Crítica de cine

Crítica de 'Muerte en el Nilo': las reglas de Hércules Poirot

En esta nueva adaptación del clásico de Agatha Christie, Branagh se lo pasa en grande resolviendo con pericia (delante y detrás de la cámara) un juego especulativo con las raíces del suspense y la intriga

Kenneth Branagh, como Hércules Poirot en una imagen de 'Muerte en el Nilo'

Kenneth Branagh, como Hércules Poirot en una imagen de 'Muerte en el Nilo' / 20th Century Studios

Quim Casas

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Aunque al final de ‘Asesinato en el Oriente Express’, la anterior película de Kenneth Branagh con el director irlandés interpretando también el papel de Hércules Poirot, ya se anunciaba que el famoso detective urdido por Agatha Christie volvería con un nuevo filme, ‘Muerte en el Nilo’, el gran éxito comercial de la primera ha hecho viable la realización de la segunda. Branagh y su equipo, idéntico al del anterior filme, realizan unos pocos cambios respecto a la novela, sobre todo aquellos que afectan a la experiencia bélica de Poirot en la primera guerra mundial, la razón por la que se dejó su curioso bigote y algunos rasgos pedantes y megalómanos del personaje, pero el resto respeta al pie de la letra la métrica, los giros, las confusiones, las falsas pistas y la resolución del original de Christie.

 ‘Muerte en el Nilo’ guarda escasa relación con ‘Belfast’, la otra película de Branagh estrenada hace tres semanas. Aquella es más personal, autobiográfica. Esta es un juego especulativo con las raíces del suspense y la intriga clásicos, una especie de divertimento frente a la cámara –el actor parece pasárselo en grande dando vida a Poirot– resuelto detrás de ella con pericia y aprovechamiento de espacios y escenarios. Branagh lo fía todo al texto y a la quizá remota posibilidad de que un buen número de espectadores de la película no conozcan o recuerden el desenlace de la historia.