Música en directo

Tres festivales catalanes planean tener decenas de miles de asistentes este verano

Cruïlla, Canet Rock y el Vida Festival trabajan para poder acoger las cifras de público de antes de la pandemia aplicando las pautas del concierto de Love of Lesbian en el Palau Sant Jordi

Ambiente en el festival Primavera Sound, en 2015.

Ambiente en el festival Primavera Sound, en 2015. / Ferran Sendra

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El verano de 2021 no será el de la aparatosa remontada por la que los promotores suspiraban meses atrás, porque la vacunación no llega a tiempo para tantas fiestas. Pero la caída paulatina de los números pandémicos permite dibujar, hoy por hoy, una temporada de citas al aire libre muy crecida respecto a la anterior, la del gran trauma. Junto a la avalancha de festivales de ciclo (formato pequeño-medio), elevando aforos y centrándose en los artistas autóctonos (aunque abriendo la puerta a un goteo de artistas internacionales), la gran novedad respecto al año pasado la traen tres muestras de tamaño mayor (Cruïlla, Canet Rock y Vida Festival), que trabajan para poder reunir público abundante, como antes, aplicando las pautas del concierto de Love of Lesbian en el Palau Sant Jordi.

El paisaje sigue siendo inestable, y los promotores tratan de apañárselas para cerrar sus programaciones sabiendo que dejan en el aire puntos de fuga, protocolos pendientes de la validación última por parte del Procicat. Pero las agendas se van llenando y se perfilan los nombres que dominarán los escenarios a lomos del rampante circuito de festivales de ciclo, o ‘boutique’: ahí estarán, señoreando los escenarios, desde los propios Love of Lesbian a Estopa, Manel, Sopa de Cabra, La Oreja de Van Gogh, Rozalén, Rosario, Fangoria, Antonio Orozco, Maria Arnal i Marcel Bagés o artistas extranjeros residentes en España, como el libanés Ara Malikian o la argentina Nathy Peluso.

Muestras de ciclo crecidas

La mayoría de estos escaparates de ciclo, de Pedralbes a Cap Roig pasando por las Nits del Fòrum, el Cruïlla XXS, el Festival de Cambrils, Arts d’Estiu (Pineda), Jardins Terramar (Sitges), Som de Mar (Lloret), Sons del Món (Roses), Peralada o Porta Ferrada (Sant Feliu de Guíxols), seguirán el molde del año pasado: asientos distanciados y mascarillas. Pero la Generalitat ha confirmado este viernes que a partir del 24 de mayo los aforos se redoblarán, rompiendo el techo del millar de asistentes y trepando hasta los 3.000. A esa dirección apuntaban ya días atrás los conciertos anunciados por el Ayuntamiento de Barcelona (subvencionados a promotoras privadas) en el Fòrum y la Anella Olímpica. Algunos artistas internacionales salpican los carteles de estos festivales, como Passenger (Cap Roig) o Ben Harper (Porta Ferrada), mención aparte para el Grec, que cuenta con figuras como Omara Portuondo.

Los promotores van dando “pasitos, poco a poco”, ilustra Albert Salmerón, presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), que anhela poder operar con esos números. “Es lo más razonable”, considera, subrayando que “este verano tendremos un nivel de vacunación muy alto, cuando hace un año no podíamos ni imaginarlo”.

El ejemplo del Sant Jordi

El cambio más notorio respecto a 2020 es la apuesta de las muestras de mayor tamaño que trabajan para adaptar el ‘modus operandi’ del concierto en el Palau Sant Jordi, asentado en el test de antígenos, y poder así juntar público mucho más multitudinario sin distancias (y con mascarillas). Ahí están el Vida Festival (del 1 al 3 de julio en Vilanova i la Geltrú), Canet Rock (3 de julio) y el Cruïlla (8-10 de julio, Parc del Fòrum). Para estas muestras, el test es la única oportunidad de operar este verano, dadas las cifras de público que manejan: 10.000 personas al día en el Vida, 22.000 en la jornada única de Canet y 25.000 diarios en el Cruïlla.

Para Dani Poveda, director del Vida Festival, la fórmula del Sant Jordi, tutelada por la Fundació Lluita contra la Sida i les Malalties Infeccioses y el Hospital Germans Trias i Pujol, es “la idónea”, ya que ha demostrado que no genera supertransmisión”. El festival está, asegura, “preparado para aplicar esas mismas medidas con evoluciones mejoradas”, y vislumbra un dispositivo de tests para todos los asistentes (también los vacunados) y un recinto sin sectorialización, acogiéndose a su gran superficie, con una capacidad potencial (nunca trasladada a la práctica) de 30.000 personas. Caídos por ahora los fichajes internacionales del 2020, encabezan el cartel del Vida de este año Vetusta Morla, Nathy Peluso y Love of Lesbian.

Barras alejadas

Estos festivales trabajan con las administraciones y la Fundació para establecer testeos con horarios escalonados. Muchos son los quebraderos de cabeza: el alejamiento de las barras respecto a la zona de los conciertos, que puede comportar un descenso del consumo de bebidas (y de la facturación). “Es un año muy complicado, pero valdrá la pena”, suspira Gemma Recoder, directora de Canet Rock, determinada porque “todo es preferible a no celebrar el festival”. La muestra del icónico Pla d’en Sala mantiene su lema ofreciendo a su joven público conciertos “fins que surti el sol”, y su cartel cuenta con artistas como Stay Homas, Oques Grasses o Suu.

El Cruïlla es el festival que trabaja con cifras de público más abultadas y lo hace, más difícil todavía, contando con nombres internacionales como Editors, Two Door Cinema Club y Morcheeba. Estos artistas planean venir en visitas exprés, en algún caso compaginadas con breves incursiones en escenarios de países como Francia o Hungría, pero sin que se trate de giras europeas con todas las letras.

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Queda pendiente de concreción, en estas tres muestras, ver quién asumirá el coste del dispositivo de los tests, incluyendo el despliegue de sanitarios. En el Vida dicen trabajar para no trasladarlo al público, y como en el Cruïlla y en Canet, mantienen conversaciones al respecto con las administraciones. El coste del operativo equivale a unos doce euros por asistente y día, y habrá que ver quién, o quiénes, lo asumen. Sea como sea, todo ello representa un paso adelante viniendo de donde venimos,  hace notar Albert Salmerón, para quien el modelo del test de antígenos “es un camino a seguir” mientras la vacuna no se generalice. Porque, cuando llegue ese día, entendemos que pasará a la historia. “Pero habrá sido útil para este período transitorio, para no tener que esperar un año más”.