, aún hay quien se siente de menos por el hecho de ser. Con el aplomo de una diva paseó sus heridas por el escenario y, entre vítores y aplausos, inició una batalla por resignificar una palabra que hoy empieza a doler menos. “Esta canción nació porque me he sentido marginada, subestimada, humillada Una emoción que he llevado siempre dentro. Ha sido mi terapia particular”, cuenta la líder de Nebulossa. Junto a Mark Dasousa, ha levantado el Micrófono de Bronce que le abre las puertas de Malmö. Allí, en mayo, volverá a gritar por las que aún no se atreven a hacerlo.

“La edad me ha ayudado a tener las cosas claras y, sobre todo, a desterrar los prejuicios. La discriminación hacia la mujer se ha permitido y se ha perpetuado desde nuestros ancestros. No debería existir ningún tipo de desigualdad”, asegura la artista, que no pudo aguantar las lágrimas tras coronarse el pasado sábado. Es el mayor hito de su trayectoria profesional, pero también de la personal. Cantarse sin complejos a sí misma fue la lección más importante de su vida. Y, quizá, el bofetón definitivo a tantas preguntas no deseadas: “La música tiene el poder de cambiar las injusticias. Ser una zorra de postal me ha dado libertad. Ahora puedo chillar lo que siento a los cuatro vientos”. Una misión que Las Vulpes inauguraron en 1983 y a la que, paso a paso, se han sumado Rigoberta BandiniZaharaMala Rodríguez y La Zowi. Ellas son la punta del iceberg de un movimiento que quiere reapropiarse de perra, puta, bruja… y zorra.

María Bas, en un instante del videoclip de 'Zorra'.

María Bas, en un instante del videoclip de 'Zorra'. / CEDIDA

Su valentía se ha convertido en un símbolo de empoderamiento. El escudo al que se han agarrado quienes buscan plantar cara al miedo. “Zorra es un insulto machista que señala y menosprecia únicamente a las mujeres por el hecho de serlo. Cuando Nebulossa hace suyo el término, de inmediato, se convierte en una provocación al patriarcado. Si no podemos evitar que nos llamen así, démosle la vuelta con orgullo”, explica Candelaria Sánchez. Para la profesora de Semiótica de la Universidad de Alicante, esta canción supone una gran conquista. En especial, porque su éxito se ha gestado en un espacio tan popular como el Benidorm Fest: “La música es una herramienta que fortalece el feminismo en retransmisiones de grandes audiencias. Que haya surgido en el seno de Eurovisión, que es un lugar seguro para la diversidad, demuestra la capacidad del arte como agente transformador e identitario”.

Que María y Mark extiendan su mensaje por el Viejo Continente es, cuanto menos, revolucionario. Frente al auge de la ultraderecha, ellos van a cantar zorra en eslovaco, zorra en italiano, zorra en finlandés, zorra el letón, zorra en francés… En España, se están enfrentando a una reacción antifeminista que busca minusvalorar su hazaña. Y, además, el Movimiento Feminista de Madrid ha solicitado su retirada al considerar que la canción las insulta de forma machista. “Tenemos que felicitarnos por la existencia de una creciente marea de sororidad en la industria que está uniendo a las mujeres en el activismo”, continúa Sánchez. Aún así, en plena ola reivindicativa, son pocas las cantantes que se han atrevido a hablar sin tapujos en sus composiciones. “¿La razón? Escuece a nivel social. Lo que se les puede venir encima en cuanto a críticas, malos entendidos e imagen es tremendo”, dice Sara Morales, periodista musical y codirectora de la revista Efe Eme.

Políticamente incorrectas

De ahí que, entonces, muchas se lo piensen bastante antes de verter confesiones, testimonios y opiniones. Por ello, cuando una se atreve, como ha sucedido en el caso de Nebulossa, la respuesta sea tan extrema. “Ya casi nadie levanta las manos cuando una mujer habla de sexo, erotismo o sensualidad, de un modo amable o visceral. Sin embargo, hay ciertos estamentos sociales donde sigue habiendo ofendidos y, por ende, censura”, continúa Morales, que pone de ejemplo la caza que sufrieron Las Vulpes tras actuar en el programa Caja de ritmos. De alguna manera, el mercado y el público han empujado a las artistas a ser políticamente correctas. No podían incomodar ni estorbar. Por lo que cualquier actitud rebelde terminaba vetada: “Así ha sido hasta que, de repente, llegan otras Vulpes, vuelven a poner el tema sobre la mesa y queda en evidencia el avance mental (o no) de nuestra sociedad”.

