Luto en la historieta

Max, Jordi Costa, Paco Roca y Emilio Bernárdez despiden a Miguel Gallardo

Miguel Gallardo, en su mesa de trabajo en 2013.

Miguel Gallardo, en su mesa de trabajo en 2013. / Mònica Tudela

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El Periódico

La muerte, a los 66 años, del dibujante Miguel Gallardo, figura fundamental de la historieta y la ilustración españolas de las últimas cuatro décadas, ha propiciado una rara unanimidad entre sus consternados compañeros de profesión, que han coincidido a la hora de valorar en los términos más elogiosos tanto la obra como la personalidad del artista leridano. A petición de EL PERIÓDICO, cuatro importantes referentes del sector -los dibujantes Max y Paco Roca, el teórico Jordi Costa (jefe del departamento de Exposiciones del CCCB) y el editor Emilio Bernárdez (editor de La Cúpula e histórico de 'El Víbora')- glosan la figura y el legado del coautor de 'Makoki'.

Max: "De quien más aprendí, fue de Miguel"

De los dibujantes de ‘El Víbora’, Gallardo es con quien he mantenido una amistad continua. Allí aprendíamos los unos de los otros, pero yo, de quien más aprendí, fue de Miguel. Muchos días iba a su casa, donde vivía con Juanito Mediavilla, y veía cómo trabajaba. Había dibujado mucho más que yo y sabía de cómic mucho más. Me fijaba en cómo hacía guiones y cómo dibujaba con esa gestualidad y expresividad. Tenía un don innato para ello. También era envidiable su capacidad para la autoironía y la autoparodia, para tocar los temas más duros con naturalidad y buen humor. Es lo que más admiro. Ese don para mirar el mundo y explicarlo bajo ese prisma suyo. Es curioso, hemos tenido carreras paralelas: nos abrimos profesionalmente más allá de ‘El Víbora’, acabamos viviendo de la ilustración y obtuvimos reconocimiento profesional. Pero para mí siempre será un referente. Me siento muy cerca de él porque compartimos admiración por cuatro influencias artísticas: los dibujos animados antiguos, el cómic ‘underground’ estadounidense, la línea clara europea y los tebeos de Bruguera.

De izquierda a derecha, Max, Jordi Costa, Paco Roca y Emilio Bernárdez.

/ EPC

Jordi Costa: "Un hermano mayor contracultural"

Desde que, siendo un pipiolo, tuve la inconsciencia de llamar a las puertas de 'El Víbora', no puedo evitar sentir a Gallardo y Mediavilla como mis hermanos mayores. Con Makoki y los demás pude pasar, de manera más natural de lo que podría parecer, de una educación brugueriana a una adolescencia bajo el visceral influjo de la línea chunga, una edad intoxicada por la jerga 'argótica' de Juanito y la generosidad gráfica de Miguel. Imposible descifrar la modernidad barcelonesa de los 80 sin recurrir a 'Pepito Magefesa', la gran obra en solitario de Gallardo, que abriría una virtuosa rama multirreferencial y posmoderna, que, con el tiempo, estallaría en los delirios Technicolor de 'Perro Nick' y su exposición 'Pulp Art'. Como buen hermano mayor, Gallardo fue pirotecnia vitalista que acabó cuajando en sabiduría: después de 'María y yo' quedó claro que bastaban un lápiz, una mirada y un gran amor (paternofilial, en su caso) para explicarse, explicarnos y explicar el mundo. Nunca te irás, Miguel.

Paco Roca: "Un autor en constante reinvención"

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Siempre he sentido una gran admiración por Miguel Gallardo, tanto por su faceta como ilustrador como por la de autor de cómics. Siempre me pareció un autor en constante reinvención, alguien que afrontaba ambas disciplinas de una forma irreverente, sin dogmas y desplegando un gran sentido del humor. Tuve la suerte de que esa admiración por él se convirtiera en amistad a partir del momento en que la prensa unió su cómic ‘María y yo’, sobre el autismo, con el mío ‘Arrugas’, sobre el Alzheimer. Entonces nos vimos unidos en giras, en charlas, en obsequios absurdos del ayuntamiento de turno y en despistes. De todo aquello nació un cómic hecho a cuatro manos, ‘Emotional World Tour’, que fue un gran fracaso editorial del que mucho hemos bromeado, pero que forjó una amistad que ha durado hasta este lunes. Sé que voy a echar mucho de menos sus cómics llenos de humanidad, y sobre todo el poder sentarme con él en la terraza de cualquier bar a contarnos nuestros últimos despistes.

Emilio Bernárdez. "Ayudaba a todos los jóvenes dibujantes"

Solo puedo pensar en la suerte que he tenido de conocerlo. Cómo en aquellos años de ‘El Víbora’ y el ‘underground’ sentía que éramos como los cuatro mosqueteros: Felipe Borrallo, Juanito Mediavilla, él y yo. No paran de venirme ráfagas de recuerdos de él y todos son buenos. Cómo me reía de él cuando a los 30 años le empezaron a salir las canas, o cómo se querían él y Juanito. Era muy solidario. Ayudaba a todos los jóvenes dibujantes que le pedían consejo. Toda la profesión le quería muchísimo. Cuando nació María y las cosas se pusieron difíciles, él se puso del lado de su hija. Y sé que estos dos años ha descubierto su amor por los animales, por su perrita Cala. Cuando le propuse reeditar ‘Los sueños del Niñato’ le entusiasmó la idea, pero al saber que no podrá salir antes de final de año se puso triste. Sabía que no llegaría. He estado viendo una entrevista que grabó para 'El Víbora para supervivientes’ y verlo allí, tan lúcido, tan alegre… Me ha dado paz verle tan vivo. Es así como quiero recordarlo.