Entrevista

David Jiménez Torres: “Hay algo vergonzoso en no dormir bien”

"Yo creo que hay una idea cultural muy fuerte de que el sueño está ligado a la buena o a la mala conciencia", explica el escritor, autor del libro 'El mal dormir'

David Jiménez Torres: “Hay algo vergonzoso en no dormir bien”
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Juan Cruz
Juan Cruz

Periodista y escritor.

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David Jiménez Torres (Madrid, 1986), profesor, escritor, periodista, autor de Nuestro hombre en Londres, sobre Ramiro de Maeztu, otros ensayos como El país en la niebla y La crisis que cambió España, además de la novela Cambridge en mitad de la noche, lleva años durmiendo mal. Consecuencia de esa realidad insomne que marca su vida es este libro, El mal dormir (Libros del Asteroide), que subtitula Un ensayo sobre el sueño, la vigilia y el cansancio. A la hora en que quedamos, las once de la mañana, ya empieza a llevarse bien con el día que le espera.

¿A qué llamaría dormir bien?

Pues para mí dormir bien sería levantarte y comprobar que has dormido ocho horas, te sientes completamente descansado y te dispones a disfrutar la mañana.

¿Tarda en despertarse?

En términos de tiempo, no. Lo que pasa es que sí que siento que mi cerebro no empieza a estar despierto hasta ya bien entrada la mañana. Y esa es una de las sensaciones del maldormir. Para mí despertar es el momento en que empiezo a sentirme en pleno uso de mis facultades, y eso no ocurre al levantarme.

Decía Kafka que el momento más arriesgado del día es al despertar.

Él sabía de lo que hablaba, era un maldurmiente crónico. Pero es interesante porque sus problemas de sueño se convierten en su lírica. Mezcla bien la idea de la confusión de la noche con el peligro del día. Todos los protagonistas de su obra están amenazados por algo que ocurre en ese periodo del día. Algo los amenaza en la mañana hostil, pero no saben bien qué es.

En mi primer trabajo de profesor evitaba a mis compañeros porque me sentía destruido y no quería que me vieran así"

¿Cómo ha vivido la carencia de sueño en la vida cotidiana?

Tengo la experiencia de sentir que hay algo vergonzoso en no dormir bien, sobre todo en la vida adulta. Es como si siguieses enganchado a ritmos de la adolescencia. Y eso me ha llevado muchas veces a sentir el síndrome del impostor, a no hablar de ello, a vestirme muy formal para no parecer un zombi, a decir: ¿qué pensarán los demás de mí al verme con ojeras? Recuerdo que en mi primer trabajo de profesor evitaba a mis compañeros porque me sentía destruido y no quería que me vieran así.

¿Le da pena de usted cuando no duerme?

Intento no caer en la autocompasión, pero sí me embarga una profunda frustración ante la arbitrariedad de la vida: por qué unos tanto y otros tan poco, por qué unos duermen mucho, o duermen bien, y otros muy poco. A lo mejor tu pareja duerme perfectamente y tú no. Y eres incapaz de identificar el por qué. Y siempre será así. Llega un momento en el que hasta tu pareja intenta evitar el tema.

Quizá por miedo, ¿no?

Quizá. De hecho, hay gente que me ha dicho que prefiere no leer el libro por si llega a sentirse identificado en algo o, incluso, por si llega a contagiarse de insomnio, jajaja. Es que creo que tenemos cierta idea mágica del sueño, creer que mágicamente se desvanezca.

También hay un prestigio del que no duerme, ¿no?

Sí. Ocurrió con la leyenda de la lucecita encendida en El Pardo durante el franquismo. La idea de que el dictador estaba ahí siempre, trabajando para levantar a España. Se piensa que quien lo hace es porque es muy trabajador. Pero no siempre es por eso.

¿Se puede adquirir la costumbre de no dormir?

En general, los maldurmientes convivimos con eso y, simplemente, vamos tirando. Pero depende de tu temperamento: puedes ser más estoico o más quejumbroso. Mi madre, por ejemplo, es más estoica con su falta de sueño.

Su madre, por cierto, es la única entrevistada del libro.

Sí. Es que ella es un ejemplo de eso. Y yo no. Bueno, por eso he escrito el libro [risas]. Es raro el maldurmiente que no es consciente de ello, pero es eso: hay quien decide expresarlo y hay quien no.

David Jiménez Torres, la mañana de la entrevista.