Un paso al frente que, por lo regular, procede de proyectos independientes que no tienen que rendir cuentas ni a discográficas ni a promotoras. Sólo cuando la libertad es real, la verdad sale a flote. El gran hándicap es que les tocará trabajar el doble para obtener resultados semejantes a los de sus compañeros. Si la zorra quería correr, autonomía debía tener. El paso previo a cualquier proceso de reapropiación. Será lento, pero necesario. “Resignificar un insulto es tremendamente difícil. Son palabras malsonantes y expresiones soeces que están estigmatizadas. Y el esfuerzo para que pierdan este matiz es titánico. En el caso de zorra, además, se añade el tabú sexual y los estereotipos de género en una comunidad patriarcal que las denigra. Todavía no se ha conseguido que, por ejemplo, mujer pública sea empleada como equivalente a hombre público en el ámbito político”, explica Ángeles Calero, catedrática de Lengua Española en la Universidad de Lleida y experta en sexismo lingüístico.

Esto ocurre porque nos acostumbramos a escuchar expresiones despectivas hacia ciertas personas desde que nacemos. Y no los cuestionamos: “Lo peligroso es que, al usarlos, tendemos a pensar mal de ellas y a sentirnos incómodos a su lado. En el caso de los tacos dedicados a las relaciones sexuales, nos encontramos términos que expresan violencia y muestran una óptica masculina: el hombre como actor agresivo y la mujer como víctima (clavársela, hincar el fusil, pasar por las armas…)”. Si bien la lengua es un producto cultural que refleja el mandato sobre ellas, hay margen para derribar esta barrera que impide alcanzar la paridad. Calero sostiene: “Podemos dejar de tolerar piropos o crear un vocabulario que recoja expresiones femeninas. La gramática puede cambiar. Si no lo hubiese hecho, aún seguiríamos hablando latín”.

Un sistema injusto

Para adueñarse de zorra, Nebulossa ha tenido que hacer bandera de aquello que la deslegitimaba, la desautorizaba y la descalificaba. Invertir el significado, tal y como ha quedado demostrado, le ha hecho libre. Un gesto que para muchos la ha convertido, en la práctica, en una enemiga. “Cuando alguien exhibe una tendencia a sentirse agraviado por las victorias de la igualdad, su reacción es presentar a las mujeres como supremacistas y agresoras”, apunta Luisa Martín, sociolingüista y analista de discurso en la Universidad Autónoma de Madrid. Por tanto, lo que definitivamente contribuiría a que esta palabra pueda resignificarse es que la sociedad evolucione: sólo si ésta cambia, lo hará también la lengua. Ahora bien, en ella aún perviven reminiscencias pasadas que podrían detener los avances sociales y, en consecuencia, echar por tierra el esfuerzo de María y compañía.

“La resistencia de ciertos sectores, como los profesores que penalizan el uso de nuevas formas de feminismo o la Real Academia Española que rechaza ciertos cambios lingüísticos, actúa como un freno”, subraya Martín. Las nuevas generaciones, en este sentido, juegan un papel crucial. Si son capaces de romper con la concepción arcaica de las relaciones de género y, asimismo, transmitirlo a sus predecesores, entonces, la reapropiación podría consolidarse. Es por ello que el éxito de Zorra en el seno del Benidorm Fest, que atrae a un buen puñado de jóvenes, sea tan importante. Ha puesto sobre la mesa que canciones así pueden ser un pelotazo y, por qué no, concienciar. Algo que, hasta hoy, no era habitual observar en las listas de éxitos. ¿Por qué? Laura Martínez, investigadora en estudios culturales feministas, da la clave.

“Por un lado, al calor de la no nominación de Margot Robbie en los Oscar, las industrias culturales, los círculos artísticos, los medios y el canon siguen siendo la Mojo Dojo Casa House de Ken. Por mucho que lo pinten de rosa, morado o verde, el sistema socioeconómico es injusto. Y, por otro lado, aquellas mujeres que expresan su rabia en el arte son señaladas como excesivas y encerradas en una especie de gueto de terciopelo en el que se confinan voces ideologizadas. Esta penalización es aún mayor para aquellas que, además, subvierten los patrones normativos de la feminidad por su origen, etnia, clase, edad, aspecto…”, puntualiza. Al cierre de este artículo, Zorra acumula nueve millones de reproducciones entre Spotify y YouTube. Un triunfo que va más allá de lo estrictamente musical. “Estoy en un buen momento”, canta María en ella. Toda la razón.

No obstante, como enfatiza Martínez, no hay que caer en el error de depositar toda la responsabilidad en la canción. De lo contrario, corre el riesgo de producir el efecto contrario: “Puede servir como altavoz, como himno incluso, representar las experiencias de distintas mujeres, emocionarnos… Pero cuidado con la sobrecarga de representatividad. Estamos tan sedientas de reconocernos en la cultura que volcamos nuestros deseos, esperanzas y reclamos en los pocos cuerpos, voces e identidades no normativas que tienen visibilidad… colocándolas en un rol de superheroínas que, en ocasiones, ni siquiera ellas han reclamado”. De ahí que sea fundamental tomarse en serio su alegato. No escogimos a Nebulossa para hacer la gracia en Eurovisión, sino para prender la mecha de un cambio inexcusable. Ella ya lo ha dejado claro: “Cambiar por ti me da pereza”.