'La promesa', historia de una familia blanca en la Sudáfrica post-apartheid

Damon Galgut.

Damon Galgut. / PAUL HACKETT / REUTERS

  • El escritor Damon Galgut compone una novela coral en torno a la sociedad sudafricana desde el punto de vista de los blancos y privilegiados que se alzó con el Premio Booker en 2021.

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Podrían haber sido cuatro bodas, pero son cuatro funerales los que marcan la estructura de la nueva novela de Damon Galgut, ‘La promesa’ (Libros del Asteroide y, en catatán, Les Hores), ganadora del Premio Booker 2021. En ella se narra la historia de una familia sudafricana blanca, los Swart, durante un periodo de tiempo que nos lleva desde los convulsos ochenta, con las protestas contra el Apartheid, hasta nuestros días. En medio de la vorágine de un país en constante proceso de cambio, tres hermanos seguirán distintos itinerarios que, de alguna manera corresponden con los distintos arquetipos de una sociedad lastrada por la culpa (o la ausencia de ella) a la hora de relacionarse con la comunidad negra. 

Todo parte de una promesa, la que hace una mujer (la matriarca de la familia) en su lecho de muerte, que quiere dejar una pequeña casa adyacente a la finca en la que viven a su criada Salomé, que siempre la ha acompañado. Se lo dice a su marido, que jamás cumplirá su deseo, y lo escucha su hija pequeña, Amor, que vivirá siempre con ese fantasma en su cabeza, el de no cumplir una deuda moral pendiente. Cada capítulo corresponde a una década y cada uno de ellos está marcado por la pérdida. La pérdida de un ser querido, pero también la pérdida progresiva del estatus por parte de los privilegiados, y, por tanto, la disolución del mundo que había conocido y en el que se sentían protegidos.

Galgut no quería hacer una novela política, pero inevitablemente, la política se cuela por todas sus esquinas. “Es algo que llevo en mi piel, no he tenido que investigar mucho porque lo he vivido, forma parte de mi pasado”, cuenta el escritor a su paso por Madrid. “Pero no quería hacer un panfleto, es algo que no me gusta nada. Cuando hay autores que supeditan sus novelas a un punto de vista político, me despierta cierta desconfianza, sobre todo porque no creo que la literatura pueda cambiar el mundo, solo es un archivo de un momento concreto”. 

Al principio de ‘La promesa’ hay una cita de Federico Fellini. No es casual. El autor compuso la novela desde una perspectiva cinematográfica y cita a Michael Haneke y a Werner Herzog como sus principales influencias. “Comencé escribiéndola de un modo convencional, pero nada fluía. Hice una pausa para realizar un guion de cine y me di cuenta de que debía cambiar el enfoque, de manera que el narrador fuera una cámara de cine y que, de alguna manera, formara parte de la historia. En ocasiones se acerca, otras, se aleja de sus personajes, y en situaciones concretas, opina sobre lo que ocurre o salta de uno a otro”. Galgut, que tiene una formación teatral, quería experimentar con el lenguaje, por ello no utiliza marcas para cambiar de un narrador a otro, ni signos gramaticales que nos ayuden a percibir la transición. “Autores como Faulkner o Joyce utilizan diferentes voces, pero las separan, aquí no ocurre esto, porque quería que la lectura no fuera una experiencia pasiva, quería probar cosas nuevas y que, de alguna forma, la narración resultara como parte de un todo en el que se mezclan las distintas ópticas”. 

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De forma deliberada, decidió que no mostrar el mundo interior de los personajes negros que aparecen, como la fundamental Salomé. “He recibido muchas críticas al respecto, pero mi intención era precisamente que los lectores se sintieran perturbados por ese silencio, porque es algo que continúa estando presente en la sociedad sudafricana. En el libro, ninguno de los protagonistas es consciente de lo que piensa ‘el otro’ y es algo que remueve e invita a la reflexión”. Para Galgut, ‘La promesa’ es una novela sobre el paso del tiempo, y por eso la muerte adquiere una importancia fundamental. Es un peso oscuro, pero también es la forma en la que vemos a los personajes a la hora de relacionarse consigo mismos. A través de los tres hermanos, especialmente del mayor (Anton), sumido en un constante proceso de autodestrucción, y de la pequeña, Amor, el autor quiso retratarse a sí mismo, como el ying y el yang de su propia identidad. El hombre que se revuelca frente a su infortunio y la mujer que acarrea la culpa de un sistema viciado y quiere darse a los demás rechazando el dinero de su herencia y trabajando en un hospital con enfermos terminales de SIDA. Mientras que sus padres habían abrazado diferentes religiones, ellos, los de su generación, habían perdido totalmente la fe y ya no creían en nada.

‘La promesa’ es una de esas novelas que se leen con el corazón en un puño, con una mezcla de dolor y melancolía. Es inmisericorde con sus criaturas, es dura, pero al mismo tiempo profundamente delicada y sensible a la hora de describir sus contradicciones. Galgut no quería que fuera un relato consolador, sino que removiera las conciencias, que las agitara y que los lectores se enfrentaran a los problemas de la sociedad en la que se ha criado y en la que continúa viviendo, repleta de contrastes, de cinismo y de lucha por los derechos raciales. Una sociedad, un mundo, repleto de heridas, de duelo, de traumas y también de eternas promesas incumplidas.