/ José Luis Roca

¿Hay una relación entre la maldad y el insomnio? En las películas, los malos son malos todo el rato. Siempre vigorosos.

Yo creo que hay una idea cultural muy fuerte de que el sueño está ligado a la buena o a la mala conciencia. Te dicen que si no duermes es porque no tienes la conciencia tranquila. Se cree en la conexión entre pecado y mal sueño. Esa imagen no se corresponde con la realidad. El maldormir simplemente ocurre. No es un castigo divino, es lo que te ha tocado.

Existe la bella durmiente, pero no la bella insomne.

Hay cierto prestigio del creador, generalmente masculino, que trabaja de noche: el poeta, el compositor… entregado a su inspiración.

Pero lo que digo es que en la literatura no existe el guapo insomne.

Bueno, ahí está Drácula.

Y Sherezade.

También. Y mira la serie de Crepúsculo: el vampiro pálido guapo.

Dice en el libro: “el insomnio puede destruir la vida de una persona.

Sí, es así. La gente con insomnio crónico realmente no puede llevar una vida normal y necesita un tratamiento. Yo, por ejemplo, sólo soy un maldurmiente. Yo estoy casado, tengo una hija, riego las plantas… es decir: llevo una vida más o menos normal. Pero sí tengo miedo a caer en algo así y que mi vida se trastoque y tener que llevar un tratamiento médico.

La hiperactividad mental llega a ser angustiosa [...]. Por eso propongo que hagamos las paces con nuestra mente, que aceptemos que se va a comportar así en la vigilia"

Hay una amenaza que vive el insomne. Las palabras irrumpen en cuanto apagamos la luz, dice. La culpa habita en el insomnio.

Sí, la culpa, la angustia, la sensación de las oportunidades perdidas. La hiperactividad mental llega a ser angustiosa. Hay muchas técnicas de meditación para parar eso, pero yo creo que exige una disciplina mental muy fuerte que, al menos a mí, me ha sido imposible alcanzar. Por eso en el libro propongo que hagamos las paces con nuestra mente, que aceptemos que nuestra mente se va a comportar así en la vigilia.

Dice también que el insomnio puede ser el lado oscuro de la modernidad.

Esta es una tesis muy extendida y que me resulta muy sugerente. Parto de que el desarrollo tecnológico va mermando nuestro descanso. Me refiero a la luz artificial y a los horarios de sueño. La industrialización nos ha impuesto dormir ocho horas y eso es algo que no ocurría antes. Pero también la modernidad nos ha ayudado mucho: hoy tenemos unos colchones maravillosos y habitaciones higiénicas, sin mucha gente e, incluso, sin animales alrededor...

Cita a Cioran: “en el insomnio, el tiempo es tu enemigo.”

Sí, él era insomne crónico, por cierto. Y tiene toda la razón en el sentido de que no hay nadie más consciente del paso de los segundos y los minutos y las horas mientras no se duerme.

¿Y el exceso de trabajo no provoca el sueño?

Una experiencia común es estar muy cansado y no lograr dormirte. Nuestro cansancio de antes era físico, y eso quizás sí induzca más el sueño, y nuestro cansancio de ahora es mental, de haber contestado muchos correos o ver constantemente las pantallas, las redes sociales… Aunque nada de esto es universal. Conozco a gente muy activa en redes sociales y que está todo el día trabajando ante el ordenador que duerme bien.

Dice también: “estamos cansados, pero no nos hemos vuelto malas personas.”

Es en el contexto de las personas con quienes compartimos la cama. Esa enorme sensación de separación y cómo por la mañana el maldurmiente es más irascible. Pasa con la pareja o en el trabajo. Y luego entras en la culpa: qué culpa tienen los demás de mi maldormir. Y esa culpa te hace rectificar porque no eres mala persona.

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Es que este país es un país insomne.

Antes teníamos dos tramos para dormir: por la noche y la siesta. En Grecia hicieron un estudio de las consecuencias de abandonar la siesta y vieron que repercutía en la propensión de enfermedades cardiovasculares o en el cáncer. Es decir: el abandono forzado de la siesta por cambios laborales ha sido más destructivo. Por eso digo en el libro que deberíamos ir hacia una mayor flexibilidad horaria. Pero, claro, los supermercados tienen que estar siempre abiertos, los repartidores tienen que estar disponibles… Pero habría que pensar más allá del consumidor.