Discos de la semana

'Diamond star halos': Def Leppard suspira por el rock de estadio que conquistó el mundo

El grupo británico reaparece tras un lapso de siete años con un álbum en el que rearma sus ‘riffs’ y sus estribillos filo-pop al tiempo que rinde homenaje al glam-rock de T. Rex

Los nuevos elepés de Damien Jurado, Melody's Echo Chamber, Nduduzo Makhatini y Kabasaki, también reseñados

Def Leppard

Def Leppard / Anton Corbijn

Rafael Tapounet
Jordi Bianciotto
Ignasi Fortuny
Roger Roca
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Hubo un tiempo en que Def Leppard reinó en el rock, que entonces era como decir la música en general: 20 millones de ejemplares de su cuarto álbum, ‘Hysteria’ (1987), los contemplan, con sus tonadas ‘king size’ y la descollante producción firmada por ese rey Midas llamado Robert John ‘Mutt’ Lange. Varios cambios de tendencias después, y metabolizadas algunas crisis de identidad, la banda resurge invocando sus raíces y tratando de dar lustre a su gramática de ‘riffs’, estribillos filo-pop y baladas melodramáticas.

Aunque Def Leppard se hizo grande en el mercado estadounidense, se trata de un grupo británico, de Sheffield, que dio señales de vida enredado en la New Wave of British Heavy Metal de los primerísimos años 80 y que siempre ha lucido un vago influjo de la escena setentera de las islas, la de Mott the Hoople, T. Rex o el David Bowie de la era ‘Ziggy Stardust’. Algo de ello se filtra en este álbum, empezando por su mismo título, alusión al clásico ‘Get it on’, del grupo de Marc Bolan: “You’ve got a hubcap diamond star halo”, dice la letra, al parecer un juego con lectura sexual. Ese “halo de estrella de diamante tapacubos” ya inspiró en su día uno de sus mayores éxitos, ‘Put some sugar on me’, según declararía el cantante, Joe Elliott.

Toque de Alison Krauss

Hay vestigios de la impronta glam en ‘Kick’, en funcional línea con el hard rock dinámico de ‘Take that you want’, ‘Fire it up’ y ‘Gimme a kiss’, temas que recuperan rebotes de la vieja chispa con sus estribillos y su gramática de guitarras (el doblete de Phil Collen y Vivian Campbell). Material que Def Leppard hace compatible con otros registros atendiendo a su idea de rock generalista y de amplios contornos. En el extremo más alejado, la delicada presencia de Alison Krauss en dos temas, incluido el sentido y filo-country ‘This guitar’ (no lejos de Bon Jovi).

En materia de ‘baladismo’, el grupo se aparta de aquellas fuentes cargando las tintas de un modo excesivo en ‘Goodbye for good this time’ y ‘Angels (can’t help you now)’, entre arreglos de cuerda y solos de guitarra peliculeros. Y buscando alimento en temas robustos y funcionales como ’Unbreakable’, al final emerge ese ‘From here to eternity’ tirando a épico, pero con sustancia, acaso suspirando por el espíritu del viejo ‘Bringin’ on the heartbreak’, de su segundo disco, ‘High’n’dry’ (1981).

Def Leppard dejó atrás hace mucho su edad de oro, que no va a volver con ‘Diamond star halos’, pero el álbum bien puede ser disfrutado por los veteranos que tiraron la toalla tras los intentos fallidos de renovación tipo ‘Slang’ (1996) y por neófitos que tiren del hilo de aquel rock de gran formato que un día se llevó los estadios por delante. ‘Arena rock’ quizá algo extemporáneo, ¿pero es eso relevante en el multifragmentado panorama musical de 2022? Jordi Bianciotto

Otros discos de la semana

La vida detrás de las cámaras en la industria del cine y la televisión sirve de tenue hilo conductor de esta brillante colección en la que el cantautor de Seattle muestra una vez más su asombrosa habilidad para construir sencillas canciones de belleza catedralicia con muy pocas herramientas: una guitarra acústica, un piano, un bajo, una batería (a veces), puntuales arreglos de cuerda y una voz herida pero esperanzada, como un Nick Drake que todavía no lo ha dado todo por perdido. Rafael Tapounet  

Meticulosas enredaderas melódicas, aura ensoñadora y ‘grooves’ tersos, deslizándose en un paisaje punteado por una voz con tendencia al susurro. ‘Emotional eternal’ es un disco en el que te podrías quedar a vivir, hecho de canciones esbeltas que invocan un mundo irreal, con órganos psicodélicos, aditivos exóticos (baglamá, el laúd turco) y resonancias antiguas: líneas de bajo y pianos con vistas a Serge Gainsbourg. La hermosa tercera obra de esta francesa del sur llamada Melody Prochet. J. B.

Cuando es alegre, es muy alegre. Cuando es triste, melancólica, lo es aún más. Hay un brío en la música del pianista surafricano Nduduzo Makhathini y su banda que es poco común. Luego está el estilo: es Monk y es Abdullah Ibrahim, jazz y música propia de Suráfrica -la armonía, el color de las melodías-, es Coltrane y es zulú. Pero por encima de todo, es música que habla de orgullo y dignidad, de reivindicar una cultura propia que ha sido perseguida y maltratada. Y quizás por eso suena tan viva. Roger Roca

Productor esencial del reguetón hecho en España en los últimos años, Kabasaki presenta un álbum en el que ha juntado multitud de voces de artistas que cultivan el perreo (veteranos como Kaydy Cain o La Mala Rodríguez y emergentes como La Pantera o Quevedo). El gaditano pone las bases en 'Temperatura', que cumple perfectamente su objetivo: el de ofrecer baile y fiesta ardiente. El 'single' 'Turbulencias' ya hacía presagiar un disco de altura, y así ha sido. Un disco que es una gran carta de presentación del perreo patrio. Ignasi Fortuny