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Martín Álzaga, 'Macoco': el alocado 'playboy' que inspiró el Gran Gatsby

’Macoco’, en una imagen de archivo

’Macoco’, en una imagen de archivo / EFE

  • El ‘playboy’ argentino apuró mujeres, negoció con mafiosos y presidentes, se laureó en las carreras y atrajo a las estrellas de Hollywood a sus fiestas. Y su amigo Scott Fitzgerald tomó buena nota 

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Nando Salvà

Según el habla popular argentina, de quien derrocha de forma ostentosa su riqueza se dice que 'tira la manteca al techo'. La expresión nació a principios del siglo pasado en París, en uno de los salones del restaurante Maxim’s. Para no aburrirse mientras esperaba la comida, un joven decidió poner a prueba su puntería catapultando pedazos de mantequilla con el tenedor en dirección a los senos de las turgentes valkirias que decoraban el fresco pintado en el techo. La ocurrencia fue inmediatamente emulada por sus compañeros de mesa, todos ellos niños bien, y convertida en una competición. Poco después, de algún modo, 'tirar manteca' ya se había convertido en divertimento típico para el pijerío porteño.

La vida del creador de aquella práctica daría para varias películas. Se llamaba Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué pero, por decisión de su padre, siempre se lo conoció como Macoco. Al parecer hubo un reino africano llamado igual, poblado por caníbales, aunque ese no era el motivo del apodo. Álzaga Unzué 'cazaba' mujeres, pero no se las comía. Si bien solo se casó dos veces –primero con la 'socialite' Gwendolyn Robinson y después, con la actriz y modelo Kay Williams, que posteriormente pasaría por el altar con Clark Gable–, se le atribuyen romances con Rita Hayworth, Gloria Swanson, Dolores del Río, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Ginger Rogers, Claudette Colbert y Carmen Miranda, entre muchas otras.

 "¿Qué se necesita para ser un playboy?", le preguntaron una vez a Macoco. Su respuesta: "Tener mucha plata, cultura, amistades, simpatía, decencia y, sobre todo, mundo; un 'playboy' no es tal hasta que participe de un safari africano y pegue una vuelta al mundo en el yate de un príncipe hindú". Él tuvo todo lo uno e hizo todo lo otro, y muchas cosas más. Fue socio de mafiosos, hizo negocios con presidentes como Perón y De Gaulle, se codeó con mentes geniales como Marie Curie y Alexander Fleming y fue, o al menos eso se dice, el modelo en el que su amigo Francis Scott Fitzgerald se inspiró para crear al protagonista de 'El gran Gatsby'.

"Un 'playboy' no es tal hasta que participe de un safari africano y dé una vuelta al mundo en el yate de un príncipe hindú", sostenía

La fortuna del tatarabuelo  

'Macoco, el primer playboy', biografía escrita por Roberto Alifano cuya edición española llega mañana a las librerías, sostiene que Alzaga Unzué fue también el argentino que más dinero gastó en su vida, y que durante sus años instalado en Francia –que pasó viviendo entre residencias que habían pertenecido a los Romanov y viñedos previamente habitados por Claude Monet– inspiró el símil ser rico como un argentino.

Se dice que una noche se lavó los pies en champán y destrozó con su coche el escaparate de Harrod’s

Su fortuna provenía de su tatarabuelo, Martín de Álzaga, un vasco que había llegado a Sudamérica sin blanca y hecho fortuna a través del trapicheo, y el libro recuerda cómo echó mano de ella para costear o reparar sucesivas locuras de juventud. Se dice que una noche se lavó los pies en una palangana llena de champán, que destrozó con su coche el escaparate de los grandes almacenes londinenses Harrod’s, que incendió un colegio, que organizó espectáculos malabares con enanos desnudos, que mató a un hipopótamo del Zoo lanzándole ladrillos a la boca, y que casi murió aplastado contra un molino a bordo de una avioneta.

Entretanto, es cierto, también dedicó esos años a iniciativas más constructivas: abrió la primera boutique bonaerense, importó coches de lujo y lanchas deportivas, y obtuvo varios triunfos internacionales como piloto de carreras: entre 1923 y 1924 corrió las 500 Millas de Indianápolis, y hasta se subió a lo más alto del podio en el Gran Premio de Marsella. Como boxeador, en cambio, se limitó a besar la lona.

Rey de Hollywood

Su posterior periplo estadounidense se inició en la Costa Este. Allí conoció a Al Capone, pero prefirió hacer negocios con otro gánster, John Perona; el local nocturno que regentaron juntos en Nueva York, Bath Club, acabó destrozado por mafiosos rivales. En la Gran Manzana también fue dueño del Morocco, quizá el cabaret más exclusivo del mundo. En una noche cualquiera, entre las butacas tapizadas con pieles de cebras cazadas por él mismo, podía verse a Humphrey Bogart trasegando con Gary Cooper, a Truman Capote compartiendo chismes con Marlene Dietrich o a Marilyn Monroe toqueteándose con Joe DiMaggio. Y al parecer, en su pista de baile Macoco enseñó a bailar el tango a Charles Chaplin frente a la atenta mirada de Salvador Dalí.

Fue dueño del Morocco de Nueva York, donde enseñó a Chaplin a bailar el tango ante la mirada de Dalí

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En cualquier caso, son muchas más las celebridades que pasaron por su mansión de Hollywood. En ella firmó contratos con magnates como Howard Hughes y Aristóteles Onassis, celebró fiestas con invitados como Laurence Olivier, Alfred Hitchcock, Groucho Marx, Antoine de Saint-Exupéry y Gina Lollobrigida, y regaló a Errol Flynn un velero de 40 metros con el que había dado la vuelta al mundo, y a bordo del que el actor pasó sus últimos días, derruido por el alcohol y las drogas.

Inevitablemente, la fiesta duró lo que duró el dinero. Tras pulirse los fondos del tatarabuelo y ser desheredado por sus tías, escandalizadas por su estilo de vida, vivió aburrido y deprimido hasta su muerte en 1982, en un modesto apartamento de Buenos Aires en el que nunca había mantequilla en la nevera, y mucho menos en el techo.