Leyenda del flamenco

Pepe Habichuela: "Yo ya estoy pureta, pero me siento en mi mejor momento"

El guitarrista granadino, patriarca del clan Carmona, ofrece un recital singular en la avenida de la Catedral, dentro de la Mercè, en el que contará con su hijo Josemi y la colaboración especial de Sílvia Pérez Cruz y Javier Colina

José Antonio Carmona Carmona, más conocido como Pepe Habichuela. 

José Antonio Carmona Carmona, más conocido como Pepe Habichuela.  / EPC

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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La música no lo atrapó a base de escuchar discos, como suele ocurrir, porque le bastaba con atender al toque de guitarra de quienes tenía más cerca, su padre, José, y su hermano Juan. "Mis primeras influencias fueron ellos, escuchándolos en casa y en las fiestas. Luego, con 15 o 16 años, me fui a Sacromonte, a aprender de los viejos que había por allí. Y he robado cosas de todo el mundo: de Sabicas, de Paco de Lucía…", resume con buen humor y sin darse excesiva importancia Pepe Habichuela, historia viva del flamenco moderno, que este domingo ofrecerá un singular recital en la avenida de la Catedral, acogido por las fiestas de la Mercè.

Pepe Habichuela, o José Carmona, se define como "un guitarrista que ha adorado el flamenco", con una actitud ante el género atenta a la ortodoxia ("la base es lo primero") y abierta a las innovaciones y los diálogos con otras músicas. "Yo nunca he tenido miedo a nadie. He tenido respeto", sintetiza el virtuoso granadino, que ha compartido proyectos con figuras del jazz y más allá, como Don Cherry, Jaco Pastorius, Dave Holland, Max Roach o Anoushka Shankar. Padre de Josemi Carmona y tío de otros dos miembros de Ketama, ha visto crecer a los hijos del clan Morente, Estrella, Soleá y Kiki, que le llaman tío, aunque no hay que tomárselo literalmente. "Me llaman así por el cariño. Somos como familia".

De Valderrama a Morente

Ahí estuvieron sus más de dos décadas junto a Enrique Morente, con quien grabó, en 1977, sendos álbumes de cabecera, muy distintos entre sí: el aventurado ‘Despegando’ y el clasicista ‘Homenaje a Antonio Chacón’. “Enrique tenía algo en la garganta que no era normal”, destaca. “Hizo unas letras muy buenas y marcó una pauta para los jóvenes. Yo iba detrás de él, aprendiendo”. Como antes con Juanito Valderrama. “Hicimos dos giras por España en 1970, con más copla que flamenco”.

Tanto Morente como el tándem Paco de Lucía-Camarón hicieron algo necesario, estima, “abrir las puertas” para que nuevas audiencias accedieran al flamenco y trascendieran el circuito de “tabernas y locales pequeños”. Escenarios aquellos como el del tablao Las Brujas, de Madrid, donde Habichuela tocó con el recientemente finado Manolo Sanlúcar. “Otro fenómeno. Una persona muy estudiosa. Sabía muchos palos flamencos, y eso a la larga se nota”.

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De la exploración en el toque pasó Habichuela a la fusión con otras músicas, a partir de los 80, con su propia carrera en solitario (junto a músicos como Carles Benavent o Rubem Dantas) y asociándose con figuras internacionales. “Me llamó Mario Pacheco, de Nuevos Medios, e hicimos una gira con Don Cherry en la que aprendí mucho también. Venía a vernos público del flamenco y del jazz”, recuerda, evocando su bolo en el antiguo Zeleste de la calle Argenteria. “En Barcelona siempre ha gustado mucho el flamenco. Por eso voy ahora, para darle lo que se merece”.

En su regreso a la Mercè, que lo acogió en 2006 (cuando compartió cartel con Ojos de Brujo), contará con su hijo Josemi, las percusiones de Bandolero y tres voces, así como sendos invitados, Javier Colina y Sílvia Pérez Cruz. “Yo ya estoy pureta, pero me siento en mi mejor momento. Estoy más cuajado. Llevo 60 años con la guitarra en la mano. Cada día aprende uno un poquito más, y trabajo no me falta”, reflexiona, a sus 77 años, el guitarrista, de quien se está elaborando un documental, así como un libro biográfico del especialista en flamenco José Manuel Gamboa. “Ahí sigo, luchando con la guitarra, porque es lo que me gusta, ver a mi público y darle mi corazón”.